La costa de las rueditas de plástico

Al menos dos empresas guipuzcoanas han tenido escapes de estas piezas en los últimos meses. Miles de biosoportes usados en depuradoras invaden las playas de Gipuzkoa

JUANMA VELASCOSAN SEBASTIÁN.
En el arenal. Decenas de ruedas sobre la arena de la playa de La Zurriola, en San Sebastián. ::                             MICHELENA/
En el arenal. Decenas de ruedas sobre la arena de la playa de La Zurriola, en San Sebastián. :: MICHELENA

Los paseos por la playa definitivamente ya no son lo mismo. Donde antes había conchitas, algas y, cerca de las rocas, tímidos cangrejos andarines, ahora hay hileras e hileras de rueditas de plástico mezcladas entre las ramas y otros objetos que arrastran la corriente. Las hay de varios colores. Unos días han aparecido en Mutriku, otros en Orio, en Hondarribia, en Zarautz... Hace no mucho le tocó el turno a la playa de la Zurriola de San Sebastián, que amaneció llena de miles de estas pequeñas piezas misteriosas. Más de uno se habrá preguntado, ¿de dónde sale tanta ruedita invasora?

Pues bien, estas piezas de plástico son biosoportes que se utilizan en plantas depuradoras de agua, principalmente en industrias. Es una tecnología «en auge», aunque las grandes estaciones depuradoras de aguas residuales urbanas de Gipuzkoa, como la EDAR de Loyola o la de Atalerreka de Hondarribia, no se sirven de este sistema.

Estos biosoportes se utilizan para el crecimiento de bacterias que se alimentan de la materia contaminante y depuran así el agua, que se suelta a los ríos. Habitualmente se encuentran en balsas cerradas en las que entra el agua sucia. Tras el proceso de limpieza, una rejilla permite salir el líquido depurado y retiene dentro los biosoportes. Pero puede haber averías. De hecho, la Agencia Vasca del Agua (URA) ha detectado al menos dos incidentes en empresas de Gipuzkoa que utilizan un sistema de depuración de este tipo y que han provocado el escape de miles de estos biosoportes. Uno de estos problemas tuvo lugar en noviembre, en el Oria.

No obstante, la aparición de estas colonias de rueditas es un fenómeno periódico en distintas playas de Gipuzkoa y no se descarta que provengan de otros puntos de la costa cantábrica, arrastrados por las corrientes.

Preocupación de Elorza

No en vano, el problema no se circunscribe a Gipuzkoa, ni a la costa vasca. Las noticias de las invasiones de estas piezas se extienden desde Galicia -donde han aparecido millones- hasta el Reino Unido, pasando por el Sena, en París.

Hasta ahora, las advertencias de la presencia de estas piezas habían llegado de grupos de surfistas y ecologistas que denunciaban la «contaminación» que provocaban. Pero el propio alcalde de Donostia, Odón Elorza, se hizo eco de la preocupación tras comprobar la presencia «masiva de piezas de plástico» en la playa de la Zurriola, por lo que solicitó que se investigara su procedencia. Técnicos de Aguas del Añarbe se desplazaron al arenal de Gros y a la playa de Ondarraitz de Hendaya para comprobar la presencia de estas rueditas. Hicieron fotos y elaboraron un informe.

En el texto remitido al alcalde se explica que ya en enero de este año un representante del Azti-Tecnalia, centro tecnológico experto en Investigación Marina y Alimentaria, llevó a la Mesa del Agua de Donostia la preocupación sobre si se conocía la naturaleza de las piezas.

Los técnicos de Aguas del Añarbe contactaron con una empresa, con sede en Gipuzkoa, dedicada a la construcción y suministro de estas plantas de depuración, quien le dio cuenta que «dos empresas guipuzcoanas han tenido incidentes o averías en sus instalaciones de depuración» que han provocado «el desbordamiento de sus balsas de tratamiento biológico por haberse tupido las rejas de retención de estos».

En el informe se explica además que la Agencia Vasca del Agua confirmó los dos incidentes, que ocurrieron en noviembre, aunque los primeros residuos comenzaron a aparecer en enero en las playas. La agencia investigó uno de los dos incidentes. Asimismo, señalan que en URA dan cuenta de la «preocupación existente en el sector industrial fabricante y distribuidor de estas técnicas de depuración por lo repetido de los incidentes».

Fuentes de la Agencia Vasca del Agua señalaron a DV que uno de los incidentes ocurrió en una empresa en el Oria a finales de noviembre. «Hubo un desbordamiento del depósito y en el agua que se escapó contenía estos soportes que se usan en estos reactores biológicos. La propia empresa se ocupó de retirar los soportes que encontró en el cauce del río, pero la corriente se llevó muchos río abajo».

Concentrados mar adentro

Desde URA destacan la dificultad de recoger estas piezas que, «como tienen la misma densidad del agua, ni flotan en la superficie ni se sedimentan en el fondo». Fuentes consultadas no descartan que haya bolsas de estas rueditas mar adentro.

El informe insta a la Agencia Vasca del Agua a la «más atenta vigilancia y sanción de estos episodios» y que se emprenda una campaña de limpieza en las playas.

Una empresa que se dedica a la distribución de estos sistemas de depuración lo dice claramente: «Los plásticos no son biodegradables, pero son inocuos. El impacto ecológico es sobre todo visual».

Un experto en investigación marina asegura que los soportes «se concentran mar adentro». Lo que se ve en la costa podría ser sólo la punta del iceberg del problema. No hay que olvidar que estas piezas ni flotan ni se hunden.

«Además de las molestias para los humanos que usamos las playas, el mayor peligro es para la fauna, ya que los pueden ingerir tanto los peces grandes como los mamíferos marinos», añade el experto. No en vano, los biosoportes son piezas de plástico muy pequeñas con diámetros de entre 9 y 24 mm, detalla el informe de Aguas del Añarbe.

Según denuncian desde Surf Rider Fondation, una asociación que trabaja en todo el mundo por la salvaguarda del mar y del litoral, los fabricantes de estas pequeñas piezas «no han previsto un ciclo de reciclaje para tratar estos soportes una vez han sido utilizados».

Mientras el problema persiste, grupos de surfistas como Orioko Surf Taldea realizan batidas para recorrer las playas y limpiar la costa. «Un fin de semana recogimos 100 kilos de desecho, donde había muchas rueditas», señala uno de los surfistas. Todavía quedan muchas mar adentro y seguirán dando que hablar.