La ermita de San Bartolomé abre mañana sus puertas al culto

La ermita de San Bartolomé, en una de sus escasas aperturas para el culto. / MARÍN
La ermita de San Bartolomé, en una de sus escasas aperturas para el culto. / MARÍN

Es el único día del año que lo hace para conmemorar la festividad del santo patrono

El Diario Vasco
EL DIARIO VASCOORDIZIA.

A lo largo de estos últimos años, la ermita de San Bartolomé ha estado de plena actualidad debido a los importantes trabajos de arqueología y hallazgos que le han acompañado, en los que han jugado un papel muy importante los historiadores, Nerea Iraola, David Cano y Iosu Etxezarraga, quienes en este último número de la revista santanera recapitulan sobre este patrimonio histórico, arquitectónico y emocional de la localidad.

De salida y aludiendo a la tradición oral recogen que la ermita de San Bartolomé tuvo una gran importancia, anterior, a la fundación de la villa. Al parecer, antes de la construcción del recinto urbano amurallado, la primera parroquia del pueblo fue la que actualmente da nombre al barrio que nos ocupa. De ser cierto este mito, esto significaría que, al contrario que en la mayor parte de los casos acaecidos en Gipuzkoa, la fundación de la villa supuso el traslado de la 'capitalidad' a una zona antes deshabitada. Al mismo tiempo, supondría que la antigüedad máxima de la iglesia de Santa María (parroquia) no podría retrotraerse más allá de 1268, año de la fundación de la villa, y que incluso podría ser algunos años posterior.

El estado de la cuestión ha permanecido, hasta fechas recientes, en una situación de bloqueo. La ausencia de documentación ha impedido confirmar o desechar estas hipótesis, aunque la arqueología ha supuesto un nuevo camino que nos está conduciendo a la superación de estos obstáculos.

«En el 2012, comenzamos», subrayan, «una primera investigación sobre la ermita, con ayuda del Ayuntamiento y la Diputación, y pudimos comprobar que los cimientos del ábside de la ermita actual fueron construidos entre 1450 y 1520. Además, supimos que las tierras que constituyen el sustrato del área orientada hacia la N-I habían sido removidas, mecánicamente a fines del siglo XX. En todo caso, a pesar de que la intervención arqueológica realizada no aportó pruebas de la época anterior a la fundación de Villafranca y de que, además, se comprobó que posiblemente las evidencias más antiguas habían sido arrasadas en el interior del templo actual, se proclamó la necesidad de continuar con las investigaciones».

Vaciado documental

«En el 2018 llegó el momento de volver a la investigación. Por un lado, gracias al vaciado documental realizado en los fondos del archivo que atañen al pueblo de Ordizia, hemos conocido las transformaciones vividas por el templo de San Bartolomé durante la Edad Moderna. Por otro lado, se decidió realizar una investigación arqueológica más profunda para reconocer si en el subsuelo de la ermita y su entorno se escondían restos más antiguos. Los trabajos fueron realizados por estos tres historiadores y por el equipo de la empresa de arqueología Suhar, contando además con la colaboración de Geozone asesores (ya que se realizó una lectura geofísica; georradar, previa, para conocer si había estructuras enterradas y dónde)».

«Los resultados de la investigación fueron excelentes. Por un lado, se hallaron más restos de la iglesia anterior a la actual, tanto los muros construidos a finales del siglo XV como los correspondientes a los cambios realizados en el XVIII. Por otro lado, se detectaron otros muros. Los análisis efectuados nos indican que estos últimos fueron construidos a finales del siglo XIII o durante el siglo siguiente. Cabe pensar que la iglesia construida entre 1300 y 1400 fue ampliada cien años más tarde, con objeto de que pudiera acoger un mayor número de fieles».

«Además, en uno de los sondeos realizados en el interior del templo se detectaron huesos humanos y fueron recogidos durante los trabajos. Estos restos se encontraban a una cota profunda, por debajo de otros más recientes».

«Los resultados de las analíticas fueron, al mismo tiempo, tanto una sorpresa como la constatación de una hipótesis que ya contemplábamos. Los huesos correspondían a una persona que falleció entre los años 1120 y 1220. Por tanto, podemos decir que con anterioridad a la constitución de la villa de Villafranca existía un cementerio al borde del río Oria. Además, gracias a que los ritos funerarios de la época son sobradamente conocidos, se puede deducir que esos restos humanos fueron enterrados en torno a una iglesia, anterior, a las halladas hasta el momento».

Aldea cerca del río

«Aunque no conocemos cuándo se construyó la iglesia, parroquia, de Santa María, sabemos que la tradición oral sobre la ermita de San Bartolomé estaba en lo cierto en lo que se refiere a su longevidad. Por el momento no podemos añadir gran cosa, pero parece probable que unos 100 años antes de la configuración de la villa de Villafranca existía una aldea en un punto más cercano al río».

«A pesar de que los resultados han sido buenos, aún resta trabajo por hacer. Estimamos, concluyen, que debemos continuar el impulso iniciado a comienzos de esta década, para desentrañar nuevos aspectos sobre el origen de la localidad».

Una magnífica tarea retrospectiva, a la que hay que añadir, en el día a día, el gran trabajo que desde el 2016, año de su puesta en marcha, ha llevado a cabo la Asociación de amigos de la ermita, Osbele, a la hora de rescatar de su progresivo deterioro a la ermita y su entorno.

«De esta manera, en un abanico y momento de buenas noticias, atendiendo a la costumbre, mañana, 24 de agosto, a las 9 de la mañana, habrá misa en la ermita. Eucaristía, popular donde las haya, porque volverá a contar con la actuación del maestro Bernardo Alberro, del bertsolari Javier Zeberio, y si se anima, del amigo Antton Imaz. Celebración que si, de esta manera, siempre ha sido especial, en esta ocasión redobla ese carácter ya que en su despedida y retiro, será la última que oficia, como párroco, Jon Etxezarreta. Importante para la feligresía, llegar con tiempo porque el recinto religioso apenas ofrece un centenar de asientos».

Tras la misa, refrigerio ofrecido por los amigos de la ermita y tertulia. Y al mediodía, este año como novedad, comida por parte de los miembros de Osbele, a la sombra del frondoso y contiguo 'laurus nobilis'.