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-¿Qué quería ser de mayor?
-Lo primero que dije fue butanero, porque me resultaba atractivo el color naranja de las bombonas. Pero mi profesión actual proviene, sobre todo, de que en mi casa siempre ha sido muy valorado leer y contar historias.
-¿Qué le preocupa del futuro?
-Que llega demasiado deprisa. Me preocupan la marcha acelerada del tiempo y la gestión del mismo, no poder ser dueño de mi agenda.
-¿Cómo cree que evolucionará el ámbito de la literatura?
-El entretenimiento ha desplazado y arrinconado a la literatura, que se ha visto desconcertada. La tecnología ha cambiado el ocio y, paradójicamente, hoy día se lee y se escribe más que nunca. Se ha cumplido el sueño dadaísta de democratizar el arte, pero, aunque se auguraba la máxima expresión del arte, el resultado ha sido justo el contrario.
-¿Ha bajado de calidad? ¿Por qué?
-Se hacen muchas cosas porque es posible y no porque sea necesario. Lo necesario es ir mas despacio, conocer, formarse, escuchar más y hablar menos. Considero que una de las claves de la creación es el reciclaje artístico, que promueve recontextualizar lo ya presente. Es una buena forma de dar continuidad y protagonismo a los buenos trabajos sepultados; resucitarlos y darles una nueva vida de cara a una nueva era.
-Se está refiriendo a la escritura no creativa, ¿verdad?
-Es una corriente que demuestra que hay otras formas de escribir y de crear. La escritura no creativa parte de la observación y de huir de la originalidad, aunque en toda escritura es más interesante estar atento que ser original. Es una manera de socializar el perfil de escritor sobre la visión romántica de creador solitario. Yo huyo de esa figura como de la peste. El escritor es un ser social.
-¿Cómo se ve dentro de 10 años?
-Procuro escaparme de esas proyecciones, pero me gustaría verme leyendo más y escribiendo con un ritmo menos frenético. Escribir es el precio que tengo que pagar para poder leer. Ahora intento ser más selectivo con los proyectos porque me lo puedo permitir.
«Los hombres tenemos que adherirnos a la causa feminista escuchando, no predicando»
-¿Cómo se imagina Gipuzkoa en ese plazo de tiempo?
-Con el perfil que tiene últimamente: cada vez más envejecida, más cara y con menos personalidad. Hay contradiccion entre la exquisitez y el poco cuidado a la hora de preservar ciertos elementos menos tangibles. Hay una percepción errónea de la novedad y ese afán por cambiar nos hará más conscientes del legado real y de la importancia de preservar el ambiente real.
-En una de sus últimas obras, 'El turista perpetuo', se aproxima a un tema de actualidad como es el turismo. ¿Hacia dónde vamos y hacia dónde deberíamos ir?
-Hay que actuar con proporcionalidad. Me da mucha rabia y vergüenza ajena haberlo limitado todo al turismo gastronómico. ¡En todos los lugares se come, incluso en algunos mejor que aquí! Por ejemplo, a mí me gustan las ciudades donde no hay nada, pero se mantiene su propia vibración. San Sebastián y Gipuzkoa lo tienen todo, no se necesitan añadidos. Se debe recobrar la fe en la propia vibración del territorio, que es muy poderosa.
-¿Qué aspectos no deben perderse de vista para asegurar una sociedad de bienestar en el futuro?
-La sociedad se refleja en sus costumbres y, en ese sentido, es importante preservar el ambiente y mejorar los horarios, no solo de comercios, también de establecimientos y del transporte publico. Pese a las distancias mínimas de aquí, ¿por qué es impensable ir a Bilbao a cenar y volver? Porque o coges el coche o no tienes medios. La relación entre Gipuzkoa y Bizkaia mejoraría enormemente solo con poner una línea nocturna. Otro tema candente y que nos influye es el envejecimiento de la población y, en este sentido, creo que es posible articular mejor el final de la vida. Las opciones actuales para pasar los últimos años distan de ser las ideales. En el plano cultural, no hay que perder de vista que la cultura es un bien necesario para el desarrollo de cualquier persona, por lo que debe estar siempre adosada al bienestar social.
-«El futuro es mujer». ¿Qué le sugiere esta afirmación?
-El presente ya lo es. Hay unos datos abrumadores en cuanto a diferencia entre mujeres y hombres que ya va siendo hora de cambiarlos. Como varón, creo que tenemos que practicar el rechazo respecto a quienes promulguen la desigualdad y adherirnos a la causa feminista, no desde la predicación, sino desde la escucha, dejando voz y espacio a las mujeres.
-¿Qué opinión le merece el programa 'Etorkizuna Eraikiz' de la Diputación?
-Sobre el papel, me gusta porque parte de la escucha, una buena filosofía. Pero existe el riesgo de no disntinguir a quién corresponde la toma de decisiones.
-¿Qué futuro augura al euskera ante los retos del nuevo mundo?
-Un futuro difícil porque compite en la misma liga que otras lenguas, pero con una caja de resonancia menor. Me siento orgulloso de pertenecer al mundo del euskera: más rico, con más matices y mejor articulado que nunca. Pero fuera de él hay un mundo enorme, apabullante, en el que no está presente. El reto está en darle visibilidad e integrarlo en el ecosistema de contenido cultural en el que habita el público general.