Navegar por la red a prueba de nervios

Cookies, mala conexión o tipografías cómicas examinan la templanza de muchos usuarios

Navegar por la red a prueba de nervios
J. A. G.

Abrir una página web es ya un hecho más que cotidiano en la vida de los españoles, pero ¿cómo se comportan? Como en el mundo real, los usuarios de internet trasladan a la red son virtudes y también sus rarezas.

La palabra hater, persona que odia o aborrece cosas sistemáticamente, ha encontrado en internet el ecosistema perfecto para crecer. Ese odio ha llevado a arrinconar productos y servicios en la Red de redes. Incluso antes como a la hora de elegir el navegador.

El más usado es Chrome, seguido de Safari, Firefox… y en último lugar Edge. Curiosamente, el navegador de Microsoft, cuyo sistema operativo domina el mercado, viene preinstalado de fábrica, según los usuarios, «es el más usado para descargar otros navegadores».

Elevadas las anclas y arrancado el motor de navegación, la pasión odiadora se desata y lo que más desquicia son las dulces cookies. No son galletas, sino es una obligación legal de los propietarios de las páginas, pero, aunque se acepte una vez, vuelve a surgir. Quizá, porque saben que la mitad de los españoles no lee las condiciones de uso y los aspectos legales.

Las explicaciones hay que pedirlas a Lou Montulli, uno de los desarrolladores del famoso navegador Netscape, «recibo un buen número de preguntas sobre cookies de usuarios y de la prensa», explicó en 2013 en su web.

La idea nació para dotar de «un identificador de sesión y un mecanismo de «memoria» general para los sitios web que no permitían el seguimiento entre sitios». Una idea simple, pero que generó un problema imprevisto con el paso de los años.

Una lectura que se consigue si se sortea estas seis palabras: «No se pudo conectar a Internet». Una oración simple que ha desatado la ira de muchos internautas, pero que también ha marcado récords de salto de cactus con el ingenioso juego de Chrome para los ratos sin conexión.

Solucionados los problemas de conexión llega la hora de la tranquilidad, la navegación por las webs favoritas. Y, en muchas ocasiones Montulli y sus innovaciones vuelven a jugar en contra de los internautas.

Odio a la Comic Sans

Los brillos están de moda, pero esta fiebre se guardó en los armarios de la red. La culpa una pequeña etiqueta <blink>, su padre Montulli y el resultado final textos parpadeantes que eran los reyes en la web 1.0. Ahora son cosa del pasado, pero generó polémica y algún que otro problema de salud.

De los banner parpadeantes, los desarrolladores pasaron a la ventana emergente. «Ahora es obvio que lo que hicimos fue un fiasco, entonces permítame recordarle que lo que queríamos hacer era algo valiente y noble», apunta Ethan Zuckerman. Creador de las incesantes ventanas que aparecen, cuando el usuario navega tranquilamente. «Nuestras intenciones eran buenas», apuntaba en 2014, pero el resultado no fue el mismo.

Sin embargo, el rey para los haters es una pequeña tipografía que genera casi el mismo debate que la tortilla con o sin cebolla. Vincent Connare, amante de los cómics, llevó esa pasión a las letras y creó la conocida Comic Sans.

La tipografía llegó con Windows 95 y está por todos los lados. Trabajos académicos, señales, carteles y páginas webs. Tal es la animadversión por la cómica tipografía que cuenta con varias campañas en contra para su prohibición. No gustan las infantiles curvas de las letras de Cómic Sans.

Pero, quizá llegue el momento de la prohibición cuando las captcha y Comic Sans se fundan en uno. Las pequeñas trampas de los ingenieros para acabar con los bots a la hora de verificar quién está detrás de la navegación.

Letras incomprensibles, imágenes cortadas han provocado dolores de cabeza y más que un aumento en las dioptrías de los internautas. Sin embargo, la inteligencia artificial ya sabe más que los creadores de captchas y, además, no distinguen entre Comic Sans ni banner parpadeantes.

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