Tres trabajadores de Osakidetza sufren agresiones de pacientes cada semana

Los episodios violentos crecieron un 14% al registrarse 155 ataques el año pasado en la red pública vasca

CARMEN BARREIROSAN SEBASTIÁN.
Tres trabajadores de Osakidetza sufren agresiones de pacientes cada semana

Dos pacientes acaban de ser condenados a pagar una multa de 3.260 euros por romperle un dedo a un celador y tirar al suelo a una auxiliar de enfermería en el Hospital Donostia. La sentencia fue conocida después de que se hiciese público en abril un fallo sin precedentes, que impuso un año de cárcel a una mujer que propinó un puñetazo a una celadora en el hospital de Txagorritxu. Médicos, enfermeras y auxiliares se enfrentan cada día a más situaciones de riesgo por el incremento de episodios violentos en la red sanitaria pública de Euskadi. Los datos oficiales del Gobierno Vasco confirman esa tendencia ascendente. El pasado año se contabilizaron 155 agresiones -una media de tres a la semana-, lo que representa un aumento del 14% respecto al ejercicio anterior, en el que se registraron 134 ataques al personal de Osakidetza.

«El volumen de casos guarda una estrecha relación con la actividad del servicio de urgencias, el tamaño del centro y la atención a pacientes psiquiátricos», explican fuentes del Servicio Vasco de Salud. El propio consejero de Sanidad aseguró que el incremento de las agresiones también incide en la tasa de absentismo del Servicio Vasco de Salud, cifrada en un 10%. Rafael Bengoa reconoció que algunos profesionales «temen» acudir a su puesto de trabajo ante la posibilidad de sufrir una agresión por parte de los pacientes o sus familiares. «Los datos serían todavía más alarmantes si los profesionales denunciasen todos los ataques que realmente sufren», advierten los sindicatos. El personal sanitario tiene dieciséis veces más probabilidades de sufrir un episodio violento que cualquier otro trabajador.

Enfermeras y auxiliares

Enfermeras y auxiliares son el colectivo más vulnerable dentro del conjunto de profesionales que trabajan en la sanidad al «tener un contacto más estrecho y prolongado con los usuarios» que acuden a los centros de la red pública. Pero también por ser mujeres. Los agresores tienen menos remilgos a la hora de enfrentarse a una trabajadora que a un hombre. Tres de cada cinco episodios violentos registrados el año pasado en hospitales y ambulatorios de Osakidetza tuvieron como víctima a una auxiliar (59) o una enfermera (40). En el caso de los médicos, más de la mitad reconoce haber recibido amenazas en sus respectivos centros de trabajo, mientras que al menos uno de cada diez ha sido víctima de una agresión en algún momento de su trayectoria profesional. Los facultativos pidieron en 2008 el amparo de la fiscalía para poner freno a las continuas agresiones que sufren los profesionales. Lo que ocurre es que el acuerdo sólo cubre a los médicos.

Los hospitales de Donostia y Basurto registraron el mayor índice de violencia en el trabajo al contabilizar cerca de una treintena de agresiones el año pasado. En ambos casos, destaca la cantidad de ataques sufridos por las auxiliares de enfermería. El centro guipuzcoano tramitó 14 denuncias -ocho más que el año anterior-, mientras que el complejo bilbaíno llegó a triplicar el número de ataques a este colectivo al pasar de cinco a quince demandas. Nada que ver con Txagorritxu donde sólo se denunció una agresión. Cruces también ha logrado mantener a raya el repunte de actos violentos pese a ser el hospital con mayor volumen de usuarios de toda la comunidad autónoma. El centro vizcaíno tramitó un total de nueve demandas.

Además de la escalada de agresiones -más de la mitad de las denuncias por ataques en el trabajo pertenecen al colectivo sanitario-, resulta llamativo el incremento experimentado por los llamados incidentes que sufren los trabajadores, ya sean insultos, amenazas, coacciones o gestos despectivos; 240 el año pasado. Los motivos para enfrentarse a un sanitario son múltiples. «Unas veces pierden la paciencia y no aceptan las explicaciones o el diagnóstico que se les facilita, mientras que en otras ocasiones se enfadan porque entienden que la información que se les transmite es insuficiente o simplemente porque reclaman una prueba», coinciden los responsables de Salud Laboral de las diferentes centrales sindicales.

Protocolo de Agresiones

Desde que Osakidetza implantó el Protocolo de Agresiones a finales de 2006, sus servicios jurídicos han tramitado un total de 42 denuncias, prácticamente la mitad el año pasado. «En los casos en los que se considere que los hechos son constitutivos de infracción se procederá a interponer la correspondiente denuncia. Si por el contrario no lo fueran, el procedimiento sería archivado como una incidencia», explicaron fuentes de Osakidetza. No obstante, sindicatos como Satse reclaman que sea el propio Servicio Vasco de Salud el que se persone en el juicio para «evitar todo tipo de relación entre agresor y víctima».

El incremento del número de agresiones llevado a que muchos de los profesionales que desarrollan su labor en unidades conflictivas reciban cursos de formación para aprender a manejarse en situaciones de riesgo y no quedar a expensas del agresor. Los instructores enseñan a médicos, enfermeras, auxiliares y psicólogos de Osakidetza un sistema específico de autoprotección integral. Se trata de que sepan cómo prevenir y afrontar todo tipo de situaciones peligrosas que pongan en riesgo su integridad física «sin bloquearse ni llegar a las manos». No es lo mismo trabajar de enfermera en un hospital psiquiátrico que ser médico en un ambulatorio. Las situaciones a las que se enfrentan son diferentes y los métodos de defensa que deben utilizar también», explica Álex Esteve, profesor de los cursos.

Además, los médicos de Osakidetza cuentan con un sistema para rebajar el número de agresiones en los ambulatorios. Se trata del llamado botón del pánico. Pinchar un símbolo en la pantalla del ordenador puede evitar una situación conflictiva. El Servicio Vasco de Salud ha implantado este dispositivo en 954 terminales -la mayoría en ambulatorios guipuzcoanos- para alertar de que un compañero está siendo amenazado por un usuario.

El sindicato Satse lleva años insistiendo en la necesidad de crear la figura del 'comunicador' en todos los servicios de urgencias y zonas de quirófanos para reducir el nivel de angustia de los familiares y en consecuencia rebajar el ambiente de hostilidad generado por la falta de información.

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