Cita de obligado cumplimiento cada martes

Los baserritarras reunidos en torno a uno de los puestos, ayer en la plaza Cubierta. / JUANTXO UNANUA
Los baserritarras reunidos en torno a uno de los puestos, ayer en la plaza Cubierta. / JUANTXO UNANUA

Baserritarras de Beasain y del Goierri son más que fieles a la feria semanal de la plaza Cubierta | La feria es un espacio de venta directa, sin intermediarios y es una alternativa a otros circuitos de distribución

JUANTXO UNANUABEASAIN.

El mercado semanal de los martes de Beasain tiene una larga tradición, son muchos (aunque venidos a menos) los que acostumbran a hacer compras los martes por la mañana a la plaza.

Pertenecen al conocido y denominado sector primario, eje troncal de la vida y de la economía de muchas personas y familias, especialmente de los baserritarras y de los municipios en los que se encuentran enclavados esos caseríos. En el caso de Beasain, superan ampliamente el centenar, aunque cada vez son menos los que bajan a vender a las ferias los productos de sus huertas.

Modelo de sector primario que nace del compromiso de los baserritarras con un modelo de explotación sostenible de los recursos naturales. Son en su mayoría pequeñas explotaciones que tienen la feria semanal de los martes y la miniferia de los viernes, como lugar para la comercialización de sus materias primas y productos elaborados directamente, con los consumidores. Se trata, al fin y a la postre, de una venta directa, sin intermediarios, alternativo a los circuitos de distribución a través de grandes superficies o mayoristas, que garantiza a los productores unos precios justos y a los consumidores un producto de calidad y de proximidad.

En invierno y en verano

Los baserritarras son fieles a la feria del martes que se celebra en la beasaindarra plaza Cubierta, sea invierno o verano. No cogen vacaciones. Ayer martes, desde primera hora ocupaban sus puestos. Hay quienes llevan muchas décadas, más de medio siglo, bajando a vender los productos del baserri. Son por lo menos la tercera generación familiar en el oficio.

Ayer, allí estaba colocando con esmero, los productos cortados o extraídos de la huerta unas horas antes Rosario Vitoria del caserío 'Balda' de Olaberria, con más de cuatro décadas a sus espaldas acudiendo puntualmente a la feria beasaindarra. Tampoco faltaba a la cita Bittori Goitia de Gudugarreta, homenajeada hace unos meses por esa fidelidad a la feria semanal. Desde muy pequeña ha bebido de las esencias del mundo del caserío y su huerta, y del duro trabajo que entraña.

Esta cita semanal es una obligación para el más joven de todos los baserritarras que allí acuden. Se trata del beasaindarra Josetxo Mendia, cuya huerta explota en el caserío Altzibar, de Zegama. O Rosarito Txintxurreta, del beasaindarra caserío Atarieder, en el barrio de Zunzunegi, con más de 60 años de presencia en la feria de los martes y además bajando casi a diario. Ella recuerda que empezó a bajar «con la ama a repartir la leche por las viviendas y a la feria».

Lo mismo le sucedió a Inasi Aranburu, del caserío Murugoena, de Beasainmendi. Inasi tiene en mente «los muy buenos tiempos que, en el apartado de las ventas, ha tenido la feria beasaindarra de los martes». Es testigo directo del cambio de costumbres en las compras diarias y más directamente las relacionadas con la feria. «Comparando con los años sesenta, setenta u ochenta del siglo pasado, ahora se vende mucho menos», admite.

Asun Etxeberria, del caserío Usurburu, de Gaztelu, con 20 años de presencia en la plaza beasaindarra, además de las verduras de la huerta de Zaldibia vende quesos de Gaztelu y ayer puso a la venta un buen lote de 'onttos' . Maria Jesús Mujika, del caserío Altune (Lazkao) con más de medio siglo de presencia en la plaza, comentaba con pena que hay quien «no valora el producto que se vende en la feria, que nada tiene que ver con los que ofertan las actuales grandes superficies».

Patxi Arizmendi, del caserío Iturrioz, de Arama, cogió el testigo dejado por su ama. Cambió de profesión, del taller al caserío y a la huerta, y no se arrepiente. La huerta «atada, sobre todo cuando tienes que preparar el producto para vender en las ferias. Pero por otro lado te da libertad de actuación», asegura.

Tiempos «que no ayudan»

Los baserritarras coinciden al remarcar que los nuevos hábitos de vida «no ayudan, la gente va a las grandes superficies, allí compran muchos productos de los que en muchos casos desconocen su procedencia. El producto que ofrecemos en al feria es de calidad, trabajado y muy mimado», señalan todos.

Entre ellos tiene muy buena relación, y entre venta y venta encuentran tiempo para compartir un café con leche con algún dulce y «hablar de lo nuestro, es uno de los mejores momentos de la mañana», reconocen prácticamente al unísono todos.

Ayer, en los diferentes puestos de los mencionados baserritarras no faltaban las vainas ni el tan exquisito tomate del país, los pimientos verdes, las berenjenas, los calabacines, las lechugas, las cebollas o las patatas. En esta época la huerta está en plena eclosión y «hay que atenderla todos los días, trabajarla y mimar el producto que vemos crecer, y eso lleva mucho tiempo y mucho trabajo... y siempre mirando al firmamento», remarcaban los baserritarras.

En estos momentos, el tomate está en su máximo apogeo, aunque a algunos les ha entrado el temido 'gorriñe' (roña). Otros están necesitados de calor «gorritzeko» (para que adquieran ese color rojizo tan característico del tomate de aquí), y al tiempo van creciendo y muy bien las plantas de alubia, explicaban los baserritarras.

La huerta para ellos «es vida, es nuestro medio de subsistir», concluían.