Una tormenta que quedó en un gran susto

La Policía Municipal y los voluntarios de Protección Civil, en el paso inferior de acceso a la N-I en San Juan.Las escaleras de la 'Prazuela' convertidas en un río. /
La Policía Municipal y los voluntarios de Protección Civil, en el paso inferior de acceso a la N-I en San Juan.Las escaleras de la 'Prazuela' convertidas en un río.

Por momentos hizo pensar en la registrada en aquel nefasto día del 19 de mayo de 1990

ORDIZIA.

Quienes vivieron la tormenta de aquel 19 de mayo de 1990, popularmente 'la pedrada' es algo que de lo que no solo no olvidan sino que cada vez que escuchan un trueno, ese contundente sonido y aviso les lleva a revivir aquella tarde de sábado de hace tres décadas, que ha quedado grabada en su memoria. Tormenta que causó graves daños.

En una secuencia, en este mes de julio, de tormenta al día, la del domingo resultó especialmente violenta. Un fenómeno meteorológico, de esos que impone respeto, que al final y a la postre, causó, afortunadamente, menos problemas y pérdidas de las que en principio podía parecer.

Curioso, y probablemente una circunstancia que facilitó o evitó males mayores, el hecho de que tuviera lugar, primero en día festivo, y segundo, poco después de las 6 de la tarde, de una jornada dominical con muy poco tráfico en la N-I, a una hora en la que la televisión retransmitía la final de la Copa del mundo de fútbol, que los índices de audiencia recogen, contó con un poder de convocatoria sensacional, con una punta o máximo, a las 18.42 horas, de 9.531.000 espectadores y un 65% de cuota de pantalla.

Una descarga, de poco más de 10 minutos, de agua y granizo, acompañada de fuerte viento. Auténtica furia de la naturaleza que por mementos hizo pensar en lo peor, pero tras la calma el primer balance de daños, habla de problemas menores. En la estación meteorológica instalada en el deposito-central de la calle Egutera Bidea, el pluviómetro registraba 28 litros de precipitación por metro cuadrado. Destacada cantidad, que en una localidad encajada en las dos laderas del valle del Oria, convirtió, sobre todo las calles más empinadas, (la propia Egutera Bidea) en auténticos ríos, fuerza del agua que en muchos casos provocó que las alcantarillas y sumideros en lugar de recoger semejante avenida de agua se convirtieran en salida de un potente chorro.

Otro tanto ocurrió con los canalones de viviendas y edificios, incapaces de dar salida a todo lo que les llegaba. En días de inmediatez de la imagen, distribuida y rebotada a la enésima a través de los teléfonos móviles, sin duda la más vista y quizá impactante ha sido la del pasillo de acceso al polideportivo Majori, al que entraba el agua que no lograban despachar los canalones. Vídeo que, eso sí, lleva a pensar que el techo de cristal ha quedado destrozado cuando no sufrió el menor desperfecto.

En un momento en el que el polideportivo no registraba especial concurrencia, los responsables del centro optaban por desalojar y poner manos a la obra con las tareas de limpieza, lo que permitía que la instalación abriera ayer sus puertas a la hora habitual; las 7.00. En una jornada, la de ayer, en la que seguía lloviendo, quedaba cerrado el acceso a la piscina exterior, para afrontar las tareas de limpieza.

A reseñar que inicialmente, la tormenta dejó a la localidad sin suministro eléctrico, rápidamente reestablecido en la mayoría de los casos, si bien todavía ayer faltaba en el entorno de la calle América.

Volviendo al relato de los problemas que ocasionó la acumulación del agua cabe reseñar que la 'Calderería' vial de conexión con Zaldibia, fue testigo de una gran balsa al igual que el paso inferior de acceso a la N-I, en San Juan.

En el entorno de la Calderería, las diferentes empresas allí ubicadas, entre ellas Orkli, asistía ayer a tareas de limpieza que no impedían la normal actividad laboral.

A la hora de hacer frente a la contingencia, a la Policía Municipal se sumaba una decena de voluntarios de Protección Civil, que de manera prioritaria achicaban el agua embalsada en los accesos a la N-I.

De ahí en adelante, tocaba retirar ramas, incluso algunos árboles, además de gran porte, como el que el viento arrancó de cuajo en Industrialdea, con tan buena suerte que no causó desperfectos, dado que al tratarse de una jornada festiva apenas había coches, en una zona, que entre semana se muestra totalmente saturada de todo tipo de vehículos. Finalizadas las labores más urgentes, los miembros de Protección Civil se retiraban a las 21.00.

A media mañana de ayer el Ayuntamiento llevaba a cabo un primer balance en el que no constaban incidencias, más allá de trabajos de limpieza. Quienes han vivido situaciones similares saben que es infinitamente más práctico afrontar las labores de limpieza inmediatamente porque si se seca el barro, luego, cuesta el doble. En días en los que un invierno prolongado, reclamaba, a la segunda, reponer lo plantado en la huerta, parece que al menos en Ordizia, un producto de gran estima como el tomate ha quedado, ahora, más que baqueteado.

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