Biarritz tiró de oficio y está en la final

Seis golpes de Yachvili contrarrestaron el ensayo inicial de Munster. El conjunto biarrot se medirá en la final de París a Tolouse, un duelo que Anoeta vivió este año en el marco del Top 14

OIER FANOSAN SEBASTIÁN.
Portento. El ala de Zimbawe nacionalizado estadounidense Takudzwa Ngwenya es placado por Ronan O'Gara, con el diez a la espalda. ::                             FOTOS JOSÉ MARI LÓPEZ/
Portento. El ala de Zimbawe nacionalizado estadounidense Takudzwa Ngwenya es placado por Ronan O'Gara, con el diez a la espalda. :: FOTOS JOSÉ MARI LÓPEZ

Biarritz Olympique prolongó su idilio con Donostia y logró con oficio el pase a su segunda final de la Heineken Cup en un Anoeta abarrotado y ante un Munster cuya delantera hizo estragos en la primera parte, pero después perdió intensidad.

El partido comenzó con una intensidad táctica abrumadora. Una batalla que hizo olvidar la plasticidad del partido de cuartos de final en el que Biarritz y Ospreys ofrecieron un recital de juego a la mano. La delantera irlandesa era más fuerte, y Biarritz ni se asomaba a la línea de marca rival. Era como si percutieran contra un muro de hormigón. No hubo errores en los primeros compases, nadie quería ceder golpes de castigo porque ambas escuadras eran conscientes de que en las patadas a palos podía encontrarse el billete para la final de Saint Denis (París).

El conjunto vasco comenzó más lento, y los irlandeses no consiguieron traducir su superioridad con puntos. El zaguero Paul Warwick no pudo abrir el marcador tras un intento de drop .

Mediada la primera parte, el partido seguía por los mismos derroteros. Choque de delanteras, poco juego a la mano, intercambio de patadas para tratar de ganar terreno y Munster en campo biarrot.

En el minuto 19, el centro sudafricano de Munster Jean de Villiers fue placado por Benoit August cuando se iba a por el primer ensayo de la tarde. Los irlandeses se recompusieron en esta jugada y de nuevo pudieron abrir hueco, pero no hubo manera. La inferioridad en melé de Biarritz era suplida con arrojo en los instantes decisivos.

Flannery, estrella

Entonces surgió la figura del talonador Jerry Flannery, que como sí de un tres cuartos se tratara se zafó de un rival y comenzó a correr como un poseso hacia línea de marca. Le placaron pero ya había abierto hueco. El oval llegó a manos de Ronan O'Gara, a quien se le escapó de las manos cuando lo más sencillo parecía ensayar. El enfervorizado público irlandés, caballeroso y deportivo, se desesperó. Flannery, tras una intercepción, decidió postularse a tres cuartos aprovechando la audiencia millonaria del partido, y una gran ruptura suya fue crucial de cara a la consecución del primer ensayo.

Keith Earls fue el encargado de posar el balón en territorio enemigo, tras la gran jugada del talonador, secundada con varios pases hacia la izquierda obra de un fenomenal Alan Quinlan y un atento Donncha O'Callaghan. O' Gara transformó poniendo el 0-7 en el luminoso.

Yachvili, sobre la bocina que anunciaba el final de la primera parte, transformó el primer golpe concedido a los biarrots, y mantenía la intriga. Al descanso, 3-7.

Cambio de tornas

En la reanudación cambiaron las tornas. Se igualó la batalla de delanteras, Munster no fue tan efectivo y el medio melé Yachvili pasó un golpe nada más empezar (6-7).

Los irlandeses cometieron demasiados errores. El principal, uno obra del zaguero Paul Warwick, que decidió comenzar a correr fuera de su línea de veintidós y se quedó solo como un náufrago. La jugada derivó en un golpe por retención que ponía a Biarritz por delante en el marcador (9-7), con todo lo que ello implica en el estado anímico de un estadio abarrotado y con ganas de mambo.

De defender, a atacar...

Y es que entonces Munster tuvo que cambiar su juego defensivo y tratar de salir al ataque. Y ahí se le complicó la empresa, porque Biarritz supo aprovechar el cambio de planes.

Yachvili aprovechó la falta de disciplina de los irlandeses en su intento de recuperar el dominio en el marcador, y pasó tres nuevos golpes que dan a Biarritz el pase a la final del mayor torneo continental de clubes.

Después, ya saben. Celebración impresionante -toda la grada vestida de rojo; así, pero en azul y blanco, queremos ver Anoeta el día del ascenso o cada domingo, ¿por qué no?-, y Paquito el chocolatero sonando a tope mientras el conjunto vasco daba la vuelta de honor. Biarritz se medirá a Toulouse el próximo 22 en Saint Dennis. Ese partido, en el marco del Top 14, se jugó en marzo en Anoeta. De nuevo, un privilegio de tarde para la afición guipuzcoana.