Pepe Arzelus, toda una vida ligada a su pasión por la música

Pepe Arzelus, ante el órgano de la parroquia de Gabiria; y en el centro, junto al ochote Eguzkilore que visitó Ordizia en agosto del año pasado. /
Pepe Arzelus, ante el órgano de la parroquia de Gabiria; y en el centro, junto al ochote Eguzkilore que visitó Ordizia en agosto del año pasado.

El Diario Vasco
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. El pasado sábado fallecía, el ordiziarra, de adopción, popularmente, Pepe Arzelus, a efectos oficiales, José Antonio Arzelus Igarzabal, un hombre, discreto a la enésima, alérgico a la notoriedad, que nunca hizo el curso para aprender a decir 'no', para quien la música fue su pasión, a la que, circunstancias de la vida, no pudo dedicarse, profesionalmente.

Nacido en 1937 en Gabiria, hijo del organista, y dotado de manera natural para la música, a los 11 años, tras el fallecimiento de su padre se hace cargo del puesto de organista de la parroquia de Gabiria, responsabilidad que ejerció durante 17 años. En cualquier caso, siendo el mayor de los hermanos, a los 14 años no le quedó otra que incorporarse, como era lo habitual en aquellos días, al mundo laboral. Días en los que tras aquellas larguísimas jornadas en la fundición, venía hasta Ordizia en bici para estudiar solfeo, piano y órgano con José Luis Gurrutxaga, director de la Banda de Música de Ordizia, estudios de piano que posteriormente convalidó en el Conservatorio Municipal de San Sebastián. De la misma manera aprendió a tocar el acordeón.

A la vuelta de la 'mili', ante el hueco que en aquellos primeros días de la década de los 60 de la pasada centuria dejaban las bandas municipales en el panorama musical, se incorporó a aquellos conjuntos modernos de la época, como la Orquesta Beotibar o la Orquesta Bolero, pero su pretensión de vivir de la música se desvanecía porque aquello no daba para vivir. Y de esta manera volvió al mundo de la empresa hasta su jubilación.

Casado con la donostiarra María Pilar Iriarte, el matrimonio fija su residencia en Ordizia, concretamente en Otegi Enea, por aquello de la proximidad al centro de trabajo. Asentado en el Goierri, Pepe Arzelus, asistía a Gabiria cada domingo y en las ocasiones especiales al objeto de hacer vibrar el viejo órgano barroco de 1804 de la parroquia.

Y en esto, era el doctor Ander Letamendia, que compartía con Pepe además de una relación de amistad, una pasión por la música, el que le proponía incorporarse, como organista, a la Capilla de música de Tolosa, y lo que en principio iba a ser algo pasajero, se convirtió en una responsabilidad, dicho sea de paso, como detalle no menor, desinteresadamente, durante 24 años.

Joseba, hijo mayor de Pepe Arzelus, apunta que si bien para su padre el pentagrama suponía un todo, la música sacra, y en concreto, interpretada al órgano, era su predilección. Durante su vinculación a la agrupación tolosarra siempre destacó a autores como Felipe Gorriti, a quien calificó como auténtico genio de la música, al igual que a Ignacio Mocoroa.

Y en esa concatenación de casualidades que ha supuesto su actividad musical, las circunstancias querían que al poco de iniciado este siglo XXI, la vacante como pianista en el Orfeón de la Castaña de la sociedad Gaztelubide de Donostia, le cayera en bandeja a Pepe Arzelus, invitación que una vez más recogía. Coro con el que además de hacer frente a los innumerables compromisos que atiende la entidad, recorría medio mundo en los viajes, que con carácter anual, afronta la agrupación.

Destacado, de manera reciente, el circuito por Polonia y Alemania, con visitas a las ciudades de Varsovia, Czestochova, Gracovia, Wroctaw y Berlín, con actuaciones en Varsovia (iglesia de Santa Bárbara), Czestochowa, en el santuario de Jasna Gora, Cracovia en la iglesia de San Pedro y San Pablo, en el ayuntamiento de Wroclaw, como capital europea de la cultura del año 2016, y en Berlín, en la embajada de España.

De todos esos viajes, subraya Joseba, nuestro padre trajo un recuerdo imborrable de la actuación del coro y de su interpretación al órgano en la catedral de San Patricio de Nueva York. «Y aunque el aita no se dedicó a la composición», apunta Joseba Arzelus, «sí ha pasado al lenguaje musical todas aquellas canciones de la tradición oral que carecían de partitura y le solicitaban perpetuar en el pentagrama, en Gaztelubide alguien le propuso componer el himno de la sociedad, y escribió una marcha, adecuada; arreglos, a continuación, para tambores y barriles, marcha que desde hace un par de años, la sociedad interpreta a sus puertas el día de la tamborrada». Y en Ordizia, apunta Joseba, «el aita ha colaborado con la coral Santa Ana, a menudo puntual al concierto de Navidad y de la misma en tantos viajes que ha llevado a cabo la agrupación por Argentina, Roma, Galicia, etc».

Su última aparición en público fue precisamente hace ahora un año, a finales de este mes de agosto, con motivo de la visita a Ordizia, dentro de los actos del 750 aniversario de la villa, del coro Eguzkilore de Donostia, ochote de la Cofradía Vasca de Gastronomía, en la que concurría más de un miembro del Orfeón de la Castaña, de Gaztelubide.

Cuentan sus más íntimos que, pese a que la enfermedad apenas le mantenía con fuerzas, todavía, de manera reciente, acudió, en varias ocasiones a la parroquia de Herrera, requerido por su párroco, para asistirle en la correspondiente misa funeral, y es que se habían quedado sin organista.

Farmacia de guardia

Hoy miércoles, servicio de día, Cuesta, de Beasain. Turno de noche, Rekalde, de Ordizia.