Exhibición de Cabedo en el Memorial Valenciaga

El corredor de Seguros Bilbao, de 20 años de edad, conocía de memoria el recorrido eibarrés

BENITO URRABURUEIBAR.
A lo grande. Cabedo realizó un gran final de carrera en el Memorial Valenciaga. ::                             FÉLIX MORQUECHO/
A lo grande. Cabedo realizó un gran final de carrera en el Memorial Valenciaga. :: FÉLIX MORQUECHO

Tiene pinta de ciclista, o al menos el aspecto de lo que se considera un estereotipo de lo que es el físico de un corredor.

Víctor Cabedo le ha dado el Seguros Bilbao uno de esos triunfos que valen casi una temporada, o al menos que se recuerdan con el paso del tiempo en la categoría de aficionados. A los 20 años, este corredor nacido en Onda (Castellón) que pasa buena parte de la temporada viviendo en Larrabetzu conseguía la victoria en el Memorial Valenciaga, que de esta forma recuperaba la esencia de una carrera que se había difuminado durante algunas de sus ediciones.

Cabedo estaba en el grupo de los elegidos que había pasado el alto de Ixua en cabeza. En la larga bajada que conduce hasta otro alto, el de San Miguel se produjeron varios reagrupamientos. Cabedo atacó en esa subida un par de veces. No consiguió zafarse del marcaje que ejercían corredores jóvenes, pero baqueteados en el mundo profesional como Javier Etxarri, Héctor González o Raúl Alarcón.

En la baja probó de nuevo y acertó. Cogió unos metros que sirvieron para desbaratar las intenciones del grupo perseguidor. Vio como disminuían los escasos segundos que tenía de ventaja, pero fue capaz de aguantar hasta la meta de Eibar, eso sí, con Alarcón y Etxarri muy cerca de él.

Seguros Bilbao, una de las formaciones que mejor trabajan con los ciclistas jóvenes del panorama nacional conseguía su primer Memorial Valenciaga, una de esas carreras que ejercen una fascinación sin límites entre los ciclistas. Cabedo, tez negruzca, piernas largas, lo explicaba muy bien: «El Valenciaga es una de las carreras más importantes de España. Me la he jugado en la bajada de San Miguel y me ha salido bien».

Conocía el recorrido de memoria, los puntos en los que podía atacar: «Las tres temporadas que llevo en aficionados he corrido el Valenciaga. Me lo conozco de memoria. Por eso, cuando no me he ido en la subida, sabía que lo tenía que intentar en la bajada».

Corrió en Murcia

Para explicar lo que fue el Memorial Valenciaga basta un dato: se mira a una media horaria de 40,529 kilómetros por hora, lo que permite comprender perfectamente cómo se corrió la prueba: a un ritmo atroz.

Cabedo, como sucedió el año pasado con Pedro Merino, ha corrido esta temporada la Vuelta a Murcia, lo que le ha permitido coger un ritmo de competición importante: «En la primera terminé duodécimo y me he recuperado muy bien. Correr con gente como Armstrong o Menchov supone mucho para un aficionado», explica Cabedo, que formó parte de la selección española de aficionados que participó en la prueba murciana.

Está centrado en la bicicleta: «Voy a probar para intentar ser profesional, por eso me he venido a vivir aquí», explicaba. Costó mucho, más que nunca, que se rompiese la carrera. Hubo intentos, eso sí, pero ninguno cogía más de medio minuto de ventaja. Al ritmo al que se rodaba resultaba imposible. Ixua volvería a ejercer su dureza entre los chavales.

Daniel Plaza, Raúl Alarcón y Michael Torckler fueron los primeros en moverse en esa subida. Saltaron del grupo principal. La subida no decidiría nada y en la bajada se formó un grupo en el que estaban Héctor González, Igor Romero, Martín Iroiz, Jesús Merino, Javier Etxarri, Víctor Cabedo, Daniel Plaza y Torckler, entre otros. Se unirían más corredores delante, hasta que llegaron los intentos de Cabedo.

No se escapó en la subida pero sí lo hizo en la bajada este corredor que corrió en la escuela de ciclismo de Onda en todas las categorías, hasta que cuando pasó a aficionados lo fichó Matxin para el Saunier Duval, antes de recalar en el Seguros Bilbao.

«Esta temporada había terminado cuarto en el Macario (Copa de España) y cuarto en Gorla. Sabía que estaba bien, pero ganar es otra cosa», comentaba.

Lo dicho, que el Valenciaga recuperó una esencia que parecía cosa del pasado.

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