La Vigilia Pascual se celebrará mañana al atardecer en el pórtico de la Parroquia

Acto de la Vigilia Pascual entrando en la Parroquia. /  J.U.
Acto de la Vigilia Pascual entrando en la Parroquia. / J.U.

J. U. BEASAIN.

Hoy Viernes Santo, a las 11 horas en las dos parroquias, la de la Asunción y la de San Martín, se celebrará el vía crucis y por la tarde, a las 17.00 horas en la Asunción y 18.00 horas en San Martín, se recordará la 'Pasión de Jesús', relatada por uno de los evangelistas.

Mañana destaca en los actos de la Semana Santa lo que se conoce como Vigilia Pascual. La ceremonia arranca a las 20.00 horas con la bendición del fuego nuevo y el encendido del cirio pascual, con el que los feligreses encienden sus velas, y, con ellas prendidas, entrarán en el templo, que se encuentra oscuras. Con el agua bendita el sacerdote hisopea el interior de la iglesia, continúa la ceremonia y en el canto del 'Gloria' se voltean las campanas y se da continuación a la misa. Este acto, también se celebrará mañana en la Parroquia de San Martín de Loinaz, a las 20.00 horas.

'Apuntes de Etnografía'

Los ritos que se llevará a cabo mañana vienen ya recogidos en los 'Apuntes de Etnografía', de los Grupos Etniker-Gipuzkoa, cuyo autor es el etnógrafo beasaindarra José Zufiaurre. Relata como «en el ritual de Pascua en la Semana Santa se realiza este rito, la población no la siente como antes. Me refiero a la bendición del agua y fuego nuevos en el decenio 1940, si bien la tradición venía de tiempo atrás. De hecho antes de iniciar la misa de Pascua el sacerdote bendice el agua nueva que se pone en la aguabenditera de la puerta de entrada a la iglesia. Asimismo se enciende en el altar una vela nueva y bendice el fuego nuevo.

El agua se tomaría de una fuente y, en un tiempo, el fuego se encendía como antiguamente. Esto es, prendiendo brasa en un trozo de yesca con el chisporroteo producido al golpear de refilón un pedernal con una púa de hierro, y soplándola el sacristán conseguía encender la vela a bendecir. Luego con ella se encendían otras velas y se expandía en la iglesia el fuego nuevo.

Quienes fuimos acólitos en nuestra niñez, todos los años por Semana Santa veíamos cómo conseguía el sacristán de la parroquia de Beasain el fuego nuevo con su piedra de sílex o pedernal. Y en aquel tiempo muchas familias encendían los fuegos de su cocina con el fuego nuevo, y solían tener en casa agua bendita nueva para ahuyentar las tormentas asperjándola desde la ventana.

Nosotros, los chavales, en nuestras correrías por los montes, arrancábamos los hongos de yesca que crecían en los troncos de algunos árboles y, una vez secos, los troceábamos. A la misa de Pascua nuestros bolsillos iban llenos de trozos de yesca. Y al finalizar el acto encendíamos un trozo para ir encendiendo los demás, y ofrecíamos el fuego nuevo por las casas. Ya sabíamos que la señora de la casa nos daría algún regalo. En los caseríos unas nueces o castañas y en las casas del núcleo urbano una moneda de perra chica o perra gorda».