Educación justifica los cambios adoptados en Musikene en una gestión insostenible

Los relevos en la dirección han suscitado inquietud en parte de la comunidad educativa. El Gobierno Vasco insiste en su apuesta por el centro y los representantes de los alumnos entonan un «Salvemos Musikene»

MIKEL G. GURPEGUI MGURPEGUI@DIARIOVASCO.COMSAN SEBASTIÁN.
Movilizaciones. Tras la manifestación del pasado sábado, los alumnos preparan nuevas formas de difundir su preocupación por la situación del centro. ::
                             JOSÉ IGNACIO UNANUE/
Movilizaciones. Tras la manifestación del pasado sábado, los alumnos preparan nuevas formas de difundir su preocupación por la situación del centro. :: JOSÉ IGNACIO UNANUE

«No pretendemos entrar atropellando nada de lo bueno que tiene Musikene, pero el centro tenía problemas de sostenibilidad y hemos tenido que intervenir para garantizar su calidad y su propia viabilidad». Las palabras a DV del viceconsejero de Universidades e Investigación del Gobierno Vasco, Pedro Luis Arias, llegan en la que probablemente sea la etapa más tensa de los casi diez años de existencia de Musikene, el Centro Superior de Música del País Vasco.

Las aguas bajan revueltas por el donostiarra palacio de Miramar, epicentro de una institución dependeinete del Departamento de Educación cuyo único problema hasta la fecha parecía ser la ausencia de una sede única y permanente. Los cambios en el patronato gestor de Musikene, a raíz del relevo en el Gobierno Vasco, y el nombramiento el pasado octubre de Carmen Rodríguez Suso como nueva coordinadora general han dado paso a una etapa de revisión de la estructura y el proyecto de Musikene, que ahora está con muchos frentes abiertos.

La situación se precipitó el pasado enero, con la decisión de cesar al director artístico, José Luis Estellés, y a su gerente, Fernando Vázquez, así como de modificar el organigrama del equipo directivo. Mientras se cubren los nuevos puestos, pendientes de que se publique la convocatoria en el Boletín Oficial, Musikene se ha convertido en un hervidero de inquietudes y rumores.

«Hay mucha incertidumbre e inseguridad. No sabemos lo que va a pasar en septiembre. Se nota tensión y estrés en alumnos y profesores. La rumorología se ha disparado, lo que significa que ha habido falta de información o información confusa», nos comenta una representante de los alumnos. Un grupo de ellos sacó su preocupación a la calle el pasado sábado con una manifestación encabezada por la pancarta «Salvemos Musikene».

Desde el Departamento de Educación quieren llamar a la serenidad y recordar que la continuidad del centro no está en peligro. «Creemos en el proyecto de Musikene pero creemos que hay que introducir algunos correctivos para hacer definitivamente viable el proyecto», asegura Pedro Luis Arias.

Implicación académica

Desde Educación reconocen que Estellés es «un excelente profesional» pero cuestionan el acuerdo alcanzado con él por el anterior equipo de Gobierno por lo elevado de sus honorarios y el limitado tiempo dedicado a Musikene por el que fuera su director artístico durante veinte meses. De hecho, la decisión de suprimir la figura del director artístico y sustituirla por la de un director académico tiene mucho que ver, en palabras del viceconsejero, con el deseo de que «tenga más implicación en la vida académica del centro».

La sensación de 'impasse' se acentúa en Musikene en estas semanas que está viviendo el centro sin director artístico ni gerente, o más bien sin las tres figuras que los sucederán: director académico, director económico y responsable de recursos humanos. La propia coordinadora general, Carmen Rodríguez Suso, indicaba en una carta dirigida hace dos semanas a los alumnos que «las plazas creadas con la remodelación del organigrama decidida por el patronato el 11 de enero han sido ya convocadas; estamos esperando su publicación en el Boletín Oficial del País Vasco, que tiene sus propios ritmos temporales y sobre los que no podemos actuar para acelerarlos».

Pedro Luis Arias confía en que los nuevas plazas puedan ser cubiertas dentro de marzo. «Sería más rápido cubrirlas a dedo. Pero hay que sacarlas a concurso público para que todos aquellos interesados puedan optar».

Los representantes de los alumnos se quejan de que los cambios hayan venido acompañados de la suspensión del reglamento orgánico y la supresión del Consejo del Centro, en el que están representados. Desde el Departamento de Educación aclaran que la suspensión es coyuntural. «El patronato decidió suspender el reglamento -explica Arias- porque preveía que hubiera un director artístico, algo que queríamos cambiar. Pero se trata de una situación excepcional, que va a cambiar».

Pisar suelo

El cuestionamiento de los nuevos responsables de Musikene hacia sus predecesores se centra en una cierta 'alegría' en el gasto a la que han querido dar carpetazo. «Los artistas son muy creativos -opina el viceconsejero- pero necesitan que un gerente les ayude a pisar suelo y les diga que no todo es posible, que hay cosas más y menos fundamentales, especialmente en tiempos de crisis económica».

Al actual equipo del Departamento de Educación se le dispararon las alarmas al descubrir que el presupuesto de Musikene había ido creciendo continuamente hasta alcanzar un coste de 32.000 euros por alumno en 2009. «Aunque todas las comparaciones haya que matizarlas, se estaba llegando a unos niveles difícilmente mantenibles», considera el viceconsejero, cuyo departamento llegó a la conclusión de que el proyecto de Musikene «tal y como estaba siendo gestionado no era sostenible».

Educación se propone contener el gasto, lo que en una institución como el Centro Superior de Música del País Vasco, implica 'meter mano' al profesorado, cuyos honorarios absorben la mayor parte del presupuesto. Entre las 214 personas que, a tiempo parcial o con mayor dedicación, imparten clases en Musikene hay una gran variedad de situaciones. Algunos tienen contratos laborales, otros de tipo mercantil e incluso algunos tienen una combinación de ambos. «Es preciso racionalizar y normalizar sus condiciones», sostiene Arias.

La representante de los alumnos no lo tiene tan claro: «El nivel del profesorado es el que ha convertido a Musikene en un centro de prestigio internacional. Si les ponen nuevas exigencias, habrá algunos profesores que decidan irse, y otros alumnos irán detrás».

«Mayor compromiso»

Una singularidad de la enseñanza musical es la estrecha relación que se establece entre profesor y alumno. Frente al resto de estudios superiores, las clases de especialidad se desarrollan individualmente, un profesor con un alumno. En Musikene hay estudiantes que han venido a San Sebastián expresamente para aprender de un determinado maestro. De ahí que la sensibilidad esté a flor de piel ante cualquier modificación de la situación del profesorado.

«Creo sinceramente que muchos profesores van a continuar, pero les vamos a pedir un nivel de compromiso mayor», indica el viceconsejero. A falta de concretar cómo se desarrolla el proceso de «normalización de las condiciones» de los profesores, parece claro que lo que podríamos definir como 'profesores estrella' reducirán su presencia en el centro, aunque la intención sea «contar con los profesores de mayor nivel posible».

Las incertidumbres que provoca esa búsqueda de un nuevo equilibrio marcan la vida de un centro en el que ahora no sobra precisamente la serenidad. Mantener la calidad ajustando al mismo tiempo el gasto parece una tarea especialmente compleja en unos tiempos en que a la propia singularidad de Musikene se suma la crisis económica general y el proceso en marcha de adecuación de los planes de estudio al nuevo espacio europeo.

Una situación complicada en la que Educación trata de buscar aliados dentro de una comunidad educativa inquieta. «Nos sentimos desconcertados e indefensos -dice una alumna-. Dos meses después de los ceses, vemos que la coordinadora general todavía no tiene definido su plan B».

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