Corporación Mondragon

¿Tengo que cambiar mi estrategia de innovación tras el COVID-19?

Lo que antes era estratégico, ahora lo sigue siendo y además han surgido nuevos ámbitos de oportunidad
La innovación. Seguirá siendo uno de los pilares del crecimiento también después de la pandemia del coronavirus./
La innovación. Seguirá siendo uno de los pilares del crecimiento también después de la pandemia del coronavirus.

Esta pandemia nos ha dejado a todos tan descolocados que no es de extrañar que las empresas se cuestionen si deben modificar su estrategia de innovación tras el coronavirus.

Después de una serie de meses de confinamiento, actividad industrial al ralentí o parada, mascarillas y geles hidroalcohólicos, uno ya no sabe muy bien dónde está. De una manera simplificada podríamos decir que lo que antes era estratégico, ahora lo sigue siendo y, además, con la visión de la botella medio llena, han surgido nuevos ámbitos de oportunidad.

Es interesante ver, por ejemplo, cómo hace unas semanas la Comisión Europea se ha reafirmado explícitamente en los dos pilares sobre los que sustenta su estrategia de I+D: digitalización y sostenibilidad medioambiental. De manera adicional, refuerza su apuesta por los temas relacionados con la salud, que es como ver en ese sector nuevos ámbitos de oportunidad.

Adaptación necesaria

Durante la pandemia hemos visto que las empresas se han ido adaptando. La propia Corporación MONDRAGON ha comenzado a fabricar mascarillas quirúrgicas y arcos desinfectantes, lo que no estaba de ninguna manera previsto. La enseñanza que podemos extraer de todo esto es que los sistemas productivos deben estar diseñados con la máxima flexibilidad posible, sobre la base de conceptos modulares que permitan el cambio de referencias de producto de una manera ágil. El propio teletrabajo ha impulsado el control remoto de las instalaciones productivas, la asistencia y el mantenimiento a distancia. Las simulaciones de todo tipo, como manera de evitar el contacto físico, también han salido reforzadas. Viendo el lado positivo de todo esto, se ha oído a más de un directivo decir que esta pandemia ha provocado un avance en la digitalización de los procesos y un cambio de mentalidad que en condiciones normales hubiera tardado años…

La enseñanza es que los sistemas productivos deben tener la máxima flexibilidad

De manera directa, también hemos podido comprobar que las decisiones de los gobiernos (en este caso un confinamiento forzado), tienen una influencia directa en el medioambiente, la calidad del aire, del agua, etc. Lógicamente, esta no es la manera de abordar los problemas, pero lo que está claro es que lo que ahora es una pandemia, luego serán las consecuencias del cambio climático. En definitiva, invertir en I+D para reducir nuestro impacto medioambiental es más importante que nunca. Ámbitos concretos de actuación son, por ejemplo, el incremento en el uso de materiales reciclados, el aprovechamiento de los excedentes alimentarios, la reducción en el uso de embalajes, la eficiencia energética en edificios e instalaciones, el desarrollo de energías limpias, etc.

El reto de la digitalización

La digitalización también presenta sus retos específicos, tanto a nivel de la ciudadanía como en las empresas y en el sector público. En este caso los retos siguen estando en el aprovechamiento de las tecnologías emergentes para generar nuevos negocios que incrementen la riqueza y los puestos de trabajo para la sociedad. La inteligencia artificial y la robótica colaborativa son dos de esas tecnologías que van a alterar nuestro concepto del trabajo. Muchas actividades que ahora hacen las personas serán automatizadas, lo que obliga a recualificar a los trabajadores para que puedan hacer frente a los retos que se avecinan. Es necesario por lo tanto innovar en las metodologías de formación para los trabajadores, pasando de los tradicionales cursos a sistemas más avanzados basados en el 'learning by doing' como por ejemplo las comunidades de prácticas, los pilotos para el aprendizaje y los 'living labs' que permiten un aprendizaje de competencias sobre la base de su utilización práctica.

Como resumen de estas reflexiones yo diría que hay que seguir apostando por lo que antes era importante, porque lo sigue siendo. Además, hay que explorar de manera proactiva las nuevas oportunidades que surgen de esta situación excepcional y preparar planes de contingencia para que, a futuro, lo que consideramos como productos y servicios esenciales, no dependa tanto de terceros países.