Nuevo curso para la sociedad Altarte

Chari Campano, en Altarte, ante varios de sus cuadros. / MARIN
Chari Campano, en Altarte, ante varios de sus cuadros. / MARIN

Acoge la colección de pintura que en su debut ante el público ofrece Chari Campano

El Diario Vasco
EL DIARIO VASCO ORDIZIA.

Aunque a efectos prácticos viene a ser un engarce con el final y ya despedido 2018, y el comienzo de este recién llegado 2019, la sociedad Altarte, en su faceta de mecenas de la actividad artística, da la bienvenida al año con la muestra que ofrece hasta el próximo día 20, Chari Campano Albéniz, en la que representa su primera exposición individual, ante el público.

El encuentro y devenir de Chari Campano en el mundo de la plástica viene a coincidir con el de otras, siempre mujeres, prácticamente de su misma generación, a las que las circunstancias de la vida les dio tarea doble; ser madre y ocuparse de la familia, y llevar a cabo una actividad laboral. Y así las cosas, cualquier actividad fuera de este guión quedaba aplazada.

Recuerda que cuando se jubiló una amiga le contó que solía ir a Barrena al taller de Patxi y que estaba encantada. La lámina, los lápices de colores, dibujar, pintar siempre había sido una tarea pendiente y ni corta ni perezosa, se presentó en la Casa de Cultura, preguntó por 'Patxi' y coincidió con Patxi Morales, a cuyo taller lleva acudiendo 21 años.

«Dibujaba un poquito y me gustaba. Fui aquel primer día y llevo más de dos décadas asistiendo, los jueves, a clase, con un grupo encantador que hace que todavía sea más grata la estancia en el taller. Para mí el grupo hace muchísimo. Y después de tanto tiempo la relación con Patxi es la de un amigo».

Y en el taller de pintura, empezando de cero, afrontó el recorrido por todo el proceso de aprendizaje, primero dibujo, y a partir de ahí salto al pastel, a la cera, etc, hasta llegar al óleo. «Empeño en el dominio de la técnica, que con el tiempo te lleva a hacer algo reconocible, y con el paso de los años a buscar tu hueco, a tener, un poco, tu estilo».

Junto a la sempiterna obsesión por resolver correctamente la ilusión de profundidad; la perspectiva, haber conseguido cierta destreza ante el caballete supone una gran satisfacción personal. «En el taller hay gente que pinta muy bien. Desde ese punto de vista para mí se trata de una experiencia recomendable a toda persona que le guste pintar, experiencia a la que le acompaña un enriquecimiento propio y particular que aporta el grupo».

Ha hecho bodegones, figura humana, estampas taurinas, pero lo que más le gusta es el paisaje, rincones que fotografía y luego interpreta en el soporte. «Viene a ser un diálogo, tú y la lámina».

A la hora de acceder a la paleta de colores prefiere la gama cálida; ocres, naranjas. «Me gusta mucho el paisaje otoñal. Preferentemente óleo porque te permite corregir, y a pincel». Ha pintado aguadas pero se trata de una técnica más exigente.

Y evidentemente el paso del tiempo te va dando soltura. «Al principio recuerdo que afrontar un cuadro requería un proceso, lento, parsimonioso, delicado, ahora mi pintura es mucho más suelta».

Y con una trayectoria como la que nos ocupa, obra para dar y regalar. Y en el contexto, el amigo Patxi, profesor y amigo, gran mentor de Altarte, quien como hizo con otras de sus veteranas alumnas le proponía exponer en la sociedad de Altamira.

«Al principio, apunta, me dio cierto reparo. Hemos pintado durante mucho años en la calle, dentro del programa del '8 de Marzo, Día internacional de la mujer', obras con las que luego se lleva a cabo una exposición colectiva, he participado en la de los alumnos del taller en Barrena, pero la invitación a presentarme, en solitario, debutar ante el público, me daba un poco de respeto. Y nada, superado esos temores iniciales, estoy encantada».

A la pinacoteca de Altamira llega con 26 obras. No se trata de una exposición antológica pero sí de una muestra que incluye alguna de aquellas primeras obras y la más reciente, unas escaleras, de piedra sillar, captada en Ujué (Navarra). «Me ha sorprendido, favorablemente, hasta a mí. Creo que tiene mucho colorido».

Olvidado el inicial miedo escénico, y el hecho de haber cosechado numerosos elogios le lleva a poner la vista en una segunda exposición, esta vez en Barrena. Que claro que todo es empezar.