Daniel Landa: «Conviviendo con los indígenas recuperas armonía, aprendes a mirar»

Daniel Landa, en compañía de una de las tribus con las que convivió durante su viaje por el Pacífico./
Daniel Landa, en compañía de una de las tribus con las que convivió durante su viaje por el Pacífico.

Inaugura esta tarde las Jornadas Amalur con una charla en la que contará su aventura por las tierras más remotas y fascinantes del Pacífico

JUANMA GOÑITOLOSA.

Las Jornadas de Naturaleza, Viajes y Antropología 'Amalur', organizadas por el CIT, arrancan hoy, viernes (19.30, Topic), con un fascinante viaje en el que conoceremos a las comunidades indígenas más remotas del Pacífico. El periodista y documentalista Daniel Landa nos contará cómo fue su aventura, que arrancó en mayo de 2014 en Japón, y terminó en junio de 2015 en Nueva Zelanda. Una experiencia que propició la serie documental 'Pacífico', emitida en España por RTVE con un notable éxito de audiencia. Una aventura que narra el encuentro con los pueblos y las tribus más desconocidas del Extremo Oriente y de las islas del Pacífico.

-Tras haber realizado muchos documentales y presentado varias expediciones por unos cien países del mundo, decidió afrontar un viaje diferente por el Pacífico. ¿Con qué intención?

-Decidimos salirnos del camino. Buscamos el lado menos convencional de este oficio y enfrentarnos al vértigo de viajar durante un año desde Japón a Nueva Zelanda con una perspectiva diferente. El Pacífico está lleno de comunidades extraordinarias, de historias llenas de magia que nos hablan del hombre como especie, desde un punto de vista visceral, diferente... y eso es apasionante. En realidad, no somos más que un grupo de gente normal viviendo una aventura extraordinaria. Empeñada, eso sí, en contar historias humanas en los confines del mundo.

-Cuénte algo de algunos de los lugares sobre los que hablará hoy en el Topic...

-Tailandia, por ejemplo, es un país con muchas esquinas, con pueblos sorprendentes donde se ha instalado el fatalismo. También están las mujeres de la etnia padaung, las mujeres jirafa, cuya situación no es ideal, ni mucho menos, pero de algún modo han usado su cultura para sobrevivir al destierro. Mae Sot es un lugar que te marca de algún modo, porque allí la realidad es tajante, no se decora, no hay playas, ni turistas. En Pho Pra visitamos una comunidad birmana donde la escuela se había convertido en un centro de protección al menor....

-¿Qué se aprende del contacto con esas comunidades indígenas en contraposición a nuestra visión del mundo?

-El ritmo de los pueblos indígenas marca la primera diferencia. Cuando te adentras en las antípodas culturales te das cuenta de lo mucho que nos hemos alejado de la cadencia de la naturaleza. Nosotros hemos acelerado la vida y nos hemos ido alejando del entorno. Nos hemos aislado como especie. Conviviendo con los indígenas recuperas cierta armonía, aprendes a mirar alrededor.

«Allí nos dimos cuenta de lo que nos hemos alejado de la cadencia de la naturaleza»

«No conozco a nadie que se arrepienta de haber viajado. Pero para mí, además es un oficio»

-¿Se ven en el Pacífico atisbos de la destrucción del planeta, o todavía existen signos para la esperanza en aquellos territorios que visitó?

-Pues diría que ambas cosas. Desde luego que hemos visto las heridas abiertas que ha provocado el hombre. Las selvas de Borneo han sido arrasadas para los cultivos de aceite de palma. En Papúa comienza a pasar lo mismo. En Laos apenas quedan tigres y hay muchas especies al borde de la desaparición. La lista es muy larga... pero también hay tribus que luchan por mantener su estilo de vida. Un hombre de la tribu de los penan (Borneo), que sigue luchando contra las empresas madereras que están amenazando su hábitat, me dijo '¿qué harías tú si voy yo a la ciudad, robo los supermercados, invado tu casa, arraso los bancos, los colegios, los hospitales... Pues eso está haciendo el hombre blanco con nuestro hogar, la selva'.

-El éxito que tuvo 'Pacífico' en RTVE revela que el espectador sí responde cuando se le ofrecen productos de calidad...

-Yo siempre defenderé esa idea. Hemos oído muchas veces que el espectador sólo quiere contenidos frívolos, televisión basura. Yo lo cuestiono, porque estoy seguro de que si conseguimos hacer una televisión de calidad, el público sabrá apreciarlo. Entretenimiento no significa vulgaridad. Hay muchas formas de pasar un rato agradable delante de la televisión. Si además, consigues inspirar un poco, contagiar al espectador de tu pasión por conocer el mundo, entonces habrás conseguido un momento mágico.

-¿Qué lugar de los que ha visitado nos recomendaría para pasar una temporada de vacaciones?

-Diría que Vanuatu, un archipiélago espectacular, con paisajes insólitos, volcanes, playas y comunidades indígenas que parecen sacadas de otro tiempo.

-En Papúa vivieron la parte más peligrosa del viaje...

-Sí, pero fue maravilloso. Nos movimos en canoas, atravesamos selvas, tuvimos problemas para conseguir porteadores, pillamos la malaria... Fue parte del precio que tuvimos que pagar por una experiencia bestial que mereció la pena.

-¿Cuánta adrenalina se genera en su oficio? ¿Tiene mucho de adictivo?

-Es más bien un vicio. Viajar es la más sana de las adicciones. Acabas viviendo muchas vidas en un viaje de un año. No conozco a nadie que se arrepienta de haber viajado. Pero además de eso, para mí es un oficio: contar historias por el mundo. Se ha convertido en una doble necesidad. Y, ya estoy pensando en el siguiente viaje, que mira hacia el Atlántico.

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