Nueva actuación de los amigos de la ermita en San Bartolomé

Miembros de la asociación de amigos de la ermita de San Bartolome en tareas de adecentamiento de la ermita este jueves. /
Miembros de la asociación de amigos de la ermita de San Bartolome en tareas de adecentamiento de la ermita este jueves.

El próximo día 24 será el único día del año en el que el sagrado recinto abra sus puertas a la feligresía

El Diario Vasco
EL DIARIO VASCO ORDIZIA.

El próximo día 24, festividad de San Bartolomé, la ermita, técnicamente basílica, volverá a abrir sus puertas, en el único día del año que lo hace para conmemorar, junto a la feligresía la festividad del santo patrón.

En un año en el que la localidad asiste a la celebración del 750 aniversario de la villa, se hace todavía más difícil pensar que aquellos primeros ordiziarras asentaran, en una zona de mucho tránsito, digamos que histórico, y difícil defensa, sus primeras moradas. Sí en cambio que representara un lugar de encuentro en un punto que supone una bifurcación de caminos.

Ahí queda, en cualquier caso, el hecho de que la ermita cuenta con más de 500 años de antigüedad documentados, lo que le convierte en una de las referencias más antiguas y renombradas de la localidad. Todo un patrimonio, religioso, cultural y sentimental del municipio.

Al día de la fecha, la alusión más antigua, se refiere al día de la constitución o reedición de la Cofradía de Santa Ana, entidad que el 26 de julio de 1509, reunida «en la iglesia de San Bartolomé de herdizia, en la cámara de arriba» renueva sus ordenanzas.

El historiador, Patxi Garmendia 'Mendigar', estima que es muy posible que la ermita tuviera su origen en la devoción de los romeros que afluyeron a las peregrinaciones de Santiago de Compostela. «Villafranca era punto de paso de una de las rutas del Camino de Santiago: la de Bayona a Burgos. Ruta, que atraviesa Guipúzcoa por el interior, y se adentra en Alava por el túnel de San Adrián. Posiblemente en el S.XII, ya existía la ermita de San Bartolomé que sería lugar de parada para los peregrinos», considera.

El último en terciar en torno al origen de la ermita de San Bartolomé era el arqueólogo, Iosu Etxezarraga, quien tras su labor investigadora, a pie del actual edificio religioso, concluye, que en ésta, su primera aproximación al origen de la ermita, el testimonio más antiguo, que ha encontrado en el edificio actualmente existente, corresponde al ábside, muro que cierra el edificio tras el altar, primeros vestigios que corresponden a la segunda mitad del siglo XV (1428-1500).

Hay constancia de que en 1516 se declaró una peste en el asilo que había en la localidad, de donde fueron conducidos muchos enfermos a la ermita de San Bartolomé y allí «estuvieron hasta que se remedió e fue atajada la dicha dolencia».

Beatas para su servicio

A partir de ahí diferentes referencias señalan que en 1625, según dice Isasti, tenía beatas para su servicio. «En 1748, en atención á que se hallaba derruida la casilla de la serora en la ermita de San Bartolomé, se acordó rogar al señor Marqués de Valmediano que la reedificara con los fondos de la misma ermita, advirtiéndole que la diferencia entre éstos y el coste total de la obra la satisfaría la Villa de sus fondos propios». En 1771, por orden del señor obispo, se dispuso proceder a la reducción de la ermita, tantas veces recordada; y vender la casita que ocupaba, antiguamente el ermitaño.

En ese paso natural y eje europeo de comunicación que representa, históricamente, el valle del río Oria, como eslabón de engarce entre la meseta y la Europa continental, relatan las crónicas que en esos días del verano de 1813, en su retirada, en el final de la Guerra de la Independencia, el cuerpo de ejército de las tropas napoleónicas, al mando del general Foy, quien en una perfecta interpretación de la táctica de arrasar con todo lo que encontraban en su camino; tierra quemada, a su paso por Ordizia, entre otras tropelías, tras haber salido zarandeando en Vitoria (21 de junio, otro tanto de lo mismo le ocurriría el 31 de agosto en San Marcial) tuvo tiempo de darle fuego a la ermita, cabe suponer que después de saquearla, como mínimo, que fue reconstruida en 1859, edificio que ha llegado hasta nuestros días.

Edificio que con el transcurrir de los días y acompasando al declinar del barrio fue cayendo en el olvido hasta convertirse en soporte de diferentes construcciones anexas, que han dejado huella en sus paredes.

Al objeto de revertir esa situación, hace ahora dos años, surgía 'Ordiziako San Bartolome Ermitaren Lagunak Elkartea, Osbele' entidad que, como primer paso centraba sus esfuerzos en evitar que el deterioro y abandono del templo fuera a más, y a partir de ahí, intentar rehabilitarlo. Dos años en los que han llevado a cabo obras de adecentamiento, y elaborado un plan de trabajo que en breve promete actuaciones de calado.

Mientras tanto y hasta ahora, han asistido a tareas de conservación; eliminación de goteras, pintado del interior del templo, recuperación de la puerta, picado de la capa (muy deteriorada) que revestía la pared de la fachada principal, que dejaba al descubierto la piedra (humilde) con la que está edificado el recinto religioso y este mismo jueves, en la antesala de la festividad del patrón, al picado de una de las paredes exteriores.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos