Juan Otaegi: «Era importante hacer una previsión antes de tomar otras decisiones»

Juan Otaegi, en el interior de la iglesia de los Sacramentinos./IÑIGO ROYO
Juan Otaegi, en el interior de la iglesia de los Sacramentinos. / IÑIGO ROYO

Finaliza su actividad tras haber sido durante los últimos quince años el párroco de la misma

E. ARANDIATOLOSA.

Ubicadas en Kondeaneko Aldapa, Corpus Christi y la Comunidad de los Padres Sacramentinos forman parte de la historia de Tolosa. La parroquia comprendía las zonas aledañas al templo y delimitadas por los ríos Oria y Araxes, contando la residencia Iurreamendi tres centros escolares cercanos, San Blas, Usabal y Amaroz. A pesar de su reducido tamaño, en comparación con Santa María, ha contado con gran actividad hasta finales del pasado mes de junio, cuando ésta anunció finalmente su cese de actividad. Juan Otaegi (Lasarte-Oria, 1935) ha sido durante los últimos quince años el párroco de la misma, y el sacerdote continuará siendo la persona responsable de la Comunidad de los Padres Sacramentinos.

-¿Cómo ha cambiado Tolosa y la zona de actuación de Corpus Christi?

-En septiembre se cumplirán quince años como párroco, y en total llevo veintiséis años en Tolosa. Durante este tiempo, con el paso de los años, la actividad de la parroquia Corpus Christi ha ido disminuyendo, a la vez que lo ha hecho el barrio aledaño. La juventud que recibía el sacramento de la confirmación, por ejemplo, ha desaparecido, y no precisamente porque esta parroquia no haya ofrecido dicho servicio; una vez unificado todo el servicio en Santa María tampoco han acudido allí.

-¿Por qué ha tomado la parroquia esta decisión?

-La iniciativa ha sido nuestra. En una reunión con nuestros responsables que tuvo lugar en 2016 en Pamplona, presentamos la idea de cesar la actividad, y en junio de 2017 lo planteamos en la parroquia. Decidimos qué actividad llevaríamos a cabo una vez de dejarlo, y consideramos que sería prudente hacer una planificación de la actividad que llevaríamos a cabo hasta entonces. Poco a poco, y paso a paso, hemos ido encauzando y reduciendo la misma. Era importante hacer una previsión de la situación antes de tomar otras decisiones.

-¿Ha influido Santa María en su actividad?

-Históricamente, Santa María ha sido siempre la primera parroquia o parroquia principal de Tolosa, que además ha contado, y sigue contando, con una grandísima actividad. Antiguamente, en sanjuanes, en Semana Santa... realizábamos procesiones en la calle y Santa María realizaba las suyas y Corpus Christi, por su parte, organizaba sus procesiones, pero nuestra actividad ha sido distinta y desde el Concilio las celebraciones principales se han realizado en Santa María. A partir de ahora, el servicio parroquial (bautismo, catequesis, comunión, confirmación, bodas y funerales) se gestionará desde Santa María, aunque la iglesia permanecerá abierta. Los libros de la parroquia también se trasladarán allí.

-¿Cómo ha sido la parroquia, y en qué se ha diferenciado del resto?

-El propósito, a la hora de crear la nueva parroquia, fue ofrecer un servicio parroquial externo más adecuado a los barrios y zonas rurales de la villa. Entonces no existía Zabalarreta, ni todas las zonas que hoy conocemos más allá del barrio Izaskun. Berazubi era un barrio recién creado, Iurre tampoco existía, menos aún el barrio Usabal... Estos barrios fueron creándose poco a poco. La idea en 1965 del entonces párroco de Santa María y arcipreste Juan Martín Irulegi, por derecho canónico, era que éstos tuvieran más posibilidades y facilidades a su servicio. Los medios de transporte no llegaban a los barrios más alejados, estos tenían sus caminos asfaltados, pero los caseríos no, de ningún modo. Esta realidad ha cambiado con el tiempo, y las comunicaciones están mucho más al alcance de la ciudadanía, pero antiguamente no fue así.

-Y, ¿en cuanto a personalidad?

-En un primer periodo largo fue un espacio de gran actividad. Entonces, contábamos con un seminario que se cerró en junio de 1972, cuanto la parroquia tenía cinco años, y no había salas para el servicio parroquial. La congregación fue quien construyó dichos espacios, y en las primeras décadas hubo mucha actividad con Imanol y Juan José Uranga como párrocos. Siempre hemos contado con un grupo de personas que nos han ayudado a encauzar la actividad. Siempre ha habido un grupo de cuidado de enfermos, desde el Concilio también ha habido un grupo de reflexión, otro sobre la palabra de Dios, así como grupos reducidos para la oración, y de oración en silencio.

-¿Qué tipo de relación han tenido con las comunidades religiosas locales?

-Ha sido muy intensa y la colaboración es constante, ya que al mismo tiempo, somos capellanes -sacerdotes encargados del servicio religioso de una iglesia no parroquial o de una comunidad-, como el caso de las Hijas de la Caridad de Ibarra y Tolosa, donde con estas últimas colaboramos en la asistencia de la residencia Iurreamendi, también nos dirigimos a Herrikide Gainberri o las Siervas de Jesús, por ejemplo. Asimismo, hasta hace dos años hemos realizado diversas reuniones sacerdotales, nos reuníamos cada quince días.

-¿Cómo es el día a día de un párroco?

-Actualmente convivimos cinco religiosos, de los cuales cuatro son sacramentinos. Mi día a día es muy sencillo. Normalmente, me levanto a las seis de la mañana, y aunque en los últimos meses no he podido hacerlo, he tenido la costumbre de pasear a primera hora por el pueblo. Tras el trabajo diario de la oficina y los preparativos litúrgicos, a las 08.00 rezamos en la capilla, a las 09.00 ofrecemos misa, y después me dirijo a Iurreamendi. Tras la misa, intentamos pasar un tiempo con los residentes. Después, realizo otro tipo de reuniones o compromisos. Por la tarde, retomo el trabajo a las 16.00 en la oficina para los preparativos litúrgicos... Los domingos por la mañana también acudo a la Clínica de la Asunción para visitar a los enfermos.