La mitad de los niños no sigue con la catequesis tras la primera comunión

4.500 chavales, dos de cada tres niños de nueve años, comulgarán este mes en Gipuzkoa. «La preparación religiosa no termina con la primera comunión», recuerdan desde la Diócesis donostiarra

ARANTXA ALDAZ ALDAZ@DIARIOVASCO.COMSAN SEBASTIÁN.
Cada vez más familias optan por trajes «diferentes» como los que lucen Elena Hernández y Danel Arzak en Casa Rodríguez de Donostia. ::
                             FOTOS LUSA/
Cada vez más familias optan por trajes «diferentes» como los que lucen Elena Hernández y Danel Arzak en Casa Rodríguez de Donostia. :: FOTOS LUSA

Varias parroquias del Goierri darán el pistoletazo de salida este fin de semana al mes de las comuniones. 4.500 niños de nueve años comulgarán por primera vez en Gipuzkoa, una cifra que se mantiene en los últimos tres años, en contraste con el descenso de otros sacramentos como la Confirmación y el proceso de secularización en general de la sociedad. Dos de cada tres niños nacidos en 2001 en el territorio (6.171, según el Eustat) cumplirán con el rito para el que se han estado preparando durante tres cursos.

Pilar Iceta, responsable de catequesis de la Diócesis de San Sebastián, felicita a los niños y a los padres que han optado por esta celebración. Es el final de una etapa de «despertar religioso» iniciado a los seis años, en el primer curso de catequesis, «pero no la conclusión del aprendizaje religioso, que es algo para toda la vida y no termina a los nueve años», recuerda.

Las parroquias están haciendo «un esfuerzo» para mantener la adhesión de estos pequeños fieles ya que, más de la mitad (53%) abandona la catequesis después de recibir la primera comunión y, probablemente, no vuelva a tener un contacto con la Iglesia hasta que, años más tarde, decide casarse, si es que lo hace frente al altar.

Iceta acostumbra a tomar el pulso a cada curso para comprobar cuántas bajas se han producido de un año a otro. Los últimos datos orientativos se remontan al curso 2008-2009. La estadística reflejó lo que en cada parroquia ya venían observando hacía tiempo, que a partir de tercero de catequesis, después de hacer la primera comunión, los niños y los padres preferían dedicar su tiempo a otros menesteres que continuar con su preparación religiosa. Pero Iceta prefiere ver la botella medio llena y no medio vacía: «Que casi la mitad de los niños continúe en la catequesis no nos parece un mal dato estando en la sociedad en la que estamos. Jamás juzgamos las intenciones de las familias, si llevan a sus niños a catequesis por la fiesta o por un verdadero interés religioso. Pero yo creo que sí tienen en general una necesidad de trascendencia. Hay algo más que la fiesta. De lo contrario, los padres y los niños no estarían en las parroquias durante tres años, participando en las reuniones», asegura Iceta para quien, precisamente, ese contexto en principio desalentador concede «más valor» a la cifra de niños que este mes harán la primera comunión.

Con los padres

El cambio de costumbres, la desafección hacia la Iglesia, el descenso de niños en las parroquias que ahora parecer haberse frenado y la escasez de catequistas obligó hace varios años a la Diócesis a recomponer el esquema tradicional de la preparación religiosa. Si lo normal hace no más de una década era que los chavales acudiesen una vez a la semana -generalmente los sábados- a la parroquia para aprender a vivir la fe, ahora su presencia se limita a una o dos veces al mes, en función de cada iglesia, y en días laborales. «Lo que más se nota de este cambio es que los chavales vienen más cansados, porque es el final del día -cuenta Iceta, de la parroquia de San Martín Obispo de Donostia-. Por eso hay que preparar la tarde con muchas actividades, no como una clase más, porque no pondrán atención. Los materiales se han renovado para hacerlos más actuales. Por ejemplo, se ha potenciado lo audiovisual».

En ese proceso de reforma se concedió un papel más protagonista a los padres, ahora que también participan en la catequesis de sus hijos. «No servía de nada el mensaje de las parroquias si luego no era el mismo que el que los niños escuchaban en sus casas», explica Iceta. La experiencia que iniciaron hace dos décadas varias iglesias para acercar a los padres se extendió a toda la Diócesis hace unos siete años. «La catequesis parroquial familiar es muy gratificante -cuenta Iceta-, porque se crea una relación muy especial entre los padres, los catequistas y los niños». Padres y madres acuden una vez al mes a la parroquia para escuchar el mensaje religioso que luego trasladarán a sus hijos en casa. «Nosotros hemos querido darle esa formación a nuestra hija porque en el colegio al que va, que es público, no tienen la opción de elegir la asignatura de religión», cuenta un matrimonio donostiarra cuya hija de nueve años hará este mes la primera comunión. «Es de las pocas de clase», asegura su madre.

De cero a seis años

«Queremos dar la enhorabuena y las gracias a los padres por haber confiado en nosotros», indica Iceta, responsable de catequesis. «Buscamos el bien del niño, que la parroquia sea un referente en la fe», añade. Esa colaboración con la familia pretende además alentar a los padres para que sus hijos continúen su preparación religiosa más allá de la primera comunión.

Al mismo tiempo de hacer más atractiva la preparación religiosa después de la primera comunión, los responsables de catequesis quieren que su 'cantera' empiece a formarse antes del primer curso de catequesis. Para ello, las diócesis de Gipuzkoa, Vizcaya, Álava y Navarra han elaborado conjuntamente un material didáctico para los niños de entre cero y seis años, que tienen que trabajar los padres después del bautizo. «Hay que estar con los tiempos y saber hacer llegar el mensaje», afirma Iceta.