Detonan la primera microvoladura ante la dureza de la roca para llegar hasta Julen

El operativo, en una imagen distribuida por el delegado del Gobierno en Andalucía, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, en su Instagram.

Los mineros, que no descartan volver a recurrir a los especialistas en explosivos, sufren el mismo tipo de terreno de extrema dureza que ya se encontró la perforadora

JUAN CANO , FERNANDO TORRES y ÁLVARO FRÍAS

El operativo para cavar la galería hasta Julen ya ha tenido que llevar a cabo la primera microvoladura controlada. La roca ha obligado a los mineros a pedir que la Guardia Civil procediera a realizarla debido a la dureza del terreno que se están encontrando para avanzar a lo largo de los 4 metros de distancia que hay entre el pozo y la zona donde se supone que está Julen.

De hecho, los rescatistas no descartan volver a recurrir a los especialistas en explosivos, ya que sufren el mismo tipo de terreno de extrema dureza que ya se encontró la perforadora y que tantos problemas ha ocasionado. A las 1.20 de la mañana, los mineros se preparaban otra vez para descender tras la intervención de los agentes de la guardia civil.

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El descenso de los mineros y comienzo de la galería

El operativo de búsqueda de Julen pasó ayer de las obras de ingeniería a las técnicas de salvamento. Se terminaron las retroexcavadoras, los encamisados, las perforadoras y los 'bulldozers'. Y llegó el turno de los rescatadores. Ayer, los especialistas de la Brigada de Salvamento Minero descendieron en la cápsula fabricada por dos hermanos herreros de Alhaurín el Grande. Las redes sociales se llenaron inmediatamente de plegarias desde todo el mundo para que les guíen hacia el pequeño.

Tras varios días de contratiempos, la jornada empezó, por fin, con una buena noticia. A las 5.30 horas, los operarios terminaron finalmente el «encamisado» del pozo, una obra complejísima, que en circunstancias normales hubiera tardado meses, hecha en solo unos días a base de solucionar un obstáculo tras otro.

Las características del terreno, el traicioner complejo maláguide, donde se intercalan capas blandas de pizarra y arcilla con rocas subvolcánicas de extrema dureza, complicó la ejecución de ese pozo de 60 metros que, junto a los 23 del rebaje previo (ese cráter excavado en la montaña que sirve de plataforma de trabajo), dan una profundidad total de 83 metros. El rescate de Julen lo acometerán los efectivos de la Brigada de Salvamento Minero en una ventana ubicada en la franja de -72 o -73 metros. De ahí hacia abajo es caldera, es decir, el lugar donde arrojarán los escombros de su excavación para evitar cualquier movimiento innecesario durante el delicado proceso.

La construcción del pozo paralelo al sondeo requirió, en total, cuatro días y medio de trabajo sin descanso –en torno a unas 111 horas de ejecución–. La mitad de ellas se invirtieron en la perforación, que se complicó a partir de la cota -22. La otra mitad del tiempo se invirtió en el perfilado de las paredes del pozo, ya que los tubos destinados a 'encamisarlo' para que pudieran entrar los bomberos se atascaban en los salientes que habían resistido a las largas sesiones de limado por parte de la perforadora. La solución de urgencia la encontraron los técnicos, que decidieron reducir el grosor de los tres cilindros del último tramo (la caldera) para que no tocaran con esas aristas de la roca y la estructura encajase al fin.

A las 22.30 horas del miércoles, los operarios volvieron a colocar los 42 metros ya soldados de entubado (7 tramos de 6 metros cada uno) en el interior del pozo y después, con precisión quirúrgica, introdujeron y soldaron, uno a uno, otras tres piezas de 6 metros (total, 18) a las que se les había reducido la sección (grosor). La maniobra, probablemente una de las más complejas y delicadas de la obra que se está llevando a cabo, terminó a las cinco de la mañana. Después, comenzaron las labores de relleno de tierra para recrecer esos doce metros que solicitaron los mineros para crear una plataforma de trabajo más estable y que asegurase su entrada el pozo. Terminaron de realizar estas labores en torno a las 13.00 horas de ayer.

A partir de ese momento comenzó el turno de los rescatadores. El equipo, formado por ocho mineros, 10 guardias civiles –especialistas en rescate en montaña (Greim), de actividades subacuáticas (Geas) y en microvoladuras (Tedax)– y 8 bomberos del Consorcio Provincial, llegó a mediodía a la 'zona cero' para preparar el descenso.

Antes de comenzar la maniobra, los mineros solicitaron que los técnicos de la empresa Stockholm Precision Tools –compañía que coordinó el rescate de los 33 mineros chilenos atrapados bajo tierra en el año 2010– que analizaran de nuevo la trayectoria de la perforación para verificar que la ventana se encontraba a la altura del pozo en el que estaría Julen. Tras ello, según apuntó el portavoz de la Guardia Civil, comenzaron a partir de las dos de la tarde a ensayar el operativo de rescate, haciendo pruebas dentro del tubo (para comprobar el funcionamiento de la cápsula) así como de las medidas de seguridad a tomar durante la intervención. Tres horas después, comenzó la operación de descenso para cavar la galería a mano, pico, pala y puntal.

Dureza del terreno

Los primeros en descender por el pozo fueron el ingeniero Sergio Tuñón, que es el jefe del grupo, y Jesús Fernández (aunque en su equipo lo conocen como Chus). A tenor de las imágenes, no llevaban equipos con circuito cerrado de respiración, que son los que suelen usar, aunque sí los autorrescatadores, que forman parte de su equipamiento. Las fuentes aseguraron que los trabajos empezaron bien, aunque la dureza del terreno marcó, de nuevo, el avance de los trabajos. A medida que iban avanzando en la excavación, solicitaban a sus compañeros maderas para apuntalar la galería. Cada paso les hacía estar más cerca de Julen.

Ñito Salas

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