El contenedor de residuos orgánicos se extenderá este año a toda Gipuzkoa

El acuerdo con Sasieta se firmó ayer y en breve se incorporarán el resto de comarcas. En el iglú, de color marrón, se depositarán los restos de comida para producir compost

FERNANDO SEGURASAN SEBASTIÁN.
Una mujer abre con su llave el contenedor destinado a restos de comida, situado en el barrio donostiarra de Amara. ::
                             MIKEL FRAILE/
Una mujer abre con su llave el contenedor destinado a restos de comida, situado en el barrio donostiarra de Amara. :: MIKEL FRAILE

De la teoría a la práctica. De los libros técnicos a la realidad en la calle. De las elucubraciones de los gurús de la recuperación de los residuos a la comprobación en el día a día. Gipuzkoa ha puesto ya en marcha el más ambicioso plan de tratamiento de la basura que haya conocido el territorio. No sólo eso. Otras comunidades autónomas nos miran con curiosidad para ver si nos estrellamos o si acertamos.

Gipuzkoa se enfrenta al compostaje masivo de los residuos orgánicos domésticos, decenas de miles de toneladas de comida cruda y cocinada. El plan pretende la conversión de estos restos en un producto apto para su uso en jardinería, campos deportivos o agricultura. A día de hoy, estos desperdicios se meten en la bolsa de basura y se depositan en el contenedor. De allí, al vertedero.

El nuevo ciclo que ahora toma impulso en el tratamiento de los residuos pretende que los restos de comida se depositen en un nuevo contenedor, de color marrón, que se situará en la calle junto a los iglús destinados al cartón, vidrio, plástico y a la basura en general. De allí se llevarán a la planta de compostaje de Lapatx y a las que en el futuro se vayan poniendo en marcha.

Los ciudadanos no estarán obligados a separar en sus cocinas los residuos orgánicos. La participación será voluntaria.

La apuesta tiene sus riesgos. El compost que se produzca ha de presentar una pureza superior al 95% para que se pueda comercializar. Se debe lograr una altísima calidad del producto y ello sólo es posible si la preselección de los restos se realiza de forma correcta. Por tanto, los ciudadanos han de tener muy claro qué restos de comida se deben depositar en el quinto contenedor. De ahí que la participación vaya a ser voluntaria.

Las personas interesadas en participar se inscribirán en su mancomunidad, donde recibirán información sobre el funcionamiento del sistema. Si deciden seguir adelante, recibirán la llave que permite abrir el contenedor marrón.

Concienciados

El uso de una llave se considera clave. Así se garantiza que el nuevo iglú sólo puede ser abierto por personas concienciadas. El compostaje está jalonado de experiencias fracasadas debido a un mal uso del contenedor, donde se acaban mezclando residuos.

La apuesta por el compostaje conlleva riesgos, pero en Gipuzkoa se han intentado minimizar. Previamente a la extensión del plan a todo el territorio, que se llevará a cabo este año, se ha realizado una experiencia piloto que ha permitido calibrar la respuesta de los ciudadanos. El resultado ha sido excelente.

En el plan participaron Aretxabaleta, Azkoitia, Azpeitia, Zarautz, Zumaia y el barrio donostiarra de Amara. Una avanzadilla de 4.689 familias y 198 iglús. En una primera fase, los ciudadanos que se adscribieron a la experiencia depositaron sólo restos de comida cruda (fruta, lechugas, tomate...), en una etapa posterior, se añadieron también cocinados (carne, pescado...).

El informe redactado por técnicos de la Diputación señala que el biorresiduo de cocina domiciliaria recogido en el ensayo fue de «calidad extraordinaria», con una pureza del 99% en la primera fase (restos crudos) y del 97,6% en la segunda (también cocinados). Cada ciudadano aportó de media 200 gramos de biorresiduo al día. El informe indica que estas cantidades son «muy elevadas, superando en un 50% las registradas en experiencias recientes en el Reino Unido».

Extensión

Con estos buenos resultados en la mano, ha llegado la hora de extender la medida a toda Gipuzkoa. No se trata de un ensayo, sino de poner en marcha uno de los ejes principales del tratamiento de los residuos en Gipuzkoa para las próximas décadas.

Sasieta será la primera mancomunidad, al margen de las experiencias piloto descritas, que generalizará el uso del quinto contenedor. El diputado de Desarrollo Sostenible, Carlos Ormazabal y el presidente de Sasieta, Juan Martín Aldaregia, firmaron ayer en Beasain el acuerdo que permitirá desarrollar el plan.

Sasieta integra veintidós municipios, entre ellos Beasain, Lazkao, Ormaiztegi, Ordizia, Zumarraga, Legazpi y Urretxu. Cerca de 70.000 guipuzcoanos. Se prevé que se instalen 300 contenedores marrones, entre este año y el próximo. La primera fase se iniciará en junio, con ocho municipios involucrados.

En los próximos meses se irán incorporando más mancomunidades. Txingudi prevé distribuir veinte contenedores en Irun y Hondarribia a finales de año; Tolosaldea iniciará la campaña en el tercer trimestre; Urola Kosta instalará iglús en todos los municipios. Urola Erdia y Bajo Deba, donde se realizó el ensayo, extenderán la recogida, al igual que en Donostia.

El documento inicial del Plan de Residuos (2002) preveía compostar en 2016 un total de 21.780 toneladas de residuos orgánicos. En la revisión del texto (2008), se elevó el objetivo hasta las 53.429 toneladas. Una apuesta ambiciosa pero que, a tenor de la respuesta dada hasta ahora por los guipuzcoanos, será factible de lograr.

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