Etorkizuna Eraikiz

Leire Olaberria: «Sin garantía de dignidad, es absurdo hablar de igualdad de condiciones»

La ciclista Leire Olaberria, en Donostia. /Usoz
La ciclista Leire Olaberria, en Donostia. / Usoz
«De pequeña respondía que deportista y me decían que no podía por ser niña», asegura la ciclista
MIRARI GÓMEZ

–¿Qué quería ser de mayor?

–De pequeña respondía que deportista y me decían que no podía por ser niña. Mi segunda contestación era ser madre. 39 años me ha costado llegar a ser deportista y madre.

–¿Qué le preocupa del futuro?

–El mundo y la manera en la que vivimos en cuanto al medio ambiente, sin pensar qué legado vamos a dejar a las futuras generaciones. Aunque se tenga conciencia del daño que le hacemos al planeta, viajando he visto que en otros países no lo tienen en cuenta. Es importante que la acción se realice a nivel mundial; si no, apenas tendrá impacto.

–¿Cómo se ve dentro de 10 años?

–Trabajando en algo que me apasione, teniendo familia grande y cuidando de ella. Espero que en una sociedad más equitativa y en una ciudad más segura.

–¿Cómo cree que evolucionará el ámbito del deporte?

–Una cosa es cómo me gustaría y otra será la realidad. Espero la puesta en marcha de una nueva ley del deporte, que proteja los derechos de las mujeres, que permita la profesionalización real y el ser deportista con dignidad. La necesidad es urgente para dar sentido a lo que hacemos, el derecho tiene que ampararnos y, en base a esa ley, ir ajustando la evolución de cada disciplina. Sin garantía de dignidad es absurdo hablar de igualdad de condiciones. Creo que el fútbol femenino va a crecer mucho y el convenio por el que están luchando servirá de referencia.

–En su trayectoria deportiva, ¿qué cambios ha notado en el deporte femenino?

–Llegué con 26 años al ciclismo y me encontré un mundo de hombres. En mis años en activo, la deportista se ha impuesto a la persona y, aunque ello me ha permitido cumplir sueños deportivos, quizá he pagado un precio alto. Las mujeres hemos podido hacer carrera deportiva debido a haber anticipado intereses de equipos y federaciones a nuestros derechos como personas.

–¿Ha condicionado la maternidad su trayectoria profesional?

–Mis mejores resultados llegaron a partir de los 30 años. Tuve peleas internas entre mis sueños deportivos y mi naturaleza como mujer, que no quería perder la oportunidad de vivir la maternidad.

Siendo madre he aprendido que con la maternidad las habilidades se multiplican, psicológicamente aporta mucho un tiempo de parón que regenera las ilusiones y las ganas. De haberlo sabido antes, no hubiese esperado tanto para ser madre.

–¿Dónde queda el concepto de corresponsabilidad?

–Es un concepto demasiado nuevo para los hombres. Históricamente, las mujeres han asumido el cuidado de la familia, pero nosotras ya no queremos ser el tipo de madre que fueron las nuestras. Deseamos ser madres sin renunciar profesionalmente a lo que queremos hacer. Para eso es imprescindible que quien esté al lado asuma responsabilidades. Fue sorprendente el caso de los ciclistas Philip y Lizzie Deignan. Ambos eran profesionales, pero la carrera de ella era más prometedora, por lo que él se retiró para cuidar de los hijos y así dejarle recorrido profesional a la madre.

–Entiende que sigue habiendo trabas para conciliar la vida laboral y familiar, ¿qué es lo que falla?

–Los mensajes que se quieren dar y las politicas que tenemos aún chocan mucho. La conciliación es un derecho fundamental, tanto como el derecho a ser madre. Sin embargo, la realidad es que profesionalmente quieren que trabajes como si no fueses madre; y en la maternidad, quieren que seas madre como si no trabajaras.

–¿Cómo se lleva la conciliación siendo deportista de élite?

–Imagínate lo complicado que es viendo las pocas deportistas de alto nivel que son madre en el panorama nacional. Hay pocos ejemplos. Sabemos lo que cuesta conseguir una medalla olímpica, pero no somos conscientes del mérito brutal que tiene ganarla siendo madre. Mi experiencia ha sido muy bonita y potente. He tenido facilidades en el entorno más cercano, pero a nivel nacional aún falta sensibilidad y es bastante triste porque ven la maternidad como algo negativo.

Yo me he demostrado que se puede ser madre y deportista y habrá más ejemplos cuando el entorno entienda que deportivamente el valor de la mujer es el mismo. Es fundamental contemplar esta realidad porque para obtener la mejor versión de un deportista, hay que cuidar a la persona.

–¿Qué papel juega el deporte en la transmisión de valores?

–Son tremendos los valores y es importante transmitirlos aunque también tiene otros no tan buenos. Dentro del deporte existen muchas realidades y todas tienen aprendizaje.

–«El futuro es mujer». ¿Qué le sugiere esta afirmación?

–Es un sentimiento de muchas mujeres pero para hacer ese camino es imprescindible la complicidad y compromiso de los hombres. Pedimos oportunidades para demostrar y ser valoradas según las capacidades, sin mirar el género.

–¿Cómo se imagina Gipuzkoa en un futuro?

–Abierta al mundo y manteniendo la propia esencia. Económicamente importante, pero con dos aspectos a asegurar: la protección de los menores y el cuidado de los mayores y su envejecimiento. Por mucho territorio próspero que tengamos, si no se cuidan esos detalles, siempre seremos pobres.