David Arroyo, estirpe castellana en clave rosa

Ha subido al podio como segundo clasificado tras una carrera en la que se ha movido con maestría

BENITO URRABURUSAN SEBASTIÁN.

Eusebio Unzue o, lo que es lo mismo, o casi igual, Neil Stephens y José Luis Jaimerena siempre cuentan en los equipos que presentan en las carreras de tres semanas con dos hombres que pueden hacer una buena general. En el Giro tenían a Marzio Bruseghin y a David Arroyo. Se quedaron sin el italiano, enfermo, muy pronto y David Arroyo les cargó de razones en la etapa que finalizó en L'Aquila para coger unas responsabilidades que le llevaron a portar la maglia rosa, primero, y a ser segundo en el Giro, finalmente.

El manchego (30 años, Talavera de la Reina) ha sido una sorpresa, pero lo cierto es que ya había sido décimo y undécimo en la general de la prueba italiana en 2009 y en 2007, respectivamente. Acostumbrado a trabajar para Valverde o para Luis León Sánchez, Arroyo no ha desaprovechado la ocasión de darse a conocer a nivel mundial.

Estuvo dos años en el campo aficionado, con Aguas de Mondariz y el Saunier Duval, fue campeón de España y lo fichó la Once, donde estuvo tres años. Las diferencias entre su mánager de entonces -el mismo de ahora- y Manuel Saiz le llevaron al ciclismo portugués, a LA Pecol. Fue segundo en la Vuelta a Portugal y ganó dos etapas, lo que le valió para fichar por el Caisse d'Epargne.

Estaba más que contento con su segundo puesto en un Giro del que dice que «se ha corrido al ataque, sin que nadie quisiera ir a la defensiva para mantener lo que ya tenía. Se ha visto un ciclismo espectacular con etapas durísimas como la del barro en Montalcino, la de la fuga de L'Aquila o el paso por los Dolomitas». Para Arroyo, la última semana ha sido «la más bonita desde que soy profesional. He estado cerca de ser primero, estuve muy próximo a Basso en el descenso del Mortirolo. Pero hay que reconocer que Liquigas y Basso ha sido los más fuertes».

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