De Gaulle acerca a Londres y París

Homenaje al general galo a los 70 años de su llamada a la resistencia antinazi

ÍÑIGO GURRUCHAGA CORRESPONSALLONDRES.
Los matrimonios Cameron y Sarkozy posan a las puertas del número 10 de Downing Street. ::
                             AFP/
Los matrimonios Cameron y Sarkozy posan a las puertas del número 10 de Downing Street. :: AFP

Charles de Gaulle era técnicamente un general desertor cuando una avioneta enviada por Winston Churchill le trasladó a Londres desde Burdeos. Era el 17 de junio de 1940 y su maestro, el mariscal Pétain, se disponía a negociar un armisticio con los Gobiernos alemán e italiano. De Gaulle, que había batallado al mando de su regimiento contra el Ejército germano en la I Guerra Mundial, tenía en Churchill un interlocutor receptivo. Al líder británico le pareció una buena idea la que el francés tenía en mente: dirigirse a sus compatriotas a través de la BBC. Lo hizo al día siguiente y el septuagésimo aniversario de ese discurso ha adquirido este año el aire de una conmemoración importante, porque es conveniente para los Gobiernos de Londres y París fomentar la idea de su cooperación en la Europa y el mundo de hoy.

El discurso de De Gaulle fue oído por muy pocos en Francia, pero se publicó en algunos diarios regionales y corrió la voz. Fue un llamamiento a la resistencia frente al invasor, en el que el futuro líder galo invocaba la libertad pero sobre todo al honor de la patria y al sentido común de no aliarse con alemanes e italianos en una guerra que él ya vaticinaba como mundial.

De Gaulle sorprendió a la BBC anunciando en su discurso, declamado con la solemnidad engolada que sería su estilo como presidente de la V República, que pronunciaría otro al día siguiente, sin avisar previamente a la radio británica sobre sus planes. Pronunció un tercero el 22 de junio.

Inquietud en los aliados

Más críticos con Pétain fueron las sucesivos alocuciones de De Gaulle y más preocupación crearon en la Administración británica, que no sentía hacia el general francés la misma simpatía inicial que mostró Churchill. A los diplomáticos y militares de Reino Unido les preocupaba que la flota gala cayese en manos de las fuerzas de Hitler, lo que dificultaría enormemente la batalla naval previsible. Temían que el apoyo de Londres al luego primer mandatario de Francia debilitase aún más las condiciones del armisticio, que incluían la neutralidad de la flota.

Incluso así, diez días después del último llamamiento de De Gaulle a «la 'résistance'», la Armada británica destruyó buena parte de la francesa en aguas de Argelia. Fue el primer episodio de una relación difícil entre los aliados en Londres y el líder de la Francia Libre.

El presidente francés, Nicolas Sarkozy, habló ayer en su discurso de la hermandad entre los dos países en los momentos más difíciles de Europa, y el 'premier' británico, David Cameron, que ha heredado con gusto del anterior Gobierno laborista los planes de esta conmemoración, marcó también el terreno para la nueva 'entente cordial' franco-británica, que contempla, además de las desavenencias habituales sobre la dirección de la UE, el reforzamiento de la colaboración militar.

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