«En algunas zonas de Kenia las niñas no tienen derecho a ir a la escuela»

Matilda Rivero misionera marianita en Kenia./DV
Matilda Rivero misionera marianita en Kenia. / DV

La misionera ecuatoriana lleva estará hasta el día 24 dando conferencias en localidades de Euskadi con motivo del Domingo Mundial de las Misiones

SARA ECHEVARRIA

Existen lugares en el mundo en los que «no hay nada». Son pueblos olvidados. Así es Turkana, una tribu del norte de Kenia en la que lleva viviendo ocho años Matilde Rivero, una misionera ecuatoriana que decidió entregar su vida a la congregación marianita con 17 años. Realizó sus votos durante siete años en Chile, estuvo seis años en Ecuador, catorce en Etiopía y seis en el desierto de Kenia, lugar del que dice sentirse parte. Con motivo del Domingo Mundial de las Misiones, Matilde decide visibilizar la realidad a la que se enfrentan misioneros de todo el mundo en su día a día.

Cuando los habitantes de esta tribu keniana encuentran agua sus rostros se iluminan, los ojos les brillan y organizan una fiesta. Los más mayores mascan hojas de tabaco durante tres días para sobrevivir. Los más pequeños disfrutan de una única comida diaria. Y las niñas y mujeres no tienen derechos. «Están para el trueque». Por este motivo, Matilde y las once mujeres que forman parte de la congregación intentan cambiar esta realidad que está tan presente en la tribu Turkana.

- Tiene 60 años y lleva desde los 17 perteneciendo a 'las Marianitas', ¿qué fue lo que le motivó a una joven para que decidiera entregar su vida a esta consagración?

- Yo vivía en la zona del volcán Chimborazo en Ecuador. Teníamos un obispo maravilloso y fue él quien verdaderamente me motivó a meterme en la consagración. Así que con apenas 17 años entré en las Marianitas. Estuve un año de formación, hice los votos durante siete años en Chile y después volví a Ecuador, donde estuve seis años. Una vez allí, la madre superiora fue invitada al Vaticano a reunirse con otras órdenes. A la vuelta nos propuso quién quería ir a África a hacer labor humanitaria en el continente más pobre del mundo. Yo no lo dudé. Levanté la mano sin pensarlo.

- Ecuador también es un país vulnerable, ¿por qué irse hasta África?

- Ecuador, al igual que en cualquier lugar del mundo, hay mucho trabajo que hacer. En algunas partes hay más que en otras, pero si te pones a buscar encuentras situaciones que mejorar. La diferencia es que quienes eran lugares de misión ahora son ellos los misioneros. Este es mi caso. Sudamérica fue un lugar de misiones a mitad del siglo pasado, pero ahora somos nosotros quienes vamos con la llamada de Dios a los lugares más marginados.

- Primero estuvo en Etiopía y ahora está en Kenia ¿cómo describiría la experiencia?

- Efectivamente. Tras escribir la carta de motivación me enviaron a Etiopía. Estuve 14 años en una zona de plantación de café llena de vegetación. Era una zona increíble, muy verde. Pero la visa se me caducó y no conseguí renovarla. Justo entonces me propusieron ir a otra misión que estaba en Kenia, no muy lejos de donde yo estaba. Así que decidí sumergirme en esta nueva aventura. En un primer momento me chocó muchísimo. Yo estaba acostumbrada a una zona totalmente diferente y me metí de lleno en el desierto. La zona de Turkana está al noroeste del país y no hay ni un árbol. Pero los habitantes nos recibieron con los brazos abiertos y nos han hecho sentir parte de ellos. Hoy en día soy una Turkana más.

- ¿Cuál fue su primera impresión? ¿Cómo describiría al pueblo?

- La verdad es que la primera impresión fue muy impactante. No había nada allí. Ni una planta. Son nómadas y la poligamia está a la orden del día. Es más diría que la poligamia es uno de los problemas principales a los que se enfrentan los turkanas. Es una tribu marginada y está en continuos enfrentamientos con las otras tres tribus de la zona. El motivo principal son los pocos recursos que tienen y se pelean por el agua principalmente. La misión lleva más de diez años tratando de lidiar con este problema y que los pueblos se reconcilien. Pero nada. Es en vano. En cuanto tratamos de organizar alguna celebración para que se junten y puedan limar asperezas termina en conflicto. Incluso una vez murieron ocho personas.

- La misión lleva diez años en Turkana, ¿cuántas hermanas son en la misión? ¿Qué labores realizan en la comunidad?

- Somos once mujeres en la misión. Cuatro somos Marianitas, dos franciscanas y también hay cinco mujeres kenianas en formación. Nosotras principalmente les enseñamos cómo aprovechar sus recursos de la mejor manera posible y ganar autonomía. Aunque nuestro trabajo sin el apoyo de la iglesia y las ayudas que recibimos sería imposible. Hago hincapié en esta cuestión porque tenemos guarderías, huertas y una clínica móvil. También, con maquinaria, cavamos pozos para extraer agua y es inexplicable la cara de felicidad que ponen cuando hay agua. Montan una fiesta. A las guarderías vienen niños de dos a seis años, aunque tenemos mucha relación con el colegio, que pertenece al Gobierno, y solemos impartir clases todos los viernes. Además, también tenemos talleres para las mujeres, porque al ser un pueblo polígamo el papel de la mujer prácticamente no existe y queremos que también tengan su independencia o autonomía.

Actualmente están once misioneras, 4 marianitas, 2 franciscanas y 5 kenianas en formación

- Un pueblo en el que la cultura, la tradición y la poligamia están en las raíces ¿cómo van a lograr que la mujer tenga su papel en la comunidad?

- Es muy complicado porque la mujer no tiene ni voz ni voto. Su palabra no cuenta para nada. Es más, las niñas no tienen derecho a ir a la escuela, porque están para el trueque, el cambio con animales y para que los mayores hagan negocios. Es muy triste ver como les llenan de collares desde bien pequeñas, porque cuantos más colgantes mejor será el cambio. Tiene más valor. Es complicado lograr cambiar estas tradiciones y costumbres. Pero a través de talleres de confección intentamos que las mujeres logren su autonomía.

«Es muy complicado hacerle un hueco a la mujer en una comunidad polígama»

- Son once mujeres en la misión, ¿cómo les acogió el pueblo Turkana?

- Aunque en momentos de conflictos nos mantengamos al margen y evitemos las zonas donde está el conflicto la comunidad Turkana nos ha acogido con los brazos abiertos. Somos parte de ellos. Nos protegen cuando hay enfrentamientos y nos han ofrecido un papel fundamental en su comunidad. Nos sentimos muy agradecidas de formar parte de esta tribu tan tradicional. Pero todavía tenemos mucho que hacer para que las mujeres tengan su papel en una comunidad polígama.