Una casa rural, el gran sueño familiar

Jon, Eduardo, Lorea, Ibai y Ainara con su caballo 'Ariano' en el prado cercano a su casa rural de Areso. /
Jon, Eduardo, Lorea, Ibai y Ainara con su caballo 'Ariano' en el prado cercano a su casa rural de Areso.

Eduardo Remirez y Ainara Omaetxebarria tenían claro que querían vivir en un caserío. Su gran reto fue la compra de Sastizar en Areso

ELISA BELAUNTZARAN ARESO.

El verano llega a su fín en Sastizar mientras unos privilegiados visitantes apuruan sus últimos días de vacaciones. La markinarra Ainara Omaetxebarria y el donsotiarra Edu Remirez llegaron hace tres veranos a tierras navarras y comenzaron a darle forma a un sueño junto a sus hijos Ibai, Jon y Lorea.

Un sueño que se hizo realidad cuando llegaro a Areso y atravesaron por primera vez el umbral de la que es hoy en día su casa, Sastizar. Eduardo reconoce que «tenía claro desde que era un crío que quería tener un caserío donde poder vivir con mi familia» y junto a su mujer que había trabajado en el sector hostelero «tuvimos claro desde el principio que la casa reunía todos los requisitos para emprender nuestro proyecto».

Nada más y nada menos que trasladarse desde una ciudad de casi 40.000 habitantes como es Errenteria a una localidad de unos 300 como es Areso. «Fue una gran apuesta y asu vez arriesgada por lo que conlleva un cambio tan grande y sobre tdo porque afectaba a todos los miembros de nuestra familia. Nuestros hijos tuvieron que cambiar de centro escolar y nosotros adaptarnos a los cambios que supone vivir en un pueblo tan pequeño y lo que eso conlleva».

El cambio fue radical pero «mereció la pena» reconoce Ainara que no deja de destacar los parabienes que ha supuesto el traslado de la familia y que ella asegura «es un reto, una prueba diaria en la que aprendemos y mejoramos a todos los niveles. Ha sido muy enriquecedor y positivo porque nos ha permitido concoer mucha gente nueva con la que enseguida hemos establecido una conexión muy buena y aunque la gente pueda pensar que está lejos de todo desde el principio nos hemos sentido muy bien acogidos y no tenemos para nada la sensación de que estamos solos en el monte. Nosotros mismos hemos cambiado el enfoque y la perspectiva de la vida en un pueblo y lo que ello conlleva».

«Un espacio que acoge»

Una pequeña pizarra colgada en la entrada de la casa de Ainara y Eduardo da la bienvenida a todo aquel que se acerca a Sastizar. «Es nuestra casa familiar pero queremos tener una casa abierta a quien viene hasta ella. Algo que hemos trasladado también al concepto de nuestra casa rural. Queríamos lograr un espacio que acoge a todo aquel que llega hasta Areso y quiere disfrutar del entorno, la naturaleza, de todo esto maravilloso que nos rodea» asegura la pareja.

Este verano ha sido el tercero en el que han recibido a sus inquilinos. Madriñelos, valencianos, andaluces, catalanes y otros muchos provenientes de diferentes lugares de Europa. «Algunos ya han repetido incluso» asegura Ainara mientras destaca «que la mayoría llegan bsucando tranquilidad y la mayoría reconocen que se van encantados porque lo han conseguido, pero sobre todo han logrado dejar atrás el estres diario que les ahoga y aseguran que han experimentado un cambio que les ha permitido reflexionar». Aspecto que repite Ainara le fascina «porque no hacemos nada especial pero el perfil de los clientes que hemos tenido se repite en muchos casos. Son personas con puestos de gran responsabilidad o sometidos a gran presión en sus puestos de trabajo, como letrados, médicos... y reconocen haberse sentido maravillosamente».

Ainara que es la encargada de atender a los visitantes a diario directamente reconoce que « a pesar de haber trabajado en un hotel, el trato con los clientes que llegan a nuestra casa es totalmente diferente: es muy cercano, personal, directo... Aquí hemos heccho muy buenos amigos con los que hemos compartido largas charlas en las veladas de este verano que nos ha permitido hablar de cualquier tema interesante largo y tendido y conectar con todo aquel que quería y lo necesita». La vizcaina reconoce que «cuidamos mucho nuestra página web y creo que refleja nuestra filosofía de vida y la gente sabe lo qué se va a encontrar». No deja de ser trabajo pero «las experiencias que hemos tenido estos tres veranos han compensado el esfuerzo y la dedicación que exige tener una casa rural como la nuestra. no podemos olvidar que nos permite obtener unos beneficios económicos, pero nosotros lo vivimos como una oportunidad muy enriquecedora en la que hemos conocido gente muy interesante y que nos ha aportado muchas cosas positivas».

Mientras las hojas de hayas y tobles que rodean Sastizar abandonan el tono verdeso que hasta ahora les cubría y adoptan unos ocres amarillentos preciosos, Ainara, Eduardo y sus hijos continuan con su rutina en la casa rural, con su caballo, sus perros, sus gallinas... Algo que habían soñado en muchas ocasiones y les ha hecho olvidar su anterior ritmo de vida».

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