Una familia que ansía «volver a lo simple»

Sophie y Maxime junto a su hijo Atalay./NUÑEZ
Sophie y Maxime junto a su hijo Atalay. / NUÑEZ

Maxime Lesca y Sohpie Teper, junto a su hijo Atalay, han recalado en Berrobi, donde viven «muy a gusto»

NUÑEZBERROBI.

La gente se gira al verlos y les confunde con hippies o titiriteros. Pero ni lo uno, ni lo otro. Maxime Lesca y Sophie Teper, de 28 y 26 años, junto a su hijo Atalay, de año y medio, forman una familia que vive entre Portugal y Francia, su país de origen.

La avería de su auto caravana ha traído hasta Tolosaldea a esta pareja francesa, que ha quedado encandilada con la zona. «Siempre pasábamos por la autovía cuando íbamos hacía Francia y pensábamos 'qué pena de pueblo, tan cerca de la autovía'. Estas semanas nos hemos dado cuenta que es muy tranquilo, la gente es muy amable», comenta Maxime. Después de estar varias semanas en Tolosa, llevan varios días en Berrobi con la invitación de Iñaki García 'Mapi' en la entrada a la huerta de Barazki Bizidunak, donde se encuentran «muy a gusto». Mientras descansan, desde allí han aprovechado para conocer Gipuzkoa. Los últimos días han estado en Pagorriaga y en la granja de cerdos de Lesmes en Berrobi, entre otros.

Esta pareja tenía claro su futuro desde que eran pequeños, aunque vienen de mundos muy distintos. Sophie proviene de los Alpes. Sus padres trabajaban en banca, en Grenoble, tenía una vida acomodada, aunque ella prefería el entorno rural donde vivían sus abuelos. «Cuando tenía cinco años ya decía que no iba a trabajar, aunque los profesores y mis padres me decían que eso era imposible», recuerda.

En la universidad empezó la carrera de Sociología y Antropología. Enseguida se dio cuenta que no era la vida que ella quería, así que lo dejó y se marchó a conocer mundo, para disgusto de sus padres.

Lo mismo le pasaba a Maxime, aunque su vida era muy diferente. Sus padres se separaron cuando él tenía tres años y pasaba una semana con cada uno hasta los trece-catorce años. Con su padre en la naturaleza, con su madre en la ciudad. Siempre le gustó más el contacto con la naturaleza, recoger hongos, pescar... A partir de los trece años vivía en la calle, donde se ganaba la vida con sus dibujos y la música.

Le gustaba el contacto con otra gente, pero en el entorno también había alcohol y drogas y decidió alejarse a los 18 años. Recorrió los Pirineos, de Bayona a Perpiñán. En Francia la venta callejera le traía problemas con la policía, así que decidió marcharse a Perú. Se gastó todos los ahorros en el viaje en avión, por lo que enseguida comenzó a vender sus artesanías para ganar algo de dinero.

En Portugal

Al cabo de un tiempo decidió volver a Francia, pero viendo que continuaban sin permitirle la venta callejera, se fue a Portugal, donde lleva alrededor de seis años. Los primeros años se dedicó a la venta callejera, aunque vistos los problemas, decidió, junto a otros artesanos fundar Casa Verde, un lugar centrado en el arte, la meditación, etc.

Sophie y Maxime se conocieron en Portugal, a donde ella llegó hace casi tres años, gracias a otra avería en su furgoneta. Al poco tiempo entró en Casa Verde y en unas semanas conocieron que esperaban a Atalay. Desde entonces viven en Portugal.

Su sueño es montar una granja donde mantener el contacto con la naturaleza, las tradiciones de antaño, donde puedan trabajar la farma-pedagogía, las semillas antiguas, con caballos, abejas para la miel, etc. «Volver a lo simple», resumen.

Ahora viven de la venta de artesanías de cuero, madera y bisutería en mercados. «Íbamos camino a Francia, donde solemos trabajar en el mundo del circo, con payasos y músicos».

Este año será diferente, ya que acaban de conocer que esperan a su segundo hijo, y se centrarán en aprender más sobre técnicas artesanales para trabajar la madera.

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