Un preso se introduce dos móviles y siete bolas de hachís vía anal en un vis a vis

Una de las galerías del centro penitenciario de Álava, el más grande del País Vasco. /Jesus Andrade
Una de las galerías del centro penitenciario de Álava, el más grande del País Vasco. / Jesus Andrade

Los funcionarios de Zaballa sorprendieron también a su hermano con diez bellotas. Se habían reunido con su madre y un cuñado

DAVID GONZÁLEZ

Era día de visitas familiares en el centro penitenciario de Álava. En una sala se juntaron, sin miradas curiosas, un par de internos, hermanos, con su madre y un cuñado. Durante algo más de una hora pudieron departir en la intimidad. Tal vez compartieron las novedades en su entorno más cercano, quizá trataron otros temas más banales... Y entremedias, también intentaron saltarse la ley, de nuevo. Ambos presos están acusados de introducirse por vía anal varias bolas de droga y dos teléfonos móviles.

El caso es que, cuando la madre y el cuñado abandonaron la sala, ambos reclusos fueron sometidos a un pequeño cacheo. Los funcionarios penitenciarios constataron que uno ocultaba en el calzoncillo «diez bolas de hachís» de tamaño considerable. Razón por la que se activó el protocolo de seguridad de este centro penitenciario, el mayor del País Vasco con algo más de 700 personas en sus instalaciones.

Con el beneplácito del juzgado de Vigilancia Penitenciaria, la Ertzaintza trasladó a los hermanos a Txagorritxu, donde les sometieron a una exploración radiológica. Los rayos X destaparon la treta. Había objetos 'extraños' en sus intestinos. Ambos fueron confinados a un área especial del hospital, con custodia policial, hasta que expulsaran esa carga no biológica oculta en sus cuerpos.

El parte policial, según ha sabido en exclusiva este periódico, cita «ocho bolas de hachís y dos bolas de heroína» eliminadas por uno de los presos. La sorpresa, sin embargo, llegó con su hermano. Este defecó «siete bolas de hachís» y «dos teléfonos móviles». Este periódico ha consultado entre fuentes penitenciarias y policiales sin lograr constancia de ningún precedente similar en Álava.

Comunicación controlada

En diciembre, otros dos hermanos internos -distintos a estos- también fueron sorprendidos por el personal de Zaballa tras completar un vis a vis con cuatro personas de su entorno. En aquella ocasión se metieron un total de 28 bellotas de hachís. Ambos fueron trasladados a otra prisión como castigo. En estos momentos están a la espera de juicio.

El veto a los teléfonos móviles a las prisiones es absoluto. Por eso su cotización intramuros anda desbocada. Este fenómeno sorprende entre la plantilla del penal alavés. «Cuentan con cabinas telefónicas en todos los módulos», alegan medios internos. Eso sí, esas comunicaciones con el exterior se limitan a «diez números registrados en una lista». Así se sabe a quién llaman. También la duración de esas llamadas.

Las horas en que pueden marcar están restringidas por ley. Quizá ahí resida la causa del segundo objeto ilegal más codiciado tras las drogas. «Contar con un móvil propio, lógicamente, carece de restricción alguna. Y pueden telefonear a cualquiera y a cualquier hora del día», advierten fuentes de la plantilla.

Tanto el hachís, como las dos bolas de heroína o el par de móviles hubieran supuesto un enorme beneficio para ambos 'muleros' (apelativo para las personas que introducen droga). Los dos, encerrados por diversos delitos relacionados con robos y similares, se hallan ahora a la espera de las consecuencias legales.

De forma inmediata han perdido todos sus beneficios penitenciarios y les aguarda un traslado de centro penitenciario en los próximos días. Por último, el juzgado abrirá un procedimiento penal contra ambos, lo que probablemente implicará un incremento de su actual condena.