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-¿Qué quería ser de mayor?
-Cuando era pequeña jugaba a ser andereño. De niños mayores, además, porque cogía la enciclopedia más larga que teníamos en casa. Daba clase a alumnos ficticios que sentaba en el sofá del salón. Lo tengo grabado. Luego he tenido la suerte de ser profesora universitaria, pero supongo que ya se veía venir.
-Y hoy, ¿qué es lo que más le preocupa del futuro?
-El futuro de nuestros jóvenes, más aún como madre de familia. Pienso en cómo será Gipuzkoa para nuestros hijos e hijas. Ojalá sea un territorio más inclusivo, más solidario y más enfocado hacia el bienestar social que hacia el crecimiento económico, que también es indispensable. Y espero que se fije en elementos más cualitativos que cuantitativos.
-¿Cómo cree que evolucionará el ámbito de la educación?
-Nos enfrentamos a muchos retos, a una educación cada vez más compleja y dentro de una sociedad que cada vez es más exigente. Hay que adaptarse a esa sociedad y a las necesidades de las empresas, por lo que hay que buscar nuevas fórmulas. Pero el conocimiento de base tiene que estar ahí siempre y la apuesta por él y por los valores es fundamental.
-¿Cómo se ve dentro de 10 años?
-Pues... estupenda (risas). Yo me veo desarrollándome profesionalmente en el ámbito docente, como investigadora, en una familia asentada y en una sociedad que me gustaría que cada vez fuera más integradora y más social. Y en el futuro espero verme nadando en el Urumea, porque tenemos la tecnología para conseguir un río 'nadable' y sostenible medioambientalmente, en el que poder nadar con el neopreno en invierno y al que bajar con las chanclas en verano. Es algo que tengo idealizado y me encantaría.
-¿Y cómo se imagina Gipuzkoa en ese plazo de tiempo?
-Me gustaría que fuera competitiva, pero sostenible socialmente. Somos una sociedad que debe afrontar retos evidentes, como el envejecimiento, y ojalá seamos capaces de lograrlo, pero volcándonos en los jóvenes al mismo tiempo, y consiguiendo retener todo su talento. Siempre digo que quiero que mis hijos conozcan el mundo sin dejar nunca de acercarse a la barandilla de La Concha.
-¿Qué considera que se puede hacer desde el ámbito institucional para mejorar el bienestar colectivo?
-Me parece evidente que hay que trabajar en la estructura y en la cultura. Por un lado, hay que construir redes, tener una industria y unas infraestructuras públicas potentes; y por el otro, hay que fomentar en nuestros jóvenes la cultura de los valores tradicionales guipuzcoanos, que nos puede definir muy bien en todo el crecimiento.
-«El futuro es mujer». ¿Qué le sugiere esta afirmación?
-Que es de mujeres y hombres; y de hombres y mujeres. Ojalá no tengamos que volver a decir que el futuro es de un género o de un colectivo en particular, sino de todos ellos a la vez e integrador en todos los sentidos.
-Se habla de la conciliación en el trabajo. ¿Cómo se vive en el ámbito universitario?
-Yo estoy teniendo una experiencia extraordinaria. No sé si tanto por el ámbito educativo o por las personas que me rodean, que me han respetado y apoyado cuando lo he necesitado. Somos un equipo de iguales que nos respetamos y apoyamos, y nos esforzamos, para hacer posible esa conciliación. No se trata tanto de la presencia y de la cantidad de horas como de planificar y organizarse.
-¿Qué aspectos no deben perderse de vista para asegurar una sociedad de bienestar en el futuro? ¿Qué papel debería desempeñar la política en todo ello?
-Creo que tenemos que conseguir que la política sea capaz de transmitir unos valores que, desgraciadamente, se han ido perdiendo durante los últimos tiempos. Habría que buscar un mayor consenso, un mayor diálogo y, probablemente, mayor humildad, en general. La verdad ni es negra, ni es blanca, normalmente la verdad está en los grises; y con la razón y las posiciones suele pasar lo mismo. Los extremismos siempre son negativos y hay que buscar la integración.
-¿Qué opinión le merece el programa Etorkizuna Eraikiz que ha activado la Diputación?
-Por lo que he leído y conozco, me parece que trata de impulsar valores de participación, de solidaridad, de integración y de apoyo a los colectivos desfavorecidos. Creo que es una apuesta interesante y conozco varios proyectos en particular que merecen muchísimo respeto. Ojalá fructifiquen y logren alcanzar las metas propuestas.
-¿Qué importancia tiene el envejecimiento entre los retos de futuro de nuestra sociedad y cómo nos puede ayudar una actividad como el atletismo?
-Yo me inicié en el atletismo ya mayor, con 37 años, y tengo la experiencia de que mejoro mis marcas con cada año que pasa, como los buenos vinos. Pienso que el deporte es fundamental en todas las edades y juega un papel diferente en cada ciclo de la vida. En el caso de la mujer, además, tiene un componente de socialización, autoestima y autocontrol, cuestiones muy positivas. Yo animo a todo el mundo a activarse: paseando por esta maravillosa ciudad, subiendo al monte, corriendo...
-¿Qué papel puede jugar el deporte para transmitir esos valores que defiende?
-Puede jugar un papel muy importante porque nos ayuda a generar nuevas amistades y vínculos con personas con las que compartimos valores, permitiéndonos mejorar en todas nuestras facetas.