«Quería crear una obra para reflexionar sobre el ejercicio y sufrimiento de la violencia»

Alberto Letamendi, junto a las pequeñas figuras que conforman su escultura 'Elkarri Begira'./IÑIGO ROYO
Alberto Letamendi, junto a las pequeñas figuras que conforman su escultura 'Elkarri Begira'. / IÑIGO ROYO

El escultor agradece la aceptación, el consenso y el apoyo de su proyecto, que también busca la implicación colectiva para erradicar la violencia

JUANMA GOÑI

Alberto Letamendi siente que existe una aspiración conjunta para trabajar por erradicar la violencia. Y guiado por la dimensión social y política que, a su juicio, tiene el arte, ha querido poner su grano de arena para lograr ese objetivo. Lo ha hecho creando la obra 'Elkarri Begira', que se acaba de inaugurar en el paseo San Francisco. Pocos días después de hacer esta entrevista con DV, y ante la acción vandálica y gamberra que ha destrozado algunas piezas de la escultura, el autor ha decidido taparla momentáneamente hasta hallar alguna estructura acristalada que la proteja.

-¿Cómo surgió la idea de crear una escultura que respondiera al objetivo de fomentar la convivencia y reparar el dolor de las víctimas?

-Vivimos en una sociedad con grandes desigualdades, y la posición que nos toca no siempre la elegimos. Pero luego está lo que cada cual hace para poder cambiar esta situación. Yo, como mejor me expreso, es a través de la pintura y la escultura, y creo que además de estética, el arte tiene una dimensión social, política. Quienes hemos vivido en Euskal Herria no podemos cerrar los ojos y vivir como si la violencia no existiera, porque de una forma u otra ha marcado nuestras vidas. De muchas formas. Combinando ambas cosas, es como pensé hacer este proyecto. Cuando ha habido violencia, las víctimas tienen que tener justicia, reconocimiento y reparación; sin eso es imposible pensar en nada más. Pero tiene que haber cambios más profundos para que la violencia deje de repetirse una y otra vez. Quería hacer algo que nos hiciera reflexionar a cada persona sobre el ejercicio y el sufrimiento de la violencia y nuestro papel en ella, y cuál tiene que ser si queremos erradicarla.

-El proyecto suscitó unanimidades y supongo que ello le impulsó a involucrarse al máximo...

-Sin duda. El texto que acompaña a la escultura, escrito por Ana Sanz que es mi compañera y me conoce bien, traduce en palabras lo que yo quería expresar con mi obra. Lo cotejamos con diversas posturas ideológicas y con personas que han tenido diferentes vivencias en relación con la violencia. Desde el inicio hubo un gran consenso con el enfoque y el fondo de lo que queríamos transmitir. En cuanto lo conocieron, el Foro por la Convivencia y todas las fuerzas políticas que están hoy representadas en el ayuntamiento apoyaron el proyecto, y nos pareció un gran logro. Ése era el propósito, que hubiese un amplio consenso, así que estoy muy, muy contento.

-¿La obra es una donación personal al pueblo de Tolosa?

-El Ayuntamiento es el que financia el coste técnico total de la obra. Mi trabajo no, no lo cobro. Es mi forma de aportar algo, contribuir de alguna manera al proceso para erradicar la violencia en el que hay ya una enorme cantidad de personas que entregan tiempo, trabajo y actitud.

-En la escultura aparecen pequeñas figuras humanas; algunas tienen agujeros, otras son imperfectas... ¿Responden a la individualidad de cada víctima?

-Sí, la obra se compone de 58 figuras. De cerca, podemos apreciar los detalles de cada una, vemos a personas con agujeros, con rugosidades, defectos, malformaciones, dañadas. Representan el dolor sufrido por cada una de las víctimas, el poso que portan los victimarios, y también a quienes hemos vivido en este contexto. Todas ellas son diferentes y únicas.

-Y vistas todas ellas desde lejos, con perspectiva, aparecen formado parte de un círculo colectivo. ¿Sugiere la necesidad de mirarnos unos a otros para avanzar?

-Así es, si nos alejamos, la perspectiva ofrece una visión panorámica, como de vista de pájaro, desde la que observamos una visión de la sociedad en general. Se puede observar el círculo que están formando las personas que se dirigen a un punto. El círculo como lugar de encuentro de la sociedad, porque es símbolo de igualdad sin jerarquías. Como bien se dice en el texto que acompaña la escultura, tenemos que mirarnos y reconocernos, asumir una u otra cara de esta relación de víctima y victimario, a veces de ambas, sin olvidar que estamos en un contexto concreto. Este es el propósito, conseguir formar ese espacio en el que todos y todas, Elkarri Begira, construyamos una nueva convivencia libre de toda forma de violencia, reparando y sanando las raíces y las consecuencias que sufrimos.

-En la presentación agradeció la colaboración de muchas personas...

-El apoyo al proyecto ha sido impresionante. Desde el primer día en que lo presenté al Ayuntamiento, la alcaldesa Olatz Peon y la concejala de cultura, Nuria Carbonell, lo apoyaron, y también el partido que representan, EAJ-PNV. En cuanto conocieron el proyecto, también hubo apoyo incondicional por parte de Ibai Iriarte, de EH Bildu, y de Christian Fernández, del PSE. También por parte del Foro por la convivencia de Tolosa. De Garbiñe Biurrun y Juantxo Zeberio Etxetxipia, que se volcaron personal y profesionalmente. De Josep Maria Estivill, de la Fundición Fundesti que, dada la dificultad de elaboración de las figuras, se lo tomó como algo personal y realizó un trabajo increíble. Y podría seguir y seguir hasta aburrir. La verdad es que es un gusto poder trabajar así.

-La inauguración contó con el estreno de una obra musical de Juantxo Zeberio, un 'Elkarri Begira' hecho música...

-Juantxo Zeberio Etxetxipia compuso dos temas expresamente para la inauguración, uno de ellos con letra de Igor Estankona, y se encargó de trabajar con Laskorain Abesba-tza para que las coralistas lo aprendieran y pudiesen cantarla el día de la inauguración. La puesta en escena de Juantxo al piano, acompañada al violín por su hermana Miren Zeberio Etxetxipia, Igor recitando la letra y el coro cantándola, fue preciosa; la verdad es que nos emocionamos muchísimo al ver el trabajo que hizo. Tanto la música como la letra llegan muy adentro.

-Tiene una obra dilatada, una trayectoria sólida en el mundo del arte y de la escultura. No sé si se siente más profesor en un centro escolar -su trabajo actual-, que artista, o artista que profesor..

-Ni una cosa ni otra, la vida nos lleva a cada uno por diferentes caminos, y el mío ha sido compaginar la educación con el arte. Tiene sus pros y sus contras. Por un lado, no le puedo dedicar el tiempo que quisiera al arte, que es mi pasión, pero por otro, tener una estabilidad económica me da mucha libertad a la hora de crear. Además, me gusta dar clase y trabajar con adolescentes, aprendo mucho.

-El espíritu de la pieza recoge la necesidad de la reconciliación... ¿Vamos por buen camino?

-No podemos hablar aún en pasado, porque día a día se producen nuevas víctimas de violencia en nuestra sociedad. Los jóvenes de Altsasu encarcelados, o lo que supone para las familias la dispersión de los presos, son ejercicios de violencia que, compartamos ideología o no, creo que hay que denunciar. Sin olvidar la violencia machista que trae día a día tanto sufrimiento, y otras muchas. Hay raíces muy profundas que si no se curan o cambian, no podremos parar la rueda de violencia que generan. Es necesaria la implicación de todas las personas, independientemente de ideologías. Hemos podido ver a los tres partidos del Ayuntamiento en un acto con un propósito común,cosa que hace unos años hubiese sido imposible y creo que esto refleja que no vamos desencaminados.