Tolosa
Que Aureliana se vaIÑIGO ROYO ETXEZARRETA
Martes, 25 de noviembre 2025, 20:47
Algún día, Aureliana Egunon, frente a algún puchero de la Feria de la Alubia de Tolosa en donde serás cocida a fuego lento, habrás de ... recordar aquella tarde remota en que tu padre te llevó a conocer el hielo».
Eso fue lo que solemnemente me dijo mi madre cuando yo era niña. Por aquel entonces mi madre estaba ya perdiendo la olla. Y no solo porque yo nunca conocí a mi padre sino porque poco después le dio por hablar de un tío suyo que se llamaba Melquíades quien era, al parecer, una alubia corpulenta, de barba montaraz y manos de gorrión que hizo una demostración pública de lo que él llamaba la octava y novena maravilla de los sabios alquimistas de Tolosa. Luego me enteré de que estas maravillas no debían de ser otra cosa que una olla exprés y una zanahoria pocha que Melquíades portaba orgulloso y con las que aseguraba que a las alubias se nos podía sacar el ánima. Debió de salir del pueblo a gorrazos porque a los tolosarras de bien les parece un sacrilegio que a las alubias de Tolosa se nos cocine en olla exprés. Tampoco soportan que se nos añada zanahoria. El tío Melquíades acabó mal, alguien lo puso a remojo y se olvidó de él. Y ahí estuvo, cien años de soledad, hasta que desapareció disuelto en el agua.
Pasado el tiempo comprendí que mi madre, en realidad, con su solemne frase no había pretendido otra cosa que advertirme del triste sino de las Egunon, condenadas desde el día en que nacimos al puchero, a la cocción lenta, al amargo desconsuelo de no tener una segunda oportunidad sobre la Tierra.
Pero ese destino cambió aquella tarde en que mi tío José Arcadio Egunon nos sentó a los niños en la cabecera de la mesa y, temblando de fiebre, devastado por la prolongada vigilia y por el encono de su imaginación, nos reveló su descubrimiento: «Tolosa es pequeña como una naranja». Una afirmación que irritó a Úrsula, su mujer, pero que para mí fue una revelación que hubo de alejarme de mi destino de alubia cocinada a fuego lento y me encaminó hacia mi verdadero lugar en el universo.
Ese lugar fue al principio un cuartito en donde estuve encerrada durante cuarenta años realizando mis experimentos. Durante ese tiempo llovió día y noche sin parar por lo que me fue imposible hacer observaciones nocturna de los astros. Pero gracias a las fórmulas alquímicas de Moisés y Zósimo y a un astrolabio traído desde Persia comprendí que si yo, Aureliana Egunon, lograba el impulso suficiente para vencer la gravedad terrestre podría abandonar nuestro planeta y llegar a Marte. Y una vez allí no me sería difícil buscar un trocito de tierra marciana en donde poder plantarme y empezar de nuevo. Sería la manera de que mi estirpe tuviera una segunda oportunidad, si no sobre la Tierra, sí sobre Marte o sobre alguno de esos astros que por ahí vagan.
Así que ya ven, aquí me tienen ustedes, sobre la rampa de lanzamiento que con gran esfuerzo he construido. Dispuesta a partir, saludándoles con la mano y despidiéndome de ustedes, lánguidos tolosarras, que aquí se quedan. Pobres. Que con su pan se lo coman.
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