Pintxos, bares, música y educación

OIER FANO

La Parte Vieja, Amara fueron el epicentro de la fiesta del rugby durante el fin de semana. Ni un solo incidente, camaradería, buen rollo... La noche del sábado fue una maravilla. Los irlandeses que pernoctaron en Donostia se mezclaron entre la gente y demostraron que en lo que a beber cerveza se refiere, no tienen rival.

Se interesaron por los horarios de los bares, y aunque a muchos les asombró -y evidentemente les gustó- que los pubs cerraran a las tres y media, la noticia les pilló a contrapié. Muchos habían comenzado la víspera del partido a horas tempranas y la noche podía hacerse demasiado larga.

Hoy es fiesta nacional en Irlanda y todavía se verán camisetas de la armada roja de Munster -aunque ayer jugara de azul-, apurando los últimos pintxos, que a tenor de lo comentado con varios aficionados en el descanso del partido, fue lo que triunfó.

La carpa Heineken ubicada al lado del estadio juntó a ambas aficiones, eufóricas por estar a punto de presenciar una semifinal de Copa de Europa, al igual que la del Bera Bera. Los cánticos se sucedieron. Nos sorprendió escuchar la melodía del Fields of Anfield Road del Liverpool. Cambiaba parte de la letra, pero causaba la misma sensación. La afición donostiarra apoyó, como es lógico, a Biarritz en la grada. Pero fuera, todos secundaban los gritos de los irlandeses. Y es que ya lo decía Clint Eastwood en Million dollar baby. «Todo el mundo quiere ser irlandés». Aquella película cuya protagonista, boxeadora, llevaba en su batín un nombre en gaélico, 'Mo cuisle' (mi sangre).