Aprendiendo con los gigantes y cabezudos

Los alumnos les ofrecieron su particular Polonesa a los gigantes/
Los alumnos les ofrecieron su particular Polonesa a los gigantes

Hirukide lleva la comparsa al aula y los incluye en su método pedagógico

ELENE ARANDIA

Hace varios años que Hirukide comenzó a trabajar en un nuevo plan, a través del cual durante el año desarrolla proyectos de comprensión de temática variada que escapan de la tradicional metodología pedagógica y sumergen a los alumnos en mundos donde entran en juego la ilusión y la motivación, y de manera natural y sorprendente, comienzan a florecer sus infinitas inteligencias.

Durante los últimos años, en estos proyectos de comprensión se han trabajado temas como la Edad Media, la Prehistoria o los indios, pero en los meses de mayo y junio, un grupo de ochenta niños y niñas de cinco años han tenido la posibilidad de trabajar y conocer de primera mano el funcionamiento de la Comparsa de Gigantes y Cabezudos de Tolosa. Una de las profesoras encargadas de diseñar dichos proyectos comenzó a desarollar uno en torno a la comparsa con una serie de actividades a realizar y unos objetivos escolares a cumplir, donde se han trabajado hasta nueve inteligencias. «Están muy enraizados en las fiestas, los niños los conocen, y sabemos que en más de un caso, entran en juego temas como el miedo y el respeto, por lo que quisimos trabajarlos», cuenta la profesora Ro Agirrezabala.

Las profesoras encargadas de llevar a cabo el proyecto se pusieron en contacto con Iñaki Moyua, miembro y encargado de la comparsa, para recabar información acerca de la historia de la agrupación y de cada una de las figuras. «Siempre lo hemos tenido en mente y sabíamos que se podían hacer actividades de este tipo con las escuelas. Un objetivo que tenemos pensado cumplir una vez que tengamos nuestro espacio adecuado. Fuera de aquí, las comparsas de gigantes, como por ejemplo, la de Pamplona, realizan visitas anuales a las escuelas, pero éstos han ido más allá y pienso que han sido pioneros en ello. Para nosotros ha sido la confirmación. Lo que no nos esperábamos era todo ese trabajo que han realizado en incluir la comparsa en la metodología pedagógica y el trabajo de las inteligencias», apunta Moyua.

Una vez creado el material, adaptada y simplificada la información a un lenguaje infantil y más adecuado para su entendimiento, cada día presentaban a los niños a un personaje distinto, de modo que han finalizado el curso conociendo todos los detalles y la historia de cada uno de los personajes. Presentaban a Domenjón González de Andia como un tolosarra que en aquella época, el año 1410, y en su niñez fue buen estudiante y que tuvo muy buen trato con los Reyes Católicos y de Inglaterra, pero la lógica de muchos les llevaba a pensar que había sido un gigante de verdad y que por lo tanto, habría tenido serios problemas para caminar por la calle.

«Ha sido un trabajo muy completo, donde hemos podido trabajar las emociones, el lenguaje o la habilidad artística, además de haber aplicado el tema a las matemáticas con ejercicios simples que contenían las figuras de los cabezudos, o con deberes en los que tenían que adivinar el peso y la altura real de los gigantes midiéndose en casa con la ayuda de sus padres y madres. La motivación que han tenido los pequeños en el día a día, incluso para acudir a la escuela, era asombrosa. Tengo en mente a uno de los niños que no paraba de repetir lo que disfrutaba y lo ilusionado que se sentía de poder ver y trabajar en la escuela aquello que más le gusta», añade Agirrezabala.

Un antes y un después

El miedo, sin embargo, es uno de otros muchos factores que acompañan a la comparsa al pisar la calle, y que las profesoras de Hirukide han tenido en cuenta para trabajarlo. «Ocurría, sobre todo, con los cabezudos, y para ello, cada alumno creó el suyo con cajas de cartón. Han estado expuestos durante todo este tiempo en el pasillo junto a los dibujos coloreados de los gigantes a tamaño real; es curioso, pero en un espacio tan concurrido y de uso lúdico como es el corredor, los han respetado como nunca y como nada», señala.

Una vez realizado cada trabajo, las profesoras lo fotografiaban y enviaban a Moyua el resultado. «Le propusimos ir a un ensayo de sanjuanes para conocer dónde y cómo dormían las figuras, y nos respondió que estaban tan agradecidos que habían decidido acudir a la escuela», añade Ro. «Me invitaron varias veces, y en una de las visitas me quedé alucinado de la exposición que habían montado en el pasillo con todos los trabajos, donde, incluso, se habían involucrado chavales mayores y los padres. Aquel día, me comentaron que el pasillo llevaba tres semanas intacto, y que como mucho, si alguna de las figuras se había movido lo colocaban en su lugar», cuenta Iñaki Moyua.

La visita de la comparsa al patio tuvo lugar días antes de los sanjuanes, y fue una cita «muy emocionante», en la que los alumnos pudieron tocar las figuras, poner en práctica todo lo aprendido, y donde como sorpresa, ofrecieron su particular baile Polonesa a los gigantes.

El creador de las figuras señala que esta iniciativa ha servido de gran ayuda a la comparsa, ya que «precisamente, crear cultura hacia algo es lo más difícil. Si desde un principio nos acostumbramos a hacer uso de un gigante o un cabezudo de verdad por motivo de un regalo, se va la magia. Lo bonito es partir de la caja de cartón», dice.

Desde el centro señalan y agradecen la implicación mostrada por los padres y madres de los alumnos en este nuevo camino, ya que además de acudir en horario de clase al centro para participar en muchas actividades, han realizado una gran labor de apoyo, varios de ellos han participado incluso en la restauración de forma totalmente altruista de un número de cabezudos de los que disponía un profesor de Hirukide, las primeras figuras de cabezudo, de serie, con los que contaba Tolosa.