El edificio cubierto de la Plaza enfila ya el centenario de su inauguración

La Plaza en fecha anterior a 1923 antes de que comenzara la construcción del edificio cubierto./
La Plaza en fecha anterior a 1923 antes de que comenzara la construcción del edificio cubierto.

El acto oficial de apertura tuvo lugar el 11 de junio de 1925, festividad del Corpus

El Diario Vasco
EL DIARIO VASCOORDIZIA.

La Plaza, en concreto el edificio que viene a ofrecer una cubierta a esta zona tan céntrica, toda una imagen representativa de Ordizia, no solo está inmersa en su cuenta atrás sino que, a la vuelta de la esquina, concretamente en el 2025, asistirá al centenario de su inauguración.

Una obra a la que acompaña una larguísima gestación, con muchas idas y venidas, dificultades, y todavía más aún, desencuentros. En su revisión histórica a la Ordizia de hace 100 años, Iñaki Hidalgo constata que si bien el tema ya había sido objeto de debate en varias sesiones del año anterior, en aquel 1919 quedaba paralizado el tema ante los desacuerdos por su emplazamiento por lo que en todo el año no sería tema a debatir. Precisamente, añade Iñaki Hidalgo, el cronista de El Diario Vasco, en la crónica del 5 de enero se queja de ello, y de la misma manera, en la crónica del 23 de febrero lo hace el corresponsal de El Pueblo Vasco, quien alude a que los concejales no traten el tema por «rencillas políticas... y porque hay intereses creados de los 'nagusi-jaunas' del pueblo y estos tienen sus acólitos en el municipio».

75 años de espera

Todavía hubo que esperar unos años más, concretamente hasta 1923. Parece que el edificio de la Plaza empezaba a ser una realidad. Martín García Garmendia, en su publicación: 'La Plaza del mercado y su evolución (1850-1925)' ofrece un interesante y pormenorizado relato de una construcción, ahí es nada, que requirió 75 años de espera desde que se empezó a hablar de su necesidad, hasta que fuera una realidad.

La necesidad era clara: ante una climatología como la que nos ocupa, con inviernos largos, fríos y lluviosos, contar con un refugio y resguardo, al menos ante la lluvia, en especial los días de feria. Durante muchos años, apunta Martín García, la asignatura pendiente para que clientes y vendedores pudieran celebrar con resguardo y comodidad dicho mercado semanal de los miércoles fue un contar con un recinto cubierto para la feria.

Si al problema de la lluvia, reseña el autor, añadimos que en dicho espacio ferial el suelo de las calles era de tierra, además mal compactada, nos daremos cuenta de que con el trasiego de carros, y demás caballerías, el barro, los baches con charcos, el agua de lluvia y además del frío en invierno, imperaban entre los asistentes. Por ello una plaza cubierta del mercado se fue convirtiendo en una necesidad acuciante.

Precisamente, en esa revisión y repaso a la vida del municipio de 1919, el Ayuntamiento mantiene una reunión con el sobrestante de caminos de la Diputación, en relación al proyecto de arreglo del suelo de la Plaza pública 'echando nueva piedra y apisonándola'.

10.000 pesetas del año 1917

La primera dificultad que tuvieron que abordar los sucesivos ayuntamientos fue conseguir que el espacio de la plaza fuera más amplio que el existente y regular. Labor que les llevó más de medio siglo, tiempo en el que sucedieron los recurrentes y devastadores incendios, y periodo necesario para hacerse con los terrenos (huertas) de particulares y con los edificios, que hoy consideraríamos fuera de alineación y que el consistorio tuvo que comprar. El último, la casa Olariaga goena, por 10.000 pesetas del año 1917.

A partir de ahí, el autor pone el acento, como segunda razón peso, en las trabas legales, es decir, la «servidumbre de altura y luces» que dicho espacio abierto mantenía en relación a la docena de casas que tenía a su alrededor y que a priori impedían construir algo con cierta altura en dicho solar. Martín García subraya que no era fácil que los vecinos de dichas casas, «que tampoco eran cualquiera, aceptaran de buen grado la edificación de algo que les impidiera asomarse a sus balcones sin encontrarse con una pared de ladrillo a escasa distancia».

Chocante, sin duda, recoge el historiador, que en este lento y largo proceso, el consistorio del momento decidiera ubicar, en 1904, año de su inauguración, en la parte alta de la Plaza la estatua de fray Andrés de Urdaneta. Decisión adoptada, quizá, porque ante tanta traba a finales ya de ese siglo XIX se venía hablando de la opción de levantar la plaza cubierta, fuera del casco urbano, concretamente en la colindante 'Prazuela' que acogía la feria de ganado, idea que no convencía a los regidores municipales.

Hubo que esperar a 1913 para que se presentasen los planos del primer anteproyecto de una 'Plaza cubierta'. Martín García enfatiza que «por el pique que había entre ambas poblaciones, Beasain ya estaba edificando entonces una primera plaza cubierta con kiosko en su parte superior, aunque todavía de dimensiones muy inferiores a la actual. Durante esos años, aclara, ambos municipios andaban a la carrera por adelantarse al otro en la consecución de ciertos servicios o llevar a cabo determinados proyectos como los primeros». Por otra parte, aunque Beasain no tenía tradición de mercado semanal ya andaba celebrando por su cuenta una feria semanal, motivada sobre todo por el número de habitantes que había alcanzado en breve tiempo.

Presupuesto extraordinario

Otra cuestión, tampoco menor, era que el propósito ordiziarra reclamaba contar con un presupuesto extraordinario. Finalmente en 1917, el Ayuntamiento acordaba convocar un 'Concurso público de proyectos' que determinara lo que podría ser esa nueva y ansiada 'Plaza cubierta'. Al año siguiente se celebró una reunión con los propietarios de casas en la Plaza, con objeto de llevar adelante el proyecto de la 'Plaza cubierta del mercado' que se eligiera. Entre los regidores del municipio se volvió a incidir con insistencia en que su construcción resultaba vital para el porvenir del mercado semanal y para el futuro de la Villa.

El prestigioso arquitecto donostiarra Ramón Cortazar envió también un plano-proyecto en 1920 con una solución para dicha 'Plaza cubierta', que finalmente no fue la elegida. Tras muchos dimes y diretes que duraron tres años más, hubo que esperar hasta 1923 para que se aprobara el presentado por el arquitecto José Gurruchaga, proyecto por el que cobró 3.752 pesetas.

Definitivamente, las obras fueron adjudicadas el 23 de abril de 1923 a Francisco Eguia en 133.999 pesetas, y la dirección corrió a cargo de Luis Areitio. La ocasión se aprovechó para asfaltar el perímetro exterior. Aunque la Plaza, expone Martín García, pudo haberse inaugurado a finales de 1924, porque estaba prácticamente finalizada, ese acto protocolario y oficial no llegó hasta el 11 de junio de 1925, dicho sea de paso, festividad de Corpus.

Farmacia de guardia

Hoy martes, servicio de día, Laurnaga. Turno de noche, Rekalde. Ambas de Ordizia.