REGRESO AL FUTURO... PASADO

Mírala, mírala, mírala, mírala... La cebadería Lardíes viendo pasar la vida desde 1866. /  FOTOS IÑIGO ROYO
Mírala, mírala, mírala, mírala... La cebadería Lardíes viendo pasar la vida desde 1866. / FOTOS IÑIGO ROYO

JAVIER ZURUTUZA

Hoy me toca rectificar (¡qué raro!). Creí descubrir en el libro de Urretabizkaia sobre el comercio el local más antiguo de Tolosa, Gabirondo. Me equivoqué. Esta es la historia del comercio más antiguo de Tolosa. 1866.

PD 1. Francisco Uharte nació en Berrioplano (Navarra) en 1836, y Avelina Ardáiz, diez años más joven, en Pamplona, donde se casaron en la catedral en 1865. Para Francisco, liberal convencido y partidario de la implantación de la República, el ambiente prebélico que se respiraba en la Navarra de aquellos años era inaguantable, y cogiendo los cuatro bártulos que tenía, se vinieron a Tolosa recién casados, poniéndose a vivir en la calle Rondilla, 16. ¿Sabías el origen del nombre Rondilla? Antes de existir la calle, pasaba por ahí la regata de Erretengibel, que hacía que Tolosa fuera una isla, rodeada por este lado con la propia regata y por el otro con el río Oria. Las casas de la calle Aroztegieta constituían el final de la villa en el borde de la muralla, y como medida de seguridad para la población, la guardia efectuaba una ronda de extramuros para impedir la entrada de intrusos, en particular por la puerta situada a la altura de la actual calle Leiza. Esta ronda militar motivó el nombre de Rondilla en el argot popular. Para poder cruzar la regata, además de algún puente existente, había lugares donde había piedras, colocadas en el cauce. De su nombre en euskera, arri pauso, procede el nombre de Arpausokale, por el que algunas personas aún llaman a la calle Aroztegieta.

PD 2. Al desaparecer la muralla a comienzos del siglo XIX, la regata Erretengibel se canalizó, construyéndose encima de la actual calle, y el primer ensanche, calle Beotibar y calle Convenio (Actual Antonio Lekuona), a la que se le puso ese nombre por el Convenio de Bergara, que puso fin a la Primera Guerra Carlista. Más tarde, en 1853, se construyó la preciosa plaza que hoy conocemos como Euskal Herria y que entonces recibió el nombre de plaza Nueva, y más tarde, Plaza Justicia. Precisamente en una de las viviendas construidas en la plaza, con entrada por la calle Rondilla, se pusieron a vivir Francisco y Avelina, y allí tuvieron nada menos que 21 hijos. En los bajos de la casa, existía una cebadería, y al año siguiente de su llegada, en 1866, seguramente para financiar su proyecto de superfamilia, Francisco se hizo con las riendas del negocio.

PD 3. Hemos dicho que tuvieron sus 21 hijos en Rondilla 16, pero no es del todo cierto, porque con el estallido de la Segunda Guerra Carlista, Tolosa cayó en manos de los carlistas en 1874, y los vecinos que simpatizaban con la causa liberal, huyeron a Donostia con el alcalde y concejales a la cabeza. Francisco y Avelina, que además de anticarlistas, habían vendido pienso al ejército liberal para alimento de su caballería, cogiendo los hijos que ya habían nacido, y su escasa fortuna, marcharon junto con sus correligionarios al exilio, que iba a durar dos años, hasta la derrota carlista. En ese tiempo nació uno de sus hijos, el único 'ñoñostiarra' de la familia.

Francisco murió el día de todos los santos de 1916, coincidiendo con el nacimiento de Santos Mokoroa (de ahí su nombre). Casualmente, ese día se inauguraba el actual cementerio, trasladado de su antiguo emplazamiento de la calle Larramendi. Por esta curiosa circunstancia, fue el primer enterrado en panteón en la nueva necrópolis. Al fallecimiento del bravo navarro, la cebadería pasó a manos de su familia, y una de sus hijas, al convertirse en la Señora de Lardies, rebautizó el comercio con el apellido de su marido, llegando hasta nuestros días con ese nombre, aunque entre los muros del establecimiento casi se puede oir respirar aún a sus creadores, Francisco y Avelina, que abrieron sus puertas hace 153 años.

PD 4. Hablando de comercios antiguos. En 1949 Juanito Ugarte abrió la relojería Ugarte. Pronto, mi tía Manoli Ibarrolaburu entraría a trabajar, y aunque se llamó relojería, también fue joyería. Juanito falleció muy joven, 52 años, y Manoli y su hija Amaia han llevado el negocio. 70 años después se cierra, pero habrá relevo generacional. Unai Mendieta Ugarte, hijo de Amaia, abrirá un taller artesanal abierto al público en la avenida de los Fueros. Se llamará Ugarte. «Ugarte, Ugarte, tus relojes me hacen soñar...». ¿Te acuerdas?