«Un niño de tres años pesa más que un contrabajo»

Las contrabajistas Mingo Rajandi y Luisa Brito culminan sus estudios en Musikene con un concierto hoy en el Branka de Donostia. Hay pocas mujeres instrumentistas de jazz. Luisa y Mingo lo son y lideran sendos grupos tras sus enormes contrabajos

MIKEL G. GURPEGUISAN SEBASTIÁN.
Mingo y Luisa, alumnas de Musikene, contrabajistas y líderes de dos formaciones jazzísticas. ::
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Mingo y Luisa, alumnas de Musikene, contrabajistas y líderes de dos formaciones jazzísticas. :: MIKEL

¿A cuántas contrabajistas mujeres conoce? La pregunta deja la mente en blanco incluso a los más melómanos. Algunos recordarán a la joven Esperanza Spalding, vocalista y contrabajista muy 'cool' que pasó por el Jazzaldia donostiarra de 2008. ¿Más nombres, alguna contrabajista que no cante? Final de tiempo. Cero respuestas acertadas.

Nadie, ni siquiera ellas, tiene una explicación convincente al hecho de que el mundo del jazz sea tan masculino, por no decir machista. Luisa Brito lo reconoce: «Es verdad que en general hay pocas mujeres en el jazz, pero nunca he entendido por qué. En las orquestas clásicas hay bastantes mujeres contrabajistas, pero en los grupos de jazz, no. En todo caso, hay más contrabajistas que Esperanza Spalding». Mingo Rajandi matiza con ironía: «No es que haya menos mujeres en el jazz, es que todas son cantantes. Será porque las cantantes de jazz tienen fama y la vida de los instrumentistas es diferente».

Mingo y Luisa han coincidido en las clases de contrabajo de jazz de Musikene. Son las primeras alumnas en femenino del profesor Gonzalo Tejada. En todo el departamento de jazz, además, sólo dos estudiantes de piano y unas cuantas de canto son chicas.

Luisa Brito, natural de Oporto y residente en Pamplona, no recuerda en qué momento tomó ese minoritario camino de hacerse contrabajista de jazz. «No fue una decisión de un momento sino algo que fue llegando poco a poco. Me gustaba mucho el sonido y el papel del instrumento». Mingo Rajandi, venida de Tallin, la capital de Estonia, llegó al contrabajo de una forma más singular. «Estaba estudiando para actriz y la primera vez que tuve un contrabajo entre las manos fue sin tocarlo de verdad, para un papel. Me encantó. Descarté ser actriz, pues no era lo suficientemente buena. De pronto, ya estaba dando clases de contrabajo. Y, de pronto, ya era profesional».

Los taxis no paran

Ambas se han visto seducidas por la sonoridad del más grave y grande de los instrumentos de cuerda. «Es parte del colchón. Si lo quitas, se nota», explica Luisa. «Sí -añade Mingo-, parece que nadie presta atención al contrabajo pero cuando te paras, todo saltan: ¿qué ha pasado?».

La propia presencia del contrabajo, con sus enormes dimensiones, resultan sugerentes. «Te da la sensación de abrazarlo. Parece un armario detrás del que te podrías esconder», apunta la portuguesa. «Es un punto de apoyo y al final es como si fuera otra parte de tu cuerpo», sostiene la estonia.

Moverse por la vida con un instrumento más alto que el propio instrumentista tiene su punto de incomodidad. Luisa Brito recuerda que «una vez estaba sin coche y al salir de un 'bolo' no conseguía que ningún taxi se parase. Parecía que les asustase el contrabajo». «Es que la vida del contrabajista sin coche es muy difícil», completa Mingo Rajandi. En todo caso, matiza que «el contrabajo es un instrumento voluminoso, aparatoso, pero no pesado. Un niño de tres años pesa más».

Adiós con el corazón

Para ellas, el concierto que compartirán hoy en el Branka donostiarra será especial. Por una parte, es una despedida. Mingo termina el semestre que ha pasado en Donostia con el programa de intercambio Erasmus. «He aprendido mucho de mis profesores, de los otros alumnos y de mí misma. Ha sido una buena experiencia». Será su última actuación entre nosotros, arropada por una amiga vocalista, Liisi Koikson, llegada especialmente para cantar temas compuestos por la propia Mingo en su idioma.

La próxima semana regresará a su país, donde espera seguir como instrumentista, a pesar de la crisis. «Hasta hace dos años, en Estonia era posible vivir como músico. Ahora ya no, pero ya veré la forma se seguir haciendo las cosas que me gustan».

Suma de ideas

Para la portuguesa Brito, el concierto marca también el inicio de su adiós a Musikene, tras cuatro años estudiando con Gonzalo Tejada. De hecho, hoy ofrecerá una versión resumida de lo que ha preparado para su prueba de fin de carrera.

La cita también será especial porque ambas debutan como líderes de sus respectivas formaciones. Luisa Brito ha reunido un quinteto con instrumentistas con los que había colaborado en otros proyectos. «Tengo suerte, porque ya nos conocíamos y la colaboración entre todos, la suma de ideas, ha funcionado de una manera natural».

Mingo Rajandi confiesa que «también a mí me gusta trabajar colaborando, pero muchas veces hay que dirigir, y es difícil». Ella, integrante también del grupo Ajavares que participa en la selección de grupos locales del Jazzaldia de esta edición, será hoy la líder de un sexteto con el que intentará poner en práctica su idea de que «en el mundo las cosas están cambiando y no hay fronteras claras entre el jazz, el pop o la música de vanguardia. Me encanta la música que no se sabe definir qué es. Yo no sé cómo es mi estilo, pero es diferente».