122 años de cine en Tolosa

Tolosa siempre ha sido un pueblo muy cinematográfico y el sistema de bonos ha consolidado la afición de ir al Leidor / IÑIGO ROYO
Tolosa siempre ha sido un pueblo muy cinematográfico y el sistema de bonos ha consolidado la afición de ir al Leidor / IÑIGO ROYO

El historiador local Paco Lizarralde publica un estudio sobre el mítico Igarondo y otros cines en la villa | Tolosa llegó a contar con cuatro cines en los años 70, entre ellos el Igarondo, que era más que un cine, un reclamo para la chavalería

El Diario Vasco
EL DIARIO VASCOTOLOSA.

«Tolosa siempre ha sido un pueblo muy cinematográfico». El historiador local Paco Lizarralde lo afirma con rotundidad, tras realizar un interesante estudio sobre la historia del cine en la villa, con especial dedicación al mítico Igarondo. Ahora que el cine-club acaba de cumplir sus 40 años rebosante de salud, y que los primeros vestigios cinematográficos en Tolosa cumplen 122 años, se hace más que oportuno incluir en esta crónica local un extracto del estudio que ha elaborado Paco Lizarralde. Sin duda, una buena lectura para el tranquilo verano tolosarra.

«El cine Igarondo era un cine parroquial que fue cerrado en la década de los 80 del siglo pasado y derribado allá por los años 90. Como bien se ha solido decir, Tolosa contaba allá por los años 70 con cuatro cines: el Igarondo, el Gorriti, el Iparraguirre y el cine Leidor.

Las primeras noticias de cine en Tolosa datan de diciembre de 1897, en la que, se cita a una empresa pionera de dicho arte que «dio 2 sesiones en el salón de la villa». En 1928 funcionaba solamente el cine 'Sport'. Durante el siglo XX, el cine adquirió cada vez más una importancia capital como espectáculo popular.

El panorama cinematográfico, en la provincia de Guipúzcoa, alcanza su momento culminante en el año 1966, y en esa década de los sesenta mantiene un interés inusitado del público en general. Las salas cinematográficas son super rentables. Pero con la irrupción de la televisión por los años sesenta y su consolidación, en los hogares tolosarras, allá por los años setenta, se inicia un descenso acusado en la asistencia de espectadores a los cines locales. La aparición de nuevas formas de entretenimiento como la citada 'tele', el automóvil y las discotecas, comenzaron a restarle público al espectáculo cinematográfico, y los cines Gorriti, Igarondo e Iparraguirre fueron cerrándose paulatinamente.

El único cine que subsistió fue el Leidor, gracias a la labor del alcalde Gurruchaga, que lo municipalizó. Al cine-teatro Leidor se le hizo una reforma completa, en 2006. Ahora está perfectamente dotado para todo tipo de actuaciones escénicas y audiovisuales. Dispone de 800 localidades y de un equipamiento completo para todo tipo de proyecciones, combinación de luces y sonidos. El local está climatizado y tiene siete camerinos.

Se comenta que Tolosa goza de muy buena salud cinematográfica y que el sistema de bonos supuso (qué gran iniciativa del cine-club), 'un antes y un después'. Un sistema que ha sido aceptado plenamente. El cineforum o cineclub ha cumplido con todas sus expectativas, en sus 40 años de existencia o historia, con sus consiguientes proyecciones y charlas de los jueves. Dicho cineforum se ha encargado de crear afición en la localidad. Algunos de sus entusiastas responsables, como Eduardo Alegría, José Mari Lopetegui e Iñigo Royo suelen afirmar que «el éxito que tiene el cine aquí no lo tiene en ningún sitio».

Los cines de Tolosa han sido siempre los referentes de su comarca. Tolosa ha tenido una tradición cinematográfica muy importante. Al hablar de los cines de Tolosa afloran inmediatamente unos bellos recuerdos. Estos recuerdos, concentrados en el cine Igarondo, que hoy queremos recrear y de paso dar un pequeño reconocimiento a la figura y memoria de Aureliano Gómez Lopez 'Aure'.

Aureliano llegó de su Logroño natal a nuestra villa de Tolosa, el 6 de enero de 1947, a los veintitreś años de edad. Aquí conoció a Irene Marijuán y ambos contrajeron matrimonio. Las décadas de los 50 y 60 fueron años muy duros. Para sacar adelante a la familia se practicaba el 'pluriempleo'. Aure trabajaba en las limas Azáldegui y Amiano, en el barrio industrial Usabal. Simultaneaba su trabajo en la fábrica, siendo maquinista del cine Iparraguirre y también de los cines Igarondo y Gorriti, cuando faltaban los maquinistas-proyectistas. Además, hacía las delicias de la 'grey' infantil. Vendía caramelos y chuches en el cine Igarondo. Fabricaba en casa los pirulís de barquillo y pirulís de papel, empaquetaba en celofán los cacahuetes, pipas de girasol y 'pachienchis', que los vendía a pie de cine o en el ambigú que regentaba en el cine Igarondo, donde colaboraba toda la familia.

Los chavales del barrio de Berazubi solían ir a los bautizos a recoger las monedas que allí se arrojaban y después acudían a casa de Aure para comprar sus golosinas. Dos pirulís de barquillo valían una peseta; cuatro barquillos de pirulís, de papel, también una peseta.

El ambigú

Aureliano, durante mucho tiempo, los fines de semana, compraba pasteles en Gorrotxategi y los domingos por la mañana los rifaba en la localidad de Oria-Lasarte, con unas cartas pequeñitas de papel, que compraba en el bazar Easonense. Los domingos por la tarde se dedicaba a llevar el ambigú del cine Igarondo de Tolosa. En el ambigú, aparte de las golosinas, también se despachaban bebidas, cervezas 'El León', sidra dulce Mai-Ona y sobre todo la bebida que más éxito tenía, que era la gaseosa Pachicu.

Igarondo era el cine de la chiquillería del pueblo y pronto sus hijos empezaron a colaborar vendiendo pipas y pirulís, en los descansos y cambios de bobina. En casa, también se trabajaba, había que empaquetar en bolsitas de celofán, las pipas que traía en enormes bolsas de cinco kilos y poner palitos a los pirulís que se hacían en casa.

El cine Igarondo era un cine parroquial, con lo cual ya admitimos o prejuzgamos que su finalidad era recrear a la chiquillería local. La cartelera se componía de películas de Marisol, comedias españolas y sobre todo las del Oeste americano. Solía haber dos sesiones, una a las cinco y otra a las ocho.

Aureliano veía las dos sesiones. En las películas de Oeste, que tanto suspense tenían, la chavalería local solía estar ensimismada, cuando había los consabidos duelos del indio y el 'chico bueno', y las famosas batallas de los Sioux con los del 'Séptimo de Caballería', y en esos momentos álgidos, Aure que había estado en la sesión anterior, les decía: «Tranquilos chavales que el bueno no muere», o les explicaba la situación «para que no se produjeran taquicardias».

Aureliano Gómez López falleció en Tolosa, a los 88 años de edad, el 4 de marzo de 2013. A los funerales que se celebraron, en su honor y memoria, en la iglesia de los PP. Sacramentinos, acudió un innumerable gentío, dándole el último adiós y transmitiendo su solidaridad a un hombre que se había distinguido por su sencillez, bonhomía y cercanía. Son tantas emociones, infinidad de anécdotas, momentos inolvidables de nuestra juventud que siempre recordaremos con tanto cariño. Anécdotas cinematográficas que siguen todavía en la retina de muchos tolosarras, sobre todo del cine Igarondo, y en particular a Aureliano».