Un zulo, unas huellas y las dos pistolas de los guardias civiles

F. ITURRIBARRÍAPARÍS.

El 20 de mayo de 2009 una camarera encontró dos pistolas en una habitación del apartahotel Adagio, un establecimiento situado a las afueras de Toulouse camino del aeropuerto de la ciudad. Los clientes eran guardias civiles en misión antiterrorista en territorio galo, una circunstancia cada vez más habitual en todo el sur de Francia.

«Hubo un malentendido en el hotel a la hora de hacer la limpieza. Se encontraron las armas y se hizo venir a la Policía Judicial que las recuperó. Las armas, que estaban normalmente registradas, fueron devueltas a los guardias civiles, a quienes pertenecían», explica la fiscal de Bayona, Anne Kayanakis, que investigó el episodio y desmiente la versión de que los agentes olvidaron las pistolas al irse a toda prisa del hotel, como se ha asegurado en algunos medios de comunicación españoles. «No hubo marcha precipitada», asegura. Hacía cinco días que la familia y abogada de Jon Anza habían denunciado su desaparición en una rueda de prensa en Bayona.

Aquel 20 de mayo el diario Gara publicó un comunicado de ETA en el que desvelaba que Anza no se había presentado el 18 de abril ni el día siguiente a una cita clandestina en Toulouse en la que debía haber entregado una suma de dinero.

Además de responsabilizar de la desaparición a los gobiernos de Madrid y París, el texto aseguraba que su condición de militante 'legal' era conocida por la policía de los dos países pues sus huellas se encontraban en un zulo cuyo hallazgo no se había dado a conocer a la opinión pública. El escondite fue descubierto por un cazador el 16 de noviembre de 2008 en un bosque de la localidad vascofrancesa de Saint-Pée-sur-Nivelle. La Policía gala detectó unas huellas dactilares en un manual de formación militar, pero no las tenía identificadas. Al leer el comunicado de la dirección de ETA, las envió a Madrid para que sus colegas españoles las cotejaran con las archivadas de Anza en su banco de datos y el resultado fue efectivamente positivo.

«ETA sabía que el zulo era aprovisionado por Jon Anza. Jon Anza supo que el zulo fue descubierto y dijo a ETA que sus huellas se encontraban allí. La Policía identificó las huellas cuando ETA dijo que eran de Jon Anza», plantea a modo de hipótesis una fuente judicial.

Las denuncias de guerra sucia motivaron que la Fiscalía de Bayona indagara si el etarra desaparecido formaba parte de los objetivos operativos de las fuerzas de seguridad españolas movilizadas en Francia en misiones contraterroristas. «Según lo que me aportan los investigadores, es seguro que no estaba vigilado. Tampoco hay ninguna razón de pensar que fuera objeto de un seguimiento ilegal o clandestino», observa la fiscal Kayanakis.

El sumario recién abierto en Toulouse, a raíz de la identificación el 11 de marzo del cadáver localizado en la morgue, no tiene vertiente criminal ni está dirigido contra nadie pues no hay ningún indicio de agresión, robo, secuestro ni asesinato.

«Sé que es un caso que ha suscitado cuestiones, interpretaciones y comentarios. Pero no tenemos estrictamente ningún elemento para incoar un sumario por una razón distinta a la búsqueda de causas de la muerte», indica el fiscal de Toulouse, Michel Valet, en conversación con este periódico.