El último pintxo del Aloña Berri

Es el bar pionero en alta cocina en miniatura y, tras un cuarto de siglo en Nuevo Gros, sus dueños se jubilan y esperan un relevo

MIKEL SORO SAN SEBASTIÁN.
El último pintxo del Aloña Berri

«Nos jubilamos. Ahora mejor que después del verano», dice con rotundidad José Ramón Elizondo, patrón del prestigioso bar donostiarra Aloña Berri, además de cocinero y pionero en preparar y ofrecer pintxos, tapas o banderillas de alta cocina. Su mujer, Kontxi Bereziartua, jefa de la cocina, acaba de cumplir los 65 años y se jubila. «Como ella es la titular del bar y yo hace tiempo que cumplí los años, nos jubilamos». Llevan juntos desde 1973, primero en el 'Aloña' de la actual calle Errenteria del Gros que da a Ategorrieta y desde 1985 en su reino de la gastronomía reducida a exquisitos bocados, el Aloña Berri, en la calle Berminghan del Nuevo Gros.

Echarán la persiana, al menos de forma personal, en los próximos días. «No vamos a hacer una despedida oficial porque no sería más que para echar unas lágrimas. Así que nos iremos despidiendo poco a poco de los clientes y amigos (a cientos) que pasen por el Aloña Berri», explica Joserra.

Banderillas de premio

Quedarán para el recuerdo las exquisiteces que ambos han cocinado a lo largo de sus triunfales y premiados años. Han ganado campeonatos de pintxos, premios al mejor bar de tapas e innumerables galardones, además de citas en periódicos y revistas de prestigio internacional. Recuerda sus banderillas más populares: «Las lecheritas, al principio, pasando por la Delicia de Ulía hasta el txipirón en equilibrio, la txirristra, la brandada, la tartaleta»... y un sin número de excelsos bocados expuestos en el mostrador, entre adornos casi principescos.

La noticia de que se preparaban para dejar la cocina, Kontxi, y la barra, Joserra, no ha pillado a nadie de sorpresa. Lo raro es que nadie vaya a prolongar el magnífico rumbo gastronómico de este buque insignia de la mini cocina. «Algunas ofertas ya nos llegaron cuando preparamos la jubilación, pero no se ha concretado ninguna», explica Elizondo.

No hay saga que continúe

No parece que su hija Aintzane vaya a seguir con el negocio, «porque quiere descansar un tiempo y, aunque no descarta volver a la cocina del Aloña Berri en un futuro, no es seguro que vaya a hacerse cargo de un negocio que conoce perfectamente», detalla Joserra. La rubia y simpatiquísima hija del matrimonio ya había comentado a sus amigos más cercanos que seguir al frente del bar no era su máxima pretensión en la vida.

Para colmo, la espita cerrada de los créditos por las entidades financieras tampoco ayuda porque Pep, el actual cocinero, un chaval catalán con conocimientos y cualidades, no ha podido conseguir avales para lanzarse a la aventura de pilotar como empresario y cocinero este boyante negocio hostelero.

«Hubiera sido lo mejor, porque conoce el negocio, el bar, la gente le conoce a él y ha demostrado magníficas cualidades para seguir en el Aloña Berri, pero sin apoyos económicos ha preferido buscar otra cosa en su tierra natal», lamenta Jose Ramón, quien se había ofrecido para echar una mano mientras que el nuevo propietario lo necesitase.

Así que, sin pestañear, la pareja Joserra-Kontxi echará la persiana de su mimado Aloña Berri y la gastronomía del bocado se quedará sin uno de sus grandes referentes no sólo en Donostia, sino en el mundo hostelero estatal.

Les queda por delante, en cuanto echen la llave al prestigioso bar donostiarra de suculenta mini cocina de autor, ir a ver a su nieta en Zaragoza, donde vive su otra hija, Nerea. Les queda tiempo y ganas de descansar, viajar y gandulear cuando y donde quieran. También oirán ofertas «para que el Aloña Berri no se quede en el olvido porque sería una pena. Hemos trabajado mucho y muchas horas. Nuestros clientes nos lo han agradecido siempre con su presencia y supongo que ahora que nos jubilamos nos lo demostrarán con su cariño», dice Joserra con un tono de cierta emoción.