«Hace falta el equilibrio entre la ikurriña y la cartera»

Ludger Mees Catedrático de Historia de la UPV

JORGE SAINZLEIOA.
Ludger Mees. ::
                             LUSA/
Ludger Mees. :: LUSA

Ludger Mees (Essen, Alemania, 1957) es un estudioso del nacionalismo vasco. El catedrático de Historia Contemporánea de la UPV acaba de escribir un libro sobre José Antonio Agirre, el primer lehendakari, titulado 'El profeta pragmático'. Este alemán euskaldun de Zarautz hace un diagnóstico del estado de salud del abertzalismo.

- ¿Cómo ve al nacionalismo vasco en la coyuntura actual, con el PNV fuera del Gobierno Vasco y los problemas de Batasuna para volver a la legalidad?

- Se encuentra en una fase de transición y reestructuración debido a una múltiple crisis: la del poder, con el hito histórico de la pérdida del Gobierno Vasco; la crisis por la violencia y la crisis a la hora de formular las estrategias. Europa ha cambiado y el nacionalismo se tiene que plantear si no hay que repensar los conceptos de soberanía e independencia. La cuestión identitaria ya no se vive en términos tan agónicos o antagónicos.

- ¿El nacionalismo se encuentra en una encrucijada?

- Encrucijada es una palabra fuerte. El PNV ha vivido varias, como en la Transición, cuando participó en la nueva democracia en vez de en un frente nacional con las fuerzas políticas alrededor de ETA. En el PNV de lo que se trata es de reencontrar un mayor equilibrio entre los dos polos, la pasión y la razón. Bajo el liderazgo de Urkullu se está reubicando en el ámbito más pragmático, sabiendo que a la ciudadanía vasca le gusta defender su identidad vasca y expresarla, pero que su felicidad no se agota en el debate identitario.

- ¿La pérdida del liderazgo en el Gobierno Vasco puede servirle para hacer una catarsis?

- Sí. Su tupida red asociativa y su larga tradición de lealtad le permitirán superar el bache. Y las encuestas parecen demostrar que la alianza entre PSE y PP es la menos querida. Y el pase a la oposición le permitirá superar ciertas actitudes de prepotencia y arrogancia, derivadas del ejercicio del poder a lo largo de tantas décadas.

- ¿Debe renovarse el nacionalismo para lograr más fuerza en los principales núcleos urbanos, en los que el constitucionalismo parece basar su fortaleza estos años?

- Todos los movimientos sociales que quieren contar con un ciclo vital alargado deben contar con el apoyo de los sectores urbanos y de los jóvenes. El trabajo en este ámbito tiene que ver con el equilibrio entre emoción y razón, entre la ikurriña y la cartera. En las ciudades vascas viven unas clases medias, más o menos acomodadas, que en general se sienten vasquistas, pero pese a esa identidad, que puede ser múltiple con otras identidades, son gente con problemas reales: la educación, la sanidad, el paro, las basuras, la ecología y hasta si sube o no la Real este año.

- ¿La atomización de siglas responde a una debilidad?

- Responde a una debilidad y a una anomalía. No hay espacio político para cinco proyectos de sociedad diferenciados. Basta hacer un repaso: EA está ante el abismo porque se está dejando vampirizar por Batasuna y ya sabemos cómo acaba. En Hamaikabat, los más lúcidos se han dado cuenta de que el futuro pasa por una cooperación o fusión con el PNV. Sobre Aralar, podríamos preguntarnos qué va a ser de este partido si el mundo de Batasuna se convierte en un partido civil y democrático. Batasuna sí está en la encrucijada porque tiene que decidir si de una vez por todas se distancia del mundo del terrorismo, y poco tiempo le queda para tomar esa decisión. Y el PNV tiene que tener cuidado de que ese debate interno que tiene no provoque una nueva escisión.

- ¿Todo esto provoca que se fortalezca el no nacionalismo vasco o el nacionalismo español?

- Por una parte sí, al faltar la hegemonía que había. Pero la crisis por la creciente desconfianza de la sociedad respecto a la política tradicional y por la corrupción afecta a todos los partidos.

- Los números electorales (contando a la izquierda abertzale ilegalizada) sí inclinan la balanza hacia el nacionalismo vasco. ¿Esto relativiza esta crisis?

- Sí. El cambio de Gobierno con López no está del todo consolidado aunque ha conseguido un cambio más o menos tranquilo. Pero tampoco se puede decir que vaya a ser un cambio que a largo plazo se vaya a consolidar a futuro.

Sin violencia

- ¿La izquierda abertzale ilegalizada tiene futuro?

- Sólo tiene futuro si consigue eliminar las causas de su ilegalización. Tiene que decir a ETA que pare. Y debe hacer un proceso de transformación en sí misma. Debería deshacerse del imaginario de que hay una vanguardia armada que lucha en la liberación del pueblo y de la idea, tan alejada de la realidad, de que se trata de una lucha entre el pueblo vasco y España. Y también debe establecer una relación más natural con el pluralismo y el relativismo parlamentario. Asumir que en democracia un partido vale lo que los electorales quieran que valga, y no más.

- ¿El Aberri Eguna ha perdido arraigo social en los últimos años?

- Ha perdido poder de convocatoria con la transformación de la sociedad vasca y la consolidación del autogobierno. Y tiene unos límites estructurales para la ampliación hacia sectores más allá del nacionalismo. Es difícil que se convierta en la fiesta nacional de Euskadi, única comunidad sin esta fiesta. También sería un error por parte del Gobierno socialista imponer, sin buscar el consenso, el 25 de octubre, día del Estatuto.

- ¿Y qué fiesta ponemos?

- Yo alguna vez he propuesto que se celebre el 7 de octubre. Ese día del año 1936 fue el juramento del primer Gobierno Vasco dirigido por José Antonio Agirre. Puede ser una fecha querida por todos los vascos porque en ese primer Ejecutivo figuraban todos los partidos democráticos

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