Cuando éramos más jóvenes

Madariaga e Igor González de Galdeano se conocieron hace quince años en el Euskadi. Desde primer momento hubo buena química entre dos personas que congeniaron rápido

BENITO URRABURUSAN SEBASTIÁN.
Abrazo. Alvaro e Igor González de Galdeano se abrazan tras lograr el primero un triunfo. ::                             DV/
Abrazo. Alvaro e Igor González de Galdeano se abrazan tras lograr el primero un triunfo. :: DV

«Estaba concentrado con la selección en Madrid. Yo corría en el Banesto de aficionados. Mi hermano, Alvaro, lo hacía en el Artiach que dirigía Paco Giner y le habló a Miguel de mí».

Así explica Igor González de Galdeano, quince años después, su llegada al equipo Euskadi, a una formación muy distinta a la que se encontró años después, cuando aterrizó como responsable de un grupo deportivo en el que ha ido adquiriendo poder, y obligaciones, a partes iguales según van pasando los años.

Madariaga pensaba entonces que Igor pasaría a profesionales con Banesto, «pero en el Banesto profesional no había sitio para todos», explica Igor. Y todos en aquel grupo de aficionados eran, entre otros, Santi Blanco, José Luis Rubiera, Txente García Acosta, Javier Pascual Llorente, Javier Pascual Rodríguez, Óscar López Uriarte. Una de las mejores camadas de corredores que han tenido a lo largo de la historia los navarros.

Miguel Madariaga desmenuza el fichaje de un Igor que se iba a iniciar en el mundo profesional: «Hablé con José Miguel Echavarri y me dijo que no tenía intención de pasarle. Era el primer año del equipo Euskadi y yo quería gente joven. En 1994 había ganado la Bira de aficionados. Yo le seguí, junto al entonces Diputado Foral de Vizcaya, Luis Alberto Pradera, en una cronoescalada que comenzó en Dima. No le dije nada. No quería tocar un terreno que no era el nuestro. Teníamos informaciones de que iba a subir con Banesto, hasta que pregunté y me dijeron que no», comenta Miguel.

Igor estaría cuatro años con los colores de Euskadi, antes de que Javier Mínguez, primero, se lo llevase al Vitalicio y que Manuel Saiz lo fichase por la ONCE y más tarde por el Liberty. Euskadi fue el inicio de su carrera. Quince años después maneja la mayor parte de los hilos del único grupo profesional del ProTour que hay en este país.

«Desde los 21 hasta los 25 años estuve en Euskadi. Coincidí, entre otros, con Javier Palacín, Juan Tomás Martínez, Agustín Sagasti, Julito Barcina, Iñigo Cuesta, Óscar López Uriarte, David García. Sí llegué a ser ciclista fue gracias a Miguel Madariaga. Me dio una oportunidad que es vital para cualquier ciclista. Tenía dudas de comenzar la aventura profesional o estudiar IVEF».

Con el equipo Euskadi, Igor conseguiría sus primeras victorias: «Gané una etapa en los Valles Mineros, quedé primero en el Gran Premio Journal de Noticias, en Portugal. También estuve en la llegada de Euskaltel al equipo. Era un maillot verde que ponía Euskaltel 0,5. Con esos colores vencí en Galicia y Sabiñanigo».

Tuvo como directores a Txomin Perurena y Julián Gorospe. Consiguió cuatro triunfos. Era un equipo muy diferente al que se encontró cuando llegó muchos años más tarde: «Entonces no se corría el Tour, era mucho más modesto en todo».

Cuando se marchó a Vitalicio llegó Joseba Beloki: «Fueron años muy difíciles y no sólo para Miguel. No se sabía si el equipo iba a tener continuidad. Miguel perdía la vida por el equipo. En una Vuelta a Valencia me escapé de salida. Estaba en juego la continuidad de todo el grupo. Cogí los cuatro maillots que había en juego, subí al podio y aquello parece que ayudó».

Hermanos diferentes

Igor cobraba entonces 96.000 pesetas al mes, o lo que es lo mismo, un millón quinientas mil al año. «Entonces no pensaba en el dinero. Vivía en casa, con mis padres, y tenía cubiertas las necesidades principales. Reconozco que era una suerte. Siempre he tenido en mi vida muy presente aquella época».

Miguel Madariaga tampoco se olvida de lo que le tocó vivir entonces: «El primer año de Euskadi pasaron ocho neoprofesionales. Me metieron un gol y no tuve más remedio que tragar con lo que me dijeron. ¿El presupuesto? 127 millones de las antiguas pesetas. No tenía tiempo para pensar, sólo veía como sacar dinero, no me podía permitir el lujo de dormirme en los laureles».

En cuanto a Igor, «era un corredor que no ponía problemas a nada. Cuando se marchó dejó las puertas abiertas para volver». No tiene reparos Miguel en contar como eran los dos hermanos: «Alvaro era más protestón que Igor, era distinto, más reivindicativo, daba, en una palabra, más problemas. Se juntaban unos con otros y siempre había polémica».

Afirma que las cosas han cambiado mucho, afortunadamente, a mejor: «El dinero que yo ganaba en la Diputación lo dejaba para la familia. Lo que sacaba de masajista y las dietas iban para el equipo. Así estuve cuatro años».

Uno comete el error de sonreirse y Miguel Madariaga ataja de plano esa sonrisa: «No te rías, que es verdad. A las 8 estaba en la Diputación, salía a las 15.15 y me ponía a dar masaje, hasta las diez de la noche. No tuve vida. Así me fueron otras cosas. Todo era diferente a lo de ahora. No sé si otro ciclismo, pero sí que era distinto. Había más respeto entre los equipos, cada uno sabía donde estaba. Íbamos donde teníamos que ir. Euskadi estaba bien visto en todos los sitios».

Recuerda Miguel que en una Vuelta a Galicia que corrieron «no teníamos dinero ni para gasolina, ni para hacer las compras para el avituallamiento. Le tuve que decir a a mi hijo Mikel que viniese a Galicia, con dinero mío en el bolsillo. Fue de director a Galicia, acabó la carrera y del tirón nos vinimos para casa, sin parar a comer nada. ¡No tenía ni un duro!».

Por eso dice siempre que se le pregunta que «no me ha compensado. Esas son algunas de las razones por las que digo lo que digo. No he hecho esto para que nadie me lo agradezca. Hay gente que sabe el dinero que he invertido y gente que piensa que lo he hecho porque me ha dado la gana. Hubo momentos en los que pensaba que me iba a morir. No he recuperado el dinero que puse ni tampoco los años de vida que perdí».

Vivencias importantes

Igor González de Galdeano no fue la primera persona en la que pensó Miguel Madariaga para dirigir los destinos del equipo Euskaltel-Euskadi: «Antes de hablar con Igor, en los Campeonatos del Mundo de Madrid, mi primera opción fue Neil Stephens. Arreglé todo con Stephens el día que Michael Rogers ganó el mundial contrarreloj. Fui al mundial para hablar con Neil y me dijo que sí. Un día después del mundial tenía lo contratos preparados para que los firmase, tanto él como su hermano y su cuñada, que iban a trabajar con el equipo. No firmó. Me dijo que Manuel Saiz le había recomendado no hacerlo».

Se enteró por la radio que Igor González de Galdeano iba a dejar el ciclismo, «le llamé a Gabino Ereñozaga, que era su masajista, para que me diese su teléfono».

Igor no se olvida de cómo era el equipo Euskadi. Quizá por ese lado vienen muchas de sus ideas, de sus costumbres, que no todos los profesionales aceptan de buen agrado: «Yo nunca viajé en avión en mis primeros cuatro años de profesional. Igual sí lo hice alguna vez, pero ni me acuerdo. Íbamos a Galicia, a Portugal, Andalucía o Francia y salíamos a las 5.30 o las 6 de la mañana en coche. Sólo se iba en avión si alguien pagaba el viaje. Estuvimos unos meses sin cobrar y las auxiliares estuvieron tres meses sin percibir su nómina».

Intenta hacer una lectura positiva de aquello: «Me vino bien vivir lo que viví, aunque entonces no lo veía igual porque aprendes a valorar lo que tienes. Cuando lo tienes todo no valoras nada. En el Banesto de aficionados contaba con dos bicicletas. En Euskadi, de profesional, sólo tenía una. A pesar de todo, no tengo la sensación de que me faltase algo. El sueldo era lo que era y punto. No había más».

Miguel Madariaga se mantiene en sus trece: «No volvería hacía atrás nunca. Tuve la familia casi abandonada. No sabría decirte como he llegado hasta aquí. ¿Merecer la pena? No, aunque se han conseguido logros, pero yo me he dejado muchas cosas en el camino que no recuperaré jamas».

Quince años después, Miguel Madariaga e Igor González de Galdeano sigue juntos. En realidad llevan juntos cinco años, en los que han ido cambiando muchos roles en un equipo que ha aguantado muchos chaparrones pero que continúa vivo.

De Igor se puede decir que es de las pocas personas que han entendido el 'efecto' Madariaga, que cuando se pone en marcha no es fácil de soportar.

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