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Las memorias de la artista Usua Gabarain se ofrecen hasta el martes. B. A.

Beasain

Usua Gabarain, el pulso del paisaje en acuarela

Arte. La artista donostiarra, fallecida este año, es recordada en el Aterpe con una exposición que reúne sus acuarelas más sensibles y su conexión con la naturaleza

JOSU ZABALA

Viernes, 7 de noviembre 2025, 20:11

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Hasta el próximo martes, día 11, el Aterpe Taberna acogerá la exposición que va más allá de la mera muestra artística. Bajo el título 'In memoriam', se rinde homenaje a Usua Gabarain Astorqui (Donostia, 1947-2024), una mujer que convirtió la acuarela en un lenguaje de emoción y contemplación. En las paredes del local se respira la serenidad de su mirada, el eco de los montes y el rumor del mar que tantas veces trasladó al papel con una sensibilidad que solo se alcanza desde el amor profundo por la naturaleza.

Gabarain creció en un entorno donde el arte formaba parte de la vida cotidiana. Desde muy joven mostró una inclinación innata hacia la pintura, una curiosidad que la llevó, con apenas once años, a tomar clases con Ascensio Martiarena, uno de los referentes artísticos de la Donostia de su tiempo. Aquellas primeras lecciones fueron decisivas: le enseñaron a mirar la realidad con atención, a entender la luz, a captar el movimiento de las sombras. Durante su adolescencia compartió muchas jornadas de pintura al aire libre con Marta Cárdenas, amiga y compañera de exploraciones artísticas, con quien subía al monte a pintar directamente del natural. En esos años se forjó su vínculo inseparable con el paisaje, un lazo que atravesó toda su obra y su vida.

Arte como modo de vida

Aunque su formación universitaria se orientó hacia las humanidades —se licenció en Historia por la Universidad de Salamanca—, nunca dejó de pintar. La docencia, a la que dedicó buena parte de su trayectoria profesional, fue otra forma de transmitir esa misma pasión por el conocimiento, la observación y la sensibilidad. Trabajó como profesora en los institutos de Beasain y Zumarraga, donde muchos alumnos la recuerdan no solo por su rigor académico, sino también por la serenidad y la atención con que se acercaba a las personas y a las cosas. Su manera de enseñar, dicen, era tan meticulosa y humana como su pintura.

A partir de la década de los ochenta, su implicación con el arte se consolidó al integrarse en la Asociación de Artistas Vascos (AAV), una etapa que marcó el inicio de una intensa actividad expositiva. Participó en numerosas muestras colectivas en Zarautz, Azpeitia, Hondarribia, Rentería, Pasajes o Durango, entre otras localidades, y formó parte del grupo Goiherriko Pintoreak, que impulsaba el arte comarcal a través de exposiciones promovidas por los ayuntamientos del Goiherri. Aquellos años fueron de experimentación, de diálogo con otros creadores, de búsqueda constante. Gabarain encontraba en la acuarela una libertad única, un medio que le permitía dejar fluir el color y el agua hasta lograr un equilibrio entre el control técnico y la espontaneidad del gesto.

Un camino 'entre pinceles'

Su trayectoria individual fue también sólida y coherente. En 1987 expuso por primera vez en el Palacio Barrena de Ordizia, y esa primera cita marcó el comienzo de una serie de exposiciones personales que recorrieron distintos espacios culturales de Euskadi: el Ayuntamiento de Lazkao en 1992, Itarte Etxea de Zumarraga en 1993, una muestra conjunta con el pintor Javier Soto en la sala de arte de Amara (Donostia) en 1994, la sala Kutxa de Donostia en 2003, el Ayuntamiento de Olaberria en 2004, la sala Usurbe de Beasain en 2006 y la Sociedad Alkarte de Ordizia en 2007. Cada una de estas citas permitió al público acercarse a un universo pictórico íntimo y coherente, construido desde la observación y el respeto por la naturaleza.

La pintura de Usua Gabarain es, ante todo, una forma de silencio. En sus acuarelas no hay estridencias ni artificios: hay calma, atmósfera y verdad. Sus paisajes no buscan describir, sino evocar. El bosque, el mar, las montañas o las luces cambiantes del atardecer aparecen traducidos a manchas de color sutil, a transparencias que parecen respirar. Quien se detiene frente a una de sus obras percibe esa mezcla de técnica y emoción que solo se alcanza cuando la artista se funde con lo que pinta. En su caso, la naturaleza no era un motivo externo, sino una prolongación de su propio mundo interior.

Esa sensibilidad la acompañó también en los momentos difíciles. Usua Gabarain enfrentó las adversidades de la vida con una serenidad firme, apoyada siempre en la pintura como refugio y como forma de resistencia. Su obra, más que un ejercicio estético, fue una manera de afirmar la belleza y la dignidad de lo sencillo. Por eso su legado trasciende los lienzos: queda en la memoria de quienes la conocieron y en quienes descubren hoy su trabajo con emoción renovada. La exposición 'In memoriam' en Aterpe Taberna no es solo un homenaje póstumo, sino también una invitación a reencontrarse con su mirada.

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