Tiempo de oposición

La mejora económica ha provocado una avalancha de ofertas públicas de empleo a las que se presentan centenares de miles de personas. Las academias especializadas viven una época dorada

Las academias ofrecen apoyo psicológico a los opositores para superar los nervios el día del examen. /R.C.
Las academias ofrecen apoyo psicológico a los opositores para superar los nervios el día del examen. / R.C.
Javier Guillenea
JAVIER GUILLENEA

José Luis Soler no daba crédito a lo que veían sus ojos. Era la mañana del pasado día 10, lunes, y ante las puertas de la academia que dirige en Bilbao se extendía una larga fila de personas que aguardaban el momento de matricularse en el centro. Las primeras habían llegado el día anterior poco antes del mediodía y allí hicieron noche junto con una multitud de aspirantes a opositores que se fueron sumando a la vigilia. «Eran unos trescientos, la cola daba vuelta a la esquina», recuerda Soler aún no repuesto de la sorpresa.

Todos querían ocupar una de las limitadas plazas de la academia San Agustín, que cuenta con un merecido prestigio en la preparación de oposiciones, pero solo 140 lograron matricularse. Habían superado la primera prueba, la que les convertía en habitantes de una especie de nebulosa en la que estudiar y trabajar vienen a ser casi lo mismo. Ya son opositores y deberán sortear muchos más obstáculos si quieren llegar a ser maestros de Infantil o Primaria.

Les aguardan meses de preparación para afrontar con garantías de éxito los exámenes de la próxima Oferta Pública de Empleo del departamento vasco de Educación. Aunque aún no se ha publicado la convocatoria, se cree que las pruebas se realizarán en junio del próximo año. «Y se espera -afirma José Luis Soler- que haya muchas plazas».

Es una esperanza que se vive no solo en el País Vasco sino también en el resto de España, donde las ofertas de empleo de las distintas administraciones han comenzado a brotar como setas. Un enorme ejército de personas en edad de opositar vive en un permanente estado de ebullición mientras las academias de toda la vida cuelgan el cartel de no hay plazas y nacen nuevos centros especializados en facilitar el tránsito de los opositores al paraíso del funcionariado.

«Durante muchos años no se han convocado oposiciones en España por culpa de la crisis y además estaba la tasa de reposición. El Gobierno central solo permitía cubrir un pequeño porcentaje de las vacantes que se libraban por jubilaciones y quedaron muchas plazas disponibles», explica José Luis Soler. Con la mejora de la economía la situación ha cambiado radicalmente.

«Buena racha»

En marzo de 2017 el Gobierno de Mariano Rajoy y los sindicatos mayoritarios firmaron el pacto de estabilización del empleo público. El acuerdo, que tenía como objetivo básico convertir hasta 250.000 plazas interinas en fijas en un plazo de tres años, también supuso el aumento de hasta el 100% de las tasas de reposición de plazas en Educación, Sanidad y Justicia. Desde entonces las convocatorias públicas de empleo se han sucedido sin descanso.

El Gobierno lanzó en julio de 2017 una oferta de más de 20.000 plazas que fue calificada entonces de histórica. Un año después, el Ejecutivo, ya en manos de Pedro Sánchez, anunció la convocatoria de una OPE de 30.800 plazas. Si la economía no se tuerce, durante los próximos años las ofertas públicas se multiplicarán tanto en la Administración del Estado como en las autonómicas y las locales. Es la oportunidad que estaban esperando centenares de miles de personas.

«Ahora estamos en una buena racha. Con el pacto de estabilización del empleo público y las jubilaciones que se prevén para los próximos años van a seguir saliendo convocatorias», afirma Mamen Villarig, responsable del área de Cuerpos de Seguridad de MasterD, un centro de estudios que combina la formación online con la presencial y cuenta con 30.000 alumnos en toda España. «El momento es ahora, es una buena época para ser opositor», ratifica Álvaro Concha, responsable de comunicación de la academia. «Se prevé que el incremento de ofertas públicas se mantendrá porque todas las plazas vacantes se van a tener que cubrir».

Todo es un suponer, un quizás ante el que hay que estar preparado de antemano. «No hay que esperar a que salgan las convocatorias. Si tienes claro que vas a opositar, cuanto antes empieces, mejor», asegura Mamen Villarig. La competencia es mucha y en los exámenes se mezclan gente que ya está dentro del sistema, opositores veteranos curtidos en fracasos anteriores y recién llegados dispuestos a comerse el mundo. Todos quieren adelantar al siguiente, es una batalla sin cuartel. «En una oposición no basta con aprobar, hay que sacar la mejor puntuación posible para lograr una plaza», recuerda Álvaro Concha.

Quedar en lo más alto de las listas no sale gratis. El coste de una academia especializada depende de la complejidad de la oposición, la duración de los estudios y el prestigio del centro. Si se aspira a un puesto técnico de gestión y superiores, el precio de los estudios oscila entre 3.000 y 4.000 euros; si se opta a una plaza de auxiliar o administrativo, el desembolso puede llegar a los mil euros y si lo que se pretende es ser maestro, unos 150 euros mensuales durante algo menos de un año pueden garantizar una preparación adecuada para afrontar las pruebas.

Médicos en Oviedo

No todos los opositores acuden a academias. Hay quienes compran los temarios y estudian por su cuenta en casa, pero en algunos casos es conveniente matricularse en un centro especializado, como sucede con las pruebas a Médico Interno Residente (MIR). El pasado 10 de febrero, 14.448 aspirantes se examinaron para optar a 6.513 plazas después de meses de preparación intensiva. Uno de ellos fue el bilbaíno Rodrigo Perea, que durante meses se dedicó en cuerpo y alma a la preparación del examen.

Lo hizo en Oviedo, una ciudad a la que acuden cada año desde todos los rincones del país un millar de jóvenes médicos atraídos por el prestigio de sus academias. La afluencia de esta especie de turismo de oposición que no da problemas porque lo único que hace es estudiar, ha generado en la capital de Asturias un entramado de servicios destinados a hacer más llevadera la dura existencia de estos residentes temporales. En la ciudad han proliferado lavanderías, pisos de alquiler y librerías especializadas. «Hay empresas que se dedican a organizar excursiones para los MIR los domingos», explica Rodrigo desde Talavera de la Reina, la ciudad en la que obtuvo un destino tras aprobar el examen.

Doce horas al día

Superar la prueba le costó casi ocho meses de dedicación constante. «De lunes a viernes estudiaba siete horas por la mañana y dos por la tarde. Después tenía tres horas de clase en la academia. Los sábados hacíamos por la mañana un simulacro de examen que se corregía por la tarde pregunta por pregunta durante tres o cuatro horas», recuerda. «Esa noche salíamos todos los MIR de fiesta por Oviedo para desahogarnos».

«Estudiar no me importaba tanto porque ya estaba acostumbrado. Lo difícil es soportar la presión de un examen, piensas que todo lo que haces es para un solo día en el que puedes tener fiebre, haber dormido mal o quedarte en blanco. La idea de que algo puede salir mal te come la cabeza», dice Rodrigo. La obsesión por aprobar el MIR o cualquier otra oposición puede pasar una factura que las academias tratan de aligerar con apoyo psicológico. Saben que los nervios han frustrado más de una carrera.

«Hay oposiciones con una variedad de pruebas tremenda y los alumnos tienen que saber trabajar con desgaste para mantener la cabeza fuerte», afirma Mamen Villarig. Su academia, MasterD, cuenta con entrenadores que se encargan de preparar a los estudiantes para el día del examen. Se les enseñan técnicas para gestionar el estrés y, en los casos de presentaciones orales, a plantear con orden las ideas. «Una oposición es una carrera de fondo», recalca Villarig. Es una competición en la que participarán durante los próximos años cientos de miles de personas que pugnarán entre sí por quedar lo más alto posible. Hay mucho en juego. El premio es la paz del funcionariado.

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