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Historias para recordar… o no

Historias para recordar… o no
Lágrimas, sorpresas, malentendidos… en una boda y su preparación hay tiempo para todo, desde divertidos momentos que guardar en el recuerdo hasta contratiempos que es mejor olvidar
EL DIARIO VASCO

Jurar amor eterno no es nada fácil. Y menos aún organizar la boda y que salga todo de 10. En ella toman parte gran cantidad de personas que, con toda su buena voluntad, a veces ayudan y otras, no tanto.

Y si no, que se lo digan a la actriz y cantante Lola Flores. El 25 de agosto de 1983 pronunció la ya extendida expresión “¡Si me queréis, irse!”. Esto sucedió en la boda de su hija Lolita, en la que se presentaron la friolera de unas 5.000 personas dada la expectación que levantaba el evento. La concentración de curiosos en la iglesia impedía que la ceremonia se pudiera celebrar con normalidad, por lo que ‘la Faraona’ llegó como pudo al altar y se dirigió al público: “Mi hija no se puede casar. Así que si me queréis a mí, marcharse. Si me queréis algo, irse. Hay que sacar a la gente, o no se casa”.

La muchedumbre, lejos de marcharse, se revolucionó más, por lo que la ceremonia se terminó oficiando en el despacho del cura. El banquete tampoco fue mucho mejor, ya que hubo 1.500 comensales, cuando sólo 500 de ellos estaban invitados.

Aunque ésta no es la única boda famosa que ha dejado un momento histórico en la memoria colectiva, ya que hay enlaces que son analizados al detalle en busca de algún desliz. Éste es el caso, por ejemplo, de las bodas reales, en las que siempre se consigue rescatar alguna anécdota.

Éste fue el caso de la boda del Príncipe Guillermo y Kate Middleton. Aunque en este caso los protagonistas no fueron ellos, ni siquiera los invitados, fue una de las monjas que asistió a la misa. Y es que la hermana, sentada justo a la derecha del príncipe durante todo el evento, calzaba bajo el hábito unas Reebok Classics negras, lo que despertó la curiosidad de los espectadores. Tal fue el revuelo que generó este detalle, que se llegó a pensar que se trataba de una agente del servicio secreto británico disfrazada y fue apodada como ‘la monja ninja’.

Aunque no fue la única anécdota de esta boda. Y es que otro miembro del clérigo, el cura más concretamente, fue filmado por las cámaras celebrando el enlace con dos volteretas laterales sobre la alfombra roja de la Abadía de Westminster. Las cámaras de televisión le jugaron una mala pasada, ya que se creía que ya estaba solo, pero los periodistas no habían desmontado sus equipos todavía. A las 24 horas de la boda, el vídeo ya contaba con 10.000 reproducciones.

Los expertos

Pero las anécdotas, en muchas ocasiones, van más allá de la mera celebración, dejando chascarrillos por el camino, incluso para los profesionales que prestan sus servicios a los novios.

Éste es el caso del joyero Claudio Munoa, que asistió en primera persona y en su establecimiento a toda una sorpresa. Recuerda que “a finales del año 2016, entró a la tienda una pareja, una chica y un chico daneses. Calculo que tendrían unos 30 años. A ella le había gustado mucho una sortija del escaparate, con un aguamarina y diamantes en platino, que habíamos hecho nosotros. Y me pidieron verla”. Surgió un flechazo, “ella se enamoró de la sortija y dijo que el precio le parecía bien y que se lo iba a pensar. El chico cogió la sortija y dijo que sí, que era realmente bonita”.

El joyero Claudio Munoa asistió a una pedida de mano en danés en su propio establecimiento

Ella insistía entre risas: “’Sí, ¿a que es monísima?’. Entonces él cogió la sortija y se arrodilló, para pedirle en danés que se casara con ella (evidentemente, yo no sé danés, pero me imaginé lo que estaba pasando). La chica se puso roja como un tomate, se le saltaron los lagrimones a cataratas y yo también me puse rojo como 10 kilos de tomates, sin saber a dónde mirar”. Finalmente, “ella le dijo que sí y compraron la sortija. Y todos felices, porque ahora quieren que les haga las alianzas”.

De hecho, no ha sido la única sorpresa que se ha llevado el maestro joyero, ya que “algo parecido me ha ocurrido el pasado año, con otra pareja irlandesa. Le hice a él la sortija de pedida para ella y su intención es venir a casarse con mis alianzas aquí, a San Sebastián”.

Son muchas las novias e invitadas que pasan también por el salón Elise para el gran día, por lo que la conocida estilista ha podido vivir de todo: “Gracias a Dios, tengo un público muy formal. Aunque en mis 52 años, una vez vino una familia entera de Valencia para una boda. Todas las chicas vinieron a la peluquería a lavar y peinar, y al final, se quedaron a cambiarse de imagen: pies, manos, vinieron morenas y salieron rubias… se hicieron de todo. Total, que se quedaron haciéndose un cambio de imagen completo y pasaron de ir a la boda”.

Para olvidar

Algunas historias son un dulce recuerdo y otras no tanto, ya que las vivencias no son siempre tan positivas. La propia Elise rescata también un recuerdo no tan divertido, como cuenta la estilista, “una novia a la que preparamos se iba a casar con un capitán de barco y el mismo día de la boda él no apareció en la iglesia. Así que ella cogió y se fue con los invitados a la comida”.

Por su parte, en NEU Donostia tienen una batalla particular con los padrinos. Y es que no son pocos los que, saltándose todo tipo de protocolo, quieren vestirse como el novio. Tal y como cuenta Julen Maiz, que lleva más de 25 años en el mundo de la ceremonia masculina, “primero va el novio, luego el padrino, después el padre y, por último, el resto de los invitados”.

La estilista Elise preparó a un grupo de invitadas que finalmente decidió pasar de la boda

Maiz cuenta que en una ocasión, “uno de los invitados tuvo la mala idea de reutilizar el traje que usó en su boda. Y lo que parecía una buena estrategia para ahorrarse un gasto, terminó siendo una decisión fatal, que afectó a los verdaderos protagonistas, ya que los invitados terminaron confundiéndole con el novio”. De hecho, “en más de una ocasión nos hemos visto obligados a negarnos a vender el traje para no robarle protagonismo al que se casa, y también para evitar confusiones”.

Más que trajes

De vestir a los protagonistas y sus familiares en el gran día algo sabe también la diseñadora de alta costura Isabel Zapardiez. Recuerda con cariño que “en un mismo año, me coincidió vestir a una novia de 21 años y a otra de 60; y fue algo especial, sobre todo porque ambas mujeres lo vivían con la misma ilusión, a pesar de que sus historias y sus momentos vitales eran muy distintos”.

Y es que su taller es un espacio lleno de emociones. Cuenta que en otra ocasión, “también ha ocurrido que en una misma boda se haya vestido a tres generaciones de la misma familia (novia, madre y abuela); y esto no sólo es un momento muy especial por todas las emociones que implica, sino también un gran reto creativo que, al final, resulta muy enriquecedor”.

El equipo de Aldabaldetreku sirvió de tapadera a una cuadrilla que raptó al novio para la despedida

Y es que la elección de los trajes suele dar mucho juego. En la sastrería Aldabaldetreku, los propietarios Irma y Ángel han presenciado episodios suficientes como para estar toda la tarde contando chascarrillos. “Hemos visto de todo”, cuenta Irma. “En una ocasión atendimos a una pareja muy amable que vino acompañada por la madre de la novia. Aconsejados por ésta, dijeron desde el primer momento que querían ir vestidos de estilo clásico, muy formales”.

Sin embargo, llegó un momento en el que la madre tuvo que salir de la tienda y “los novios me confesaron que en realidad su idea era trajearse al estilo hippie. Estaban haciendo el paripé para sorprender después a la madre. El novio iba de azul con tirantes y pajarita, y cuando la madre entraba de nuevo a la tienda, se escondía. Hay que decir que cuando se enteró de lo que tramaban, lo aceptó de buen agrado. Era una familia muy maja”.

Aunque para broma, la que le gastaron a otro prometido: “Convocaron al novio en la tienda convenciéndole de que iba a probarse trajes. Una vez entró por la puerta, sus amigos, disfrazados de pollitos, le secuestraron para celebrar la despedida de soltero”.

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