Compás de espera para San Bartolomé

El geo-radar en el interior de la ermita, levantada la loseta central./
El geo-radar en el interior de la ermita, levantada la loseta central.

La excavación arqueológica queda a la espera del informe que facilite el geo-radar

DV ORDIZIA.

Hace algo más de dos años, promovida por la inquietud de vecinos del barrio, en propuesta abierta a quien quisiera sumarse, surgía 'Ordiziako San Bartolome Ermitaren Lagunak Elkartea 'Osbele' como decidido empeño por afrontar el proceso de severo deterioro que amenazaba a la ermita.

Dos años que han servido, entre otras cosas, para llevar a cabo obras de reparación (goteras) y de adecentamiento, que le han devuelto al recinto religioso un aire nuevo y al grupo promotor la satisfacción y orgullo para seguir adelante.

Y nunca mejor dicho, metidos en harina, en la antesala de la celebración del 750 aniversario de la villa, los historiadores, Nerea Iraola y David Cano, que dicho sea de paso están llevando a cabo una magnífica labor en la localidad, miembros a su vez de 'Osbele' proponían hincarle el diente a la cuestión y meter la piqueta para mediante la correspondiente labor arqueológica, desentrañar qué guarda uno de los asentamientos más antiguos del municipio.

Como referencia documental más antigua que se conserva, queda el acta levantada por la Cofradía de Santa Ana, entidad que el 26 de julio de 1509, reunida «en la iglesia de San Bartolomé de herdizia, en la cámara de arriba» renueva sus ordenanzas.

Los propios autores, Nerea Iraola y David Cano, conjeturan que cabe pensar, que el edificio se amplió tras el gran incendio que asoló la villa en 1512, para ejercer de parroquia hasta que lo permitió la reconstrucción de la villa medieval.

Hay constancia de que en 1516 se declaró una peste en el asilo que había en la localidad, de donde fueron conducidos muchos enfermos a la ermita de San Bartolomé y allí 'estuvieron hasta que se remedió e fue atajada la dicha dolencia'.

No faltan alusiones a la casilla de la serora, a la casita del ermitaño, ni por supuesto a aquellos días del verano de 1813 en el que las tropas napoleónicas en su repliegue, saquearon y quemaron la ermita. Edificio, que tal y como lo conocemos hoy, se levantó en 1859.

Posible primera iglesia de la villa, sin duda, entorno en el que quedó ubicado y albergó, como tal, el primer cementerio de la localidad durante la práctica totalidad del siglo XIX. Y acompasada al discurrir de la pasada centuria, lento declinar hasta nuestros días.

A pie de obra, a comienzos de esta década, el arqueólogo Iosu Etxezarraga llevó a cabo una labor de investigación, fundamentalmente, en busca de las referencias y vestigios más antiguos existentes en el propio edificio de la ermita, menos en el subsuelo.

Ante la celebración del 750 aniversario de la villa, Osbele y el Ayuntamiento entendieron que era el momento de indagar en esta importante referencia del pasado de la localidad y propusieron la elaboración del correspondiente proyecto arqueológico, que redactaba Ander Arrese (Suhar Arkeologia).

Un trabajo de campo con un coste de 9.375 euros, al que la Diputación se ha sumado con una subvención de 4.400 euros.

Llega ahora el turno para la piqueta a la hora de excavar. En primer lugar el plan de actuación, asistió, la semana pasada, al trabajo llevado a cabo por especialistas de la empresa valenciana 'Geozone', que utilizaron un geo-radar, técnica que está dando muy buenos resultados a la hora de detectar objetos enterrados; metálicos, muros, columnas, cuevas, tumbas, criptas, cimientos, restos óseos, etc. Labor que afrontaron tanto en el interior del templo como en el exterior.

«Nos ha sorprendido la calidad de la lectura del subsuelo de este aparato que ofrece imágenes en tres dimensiones», destaca Nerea Iraola.

«Quedamos a la espera del informe de los especialistas, que tendremos para la semana que viene, pero una primera lectura adelanta y detecta que entre metro, y metro y medio de profundidad hay restos (paredes) de edificaciones. Es decir, que potencialmente, hay cosas».