Parlamento vasco, año uno

El 31 de marzo de 1980 quedó constituida en la Casa de Juntas de Gernika la Cámara vasca

AMAIA CHICOSAN SEBASTIÁN.
Gernika. Parlamentarios en los escaños de la Casa de Juntas, en la sesión constitutiva. ::                             DV/
Gernika. Parlamentarios en los escaños de la Casa de Juntas, en la sesión constitutiva. :: DV

Aquel 31 de marzo de 1980 Euskadi añadió un nuevo capítulo a su historia. Era lunes, un lunes soleado con una temperatura más propia del verano que de la primavera recién estrenada. Poco antes del mediodía, la Casa de Juntas de Gernika comenzaba a recibir a los primeros representantes autonómicos elegidos en las elecciones del día 9. Cientos de manifestantes, divididos en tres grupos -familiares de presos, parados y profesores de euskera-, les hacían pasillo en los aledaños del lugar más simbólico del País Vasco. Y otras tantas ikurriñas vestían las calles de la villa elegida para albergar la sesión constitutiva del primer Parlamento Vasco.

Han pasado 30 años desde entonces. Tres décadas desde que Jesús María de Leizaola, presidente del último Gobierno Vasco en el exilio y en esta ocasión también presidente de la Mesa de Edad de esa sesión, dedicara en euskera y castellano las primeras palabras del pleno a los 60 parlamentarios -en realidad 49, porque los electos de Herri Batasuna no asistieron-, que ocupaban los escaños prestados por los junteros vizcaínos. Habló de la historia vasca, de su recorrido político truncado por cuatro décadas de Franquismo, recordó la elección de José Antonio Agirre como primer lehendakari del Gobierno Vasco en 1936 y destacó que, más de una generación después, la «esperanza» que sus contemporáneos alimentaron «ha dado sus frutos». Por fin se hacía realidad «la institución a la que le corresponde desarrollar las libertades cívicas». Y lo hacía en el lugar que desde el primer juramento de Agirre se ha convertido en escenario de todos los capítulos que el País Vasco ha ido escribiendo en su historia.

La primera sesión plenaria de la Cámara vasca no resultó fácil. Los problemas técnicos, con un imprevisto apagón causado por el aparataje de los más de cien periodistas que cubrieron el evento y por la falta de un sistema de traducción profesionalizado, eran lo de menos. Todo estaba por hacer. No había nada, ni reglamento, ni medios, ni experiencia profesional alguna en estas lides. Había que empezar de cero.

Lo primero era definir el funcionamiento provisional de la Cámara y constituir la Mesa. Sobre la base del reglamento del Congreso de los Diputados, los grupos aprobaron párrafo por párrafo la composición de la Mesa, de los propios grupos parlamentarios -que quedaron compuestos tras un breve intercambio de opiniones por un mínimo de cinco representantes- y de las comisiones. El mayor debate, sin embargo, se suscitó en torno al preámbulo, donde se recogía el término Euzkadi, con 'zeta'. Según recoge la transcripción del pleno, Mario Onaindia (Euskadiko Ezkerra) y Txiki Benegas (PSE) reclamaron su sustitución por Euskadi, con 's', tal y como figuraba en el también reciente Estatuto de Autonomía de Gernika, y acusaron al PNV de intentar 'colar' un vocablo con una grafía de «contenido ideológico profundo», el defendido por Sabino Arana. La polémica no llegó a más. Ante la falta de acuerdo se tiró por la calle del medio: eliminar el preámbulo.

Sentimiento contradictorio

Uno de los protagonistas de aquella primera polémica, el parlamentario socialista, y ahora diputado en el Congreso, Txiki Benegas, apenas recuerda ya los detalles que marcaron aquella sesión inaugural pero sí tiene aún presente la sensación «contradictoria» que le invadió a él y a sus compañeros del PSE-PSOE aquel día. Por un lado, explica, los socialistas estaban satisfechos de culminar el proceso arrancado en 1977 que había llevado a iniciar la recuperación del autogobierno, negociar y aprobar el Estatuto (25 de octubre de 1979), celebrar las primeras elecciones autonómicas y constituir por primera vez una cámara de representantes común en el País Vasco. Pero por otro, estaban decepcionados por los únicos nueve parlamentarios que les concedieron las urnas. «Fue un resultado electoral muy malo», reconoce Benegas, «creíamos que después de la contribución que habíamos hecho para llegar hasta ese momento no nos lo merecíamos».

Aún y todo la responsabilidad de continuar desarrollando una democracia todavía muy endeble, «en peligro por la violencia terrorista, por un Gobierno de Suárez débil» y por una crisis económica feroz, animó a Benegas y al resto de electos de su partido a continuar en la brecha sin desánimo. El actual diputado por Gipuzkoa no era nuevo en la política ni en cargos de responsabilidad. Los dos años anteriores había pertenecido al Consejo General Vasco que ejerció el gobierno preautonómico hasta la elección de Carlos Garaikoetxea como lehendakari, en abril de 1980. En ese consejo, coincidió con el propio Garaikoetxea -que presidió el segundo entre 1979 y 1980- y con Juan José Pujana, que ostenta el «honor» de haber sido nombrado primer presidente del Parlamento Vasco.

Para el ex lehendakari Garaikoetxea, el pleno del 31 de marzo de hace tres décadas resultó también «insólito». Pero no sólo por su trascendencia sino por ver, después de un exilio de 40 años, al lehendakari Leizaola como presidente de la Mesa de Edad encargada de dirigir la sesión constitutiva. Es lo primero que resalta Garaikoetxea de aquella jornada que precedió a su designación como primer lehendakari de la nueva era democrática, el 9 de abril, también en Gernika.

Del primer pleno, momento en el que ya conocía su victoria segura sobre el candidato socialista Txiki Benegas para formar el Gobierno Vasco, recuerda también el tumulto «de rigor» en la entrada «entre fans y contestatarios», y el elenco de «primeros espadas» de partidos o sindicatos presentes en el salón. Esa fotografía, en la que quedaron retratados personajes relevantes como Ramón Rubial, el ministro del Gobierno de Suárez Agustín Rodríguez Sahagún o la viuda del lehendakari Agirre, revelaba lo «insólito» y trascendente de la sesión. El resto, el debate, transcurrió por derroteros amables.

Juan José Pujana también lo suscribe. El parlamentario del PNV recuerda muy bien cómo fue su elección. Cómo los 25 votos de su partido le otorgaron por mayoría absoluta la presidencia de la Mesa frente a su amigo, ya fallecido, José Antonio Aguiriano, el candidato socialista. «Fue una gran responsabilidad, algo que te marca para toda la vida. Me tocaba estar en la primera línea de la transición democrática, intentando sacar adelante una cámara de representación que tanto sudor, lágrimas y sangre había costado», rememora. Y durante las dos primeras legislaturas lo hizo.

Paradojas

Pujana tomó el relevo de Leizaola en la presidencia de la sesión y, en su discurso, quiso poner en valor el empeño y la dedicación prestada para hacer realidad una institución que «nadie nos había regalado» y que «reconocía un derecho previo que tenía el pueblo vasco». Sus palabras en euskera tuvieron como destinatario velado a los electos de Herri Batasuna, que no ocuparon sus escaños. «Resulta paradójico que entonces ellos no quisieran entrar en el Parlamento y el resto de partidos se lo demandaran, y que ahora quieran estar presentes y algunos de aquellos partidos no se lo permitan», resalta en este sentido su compañero de filas, entonces en el PNV, Carlos Garaikoetxea. «En Euskadi no sobra nadie, necesitamos el esfuerzo de todos», reafirmó Pujana en su intervención. Una frase que ahora se vuelve a escuchar.

«Estremecido» por el escenario -bajo la sombra del árbol de Gernika- y «emocionado» por el paso histórico avanzado en aquel abarrotado salón, el presidente de la Cámara dio por cerrada la sesión a las 21.34 horas.

A partir de entonces comenzó la fructífera historia de un Parlamento que tardó dos años en aposentarse en su actual ubicación, que ha ido sumando capítulos trascendentales, y que debe continuar «cumpliendo sus funciones con dignidad como ha hecho hasta ahora», explica Benegas, y «manteniendo una actitud vigilante para que no se deteriore el instrumento del Estatuto», remata Pujana.

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