Etorkizuna Eraikiz

«La música tiene el poder de desarrollar empatía, humanidad y colaboración»

«La música tiene el poder de desarrollar empatía, humanidad y colaboración»
Unai Urrecho, profesor en la Universidad de Suwon (COREA DEL SUR)
MIRARI GÓMEZ

-¿Qué quería ser de mayor?

-Fue por temporadas: futbolista, abogado, primer trombón de la orquesta Filarmónica de New York...

-Y hoy, ¿qué le preocupa del futuro?

-La educación. El tiempo siempre ha ido muy deprisa y los mayores ya se quejaban de que el nivel educativo estaba deteriorado. Está pasando ahora más que nunca y a una velocidad tremenda. Más que deteriorarse, se está volviendo muy superficial: el postureo y la moda son más importantes que el fondo.

-¿Cómo cree que evolucionará el ámbito de la música?

-Es muy difícil de predecir. La música ocupa un espacio muy grande en nuestra sociedad, aunque no nos percatemos. Hasta cuando en un supermercado, un restaurante o en espacios comunes hay música de fondo. Sin embargo, no le damos la importancia que merece como parte de la educación de nuestros hijos. En Corea, por suerte, los padres consideran la música como parte imprescindible de la educación y llevan a sus hijos a conciertos y actividades musicales. Por ello, el gobierno y las instituciones apoyan todo tipo de actividades musicales; y también culturales. Así, la música tiene muchas variantes y formas para evolucionar. De la otra manera, la música sufrirá una evolución en la que primará el entretenimiento sin cultura.

«Vendería mi alma al diablo por dirigir el concierto de Año Nuevo de Viena»

-¿Cómo se ve dentro de diez años?

-Miro hacia atrás y nunca me habría imaginado hacer lo que hago ahora. Desde que salí de casa en el 2000, los cambios y el desarrollo personal han sido tremendos. Por ello, no me veo dentro de diez años. Vivo día a día, sin mirar atrás y siempre dando lo mejor de mí, sobre todo para ayudar a mis estudiantes en la universidad, para compartir música, experiencias y amistad con los músicos de las orquestas y óperas que dirijo; y así plantar una semilla positiva en la memoria de todos con los que me cruzo en esta vida, que va a mil por hora.

-¿Qué considera que se puede hacer desde el ámbito institucional para mejorar el bienestar colectivo?

-No sé, no soy político y no quiero hablar desde la ignorancia. Pero sí es interesante ayudar, proteger y potenciar el profesorado y las instituciones educativas. El cambio se hace desde la educación y la formación. Si creamos un colectivo inteligente y fuerte, sabrá mejor desarrollarse y así ayudar a las instituciones a mejorar el bienestar colectivo.

-«El futuro es mujer». ¿Qué le sugiere esta afirmación?

-Me sugiere que es correcta. Soy de la opinión de que las mujeres siempre lo tienen más difícil que los hombres. En Corea, mucho más todavía. Tenemos mucho trabajo por hacer y en todas partes. Por otra parte, no estoy seguro de si la discriminación positiva ayuda. Me gustaría vivir en una sociedad en la que nos podamos ver como personas, no como razas o géneros. Tenemos que valorar a la persona y ser humanistas por encima de todo.

«No le damos a la música la importancia que merece como parte de la educación de los hijos»

-Recientemente volvió a Euskadi para dirigir a la Orquesta Sinfónica de Bilbao. ¿Se plantea un regreso definitivo?

-Dirigir a la Orquesta Sinfónica de Bilbao fue una experiencia muy positiva. Le tengo un cariño muy especial porque me ayudó mucho en mi etapa como músico de orquesta y siguen apostando por mí como director. Estoy muy contento en Corea y creo que seguiré aquí, aunque parte de mi familia está allí y la verdad que me gustaría volver a casa para acabar mi etapa de vida con mi gente.

-¿Cómo ve Gipuzkoa desde la distancia?

-Con cariño.

-¿Qué echa de menos del territorio?

-A la familia y a la gente.

-¿Qué ha aportado del talante guipuzcoano a las orquestas de Asia?

-La empatía. Creo que los guipuzcoanos somos gente que sabemos ponernos en el lugar del prójimo. Para un director de orquesta, creo que es importante entender, valorar y respetar culturas que quizás no puedas entender y así poder compartir y desarrollar la experiencia de hacer música juntos.

- Lidera un proyecto musical en clave social en Corea del Sur, con una orquesta sinfónica. ¿Cuál es el fin de este trabajo?

-Es muy importante tener un contacto con la sociedad. Muchas veces, cuando dirijo a grandes orquestas en Corea, siento que esta cercanía se pierde. Por otra parte, es muy bajo el porcentaje de músicos profesionales que asiste a conciertos, así que, para un músico, director o el cargo que se desempeñe en el mundo de la música, es imperativo tener contacto con todo tipo de agrupaciones en el ámbito social. Es una de las cosas que aprendí en Euskadi. Así pues, el proyecto está enfocado a una comunidad en concreto, en la que damos una educación musical para desarrollar actitudes de empatía, humanidad y colaboración. La música tiene el poder de realizar estas funciones. La orquesta, que está formada por músicos profesionales, ayuda a músicos no profesionales a desarrollarse y a tocar juntos en la orquesta. Da igual la edad o condición. Queremos hacer afición y compartir vivencias.

-Para el común de los mortales, el director de orquesta solo existe en Año Nuevo, en Viena. ¿Qué daría por dirigir ese concierto?

-Me hace más ilusión dirigir en casa, aunque es verdad que seguro que los de casa me verían por la tele y sería más famoso, ¿no? (ríe) Vendería mi alma al diablo por dirigir ese concierto, pero sé que el diablo no vendrá a verme.