El sastre del aire

En Bilbao. Gary Hunt, con el Guggenheim al fondo, tras saltar desde el puente de La Salve en 2014. / RED BULL
En Bilbao. Gary Hunt, con el Guggenheim al fondo, tras saltar desde el puente de La Salve en 2014. / RED BULL

Un triple mortal hacia adelante y cuatro tirabuzones y medio. Gary Hunt, el primer hombre en lograr el salto perfecto desde un acantilado, cose en 27 metros lo que entrena en tramos de 10

FERNANDO MIÑANA

Red Bull, que patrocina el circuito mundial de saltos desde acantilados, publicó un día un vídeo explicando la dificultad de este deporte en el que los competidores saltan desde una plataforma situada a 27 metros del agua. Y detallaba que la caída dura menos de tres segundos, que se alcanzan los 85 km/h y que al romper contra la lámina de agua, antes de sufrir una desaceleración en 0,3 segundos mientras el cuerpo se sumerge cinco metros, el saltador se enfrenta a una fuerza de 5G. Un montón de detalles técnicos para entender el riesgo de esta actividad. Pero nada tan comprensible como lanzar una sandía desde la plataforma y ver cómo se hace añicos al impactar contra el agua.

El británico Gary Hunt es el mejor en esas circunstancias. Lo es por sus siete títulos -aún a cuatro del colombiano Orlando Duque- y por haberse convertido hace unos días en Pigeon Rocks, un peñasco en aguas de Beirut, en la primera persona en realizar un salto perfecto, el único en la historia en sumar cinco dieces de los jurados. Hunt, que nació hace 35 años en Southampton, al sur de Inglaterra, fue uno de esos niños a los que sus padres apuntan a natación. Hasta que un día, largo va, largo viene, harto, se apoyó en el borde y se quedó mirando, mosqueado, a esos otros niños que no paraban de reírse y de hacer saltos. Y entonces pensó: «¿No estaré en la piscina equivocada?».

Un año después ya estaba haciendo piruetas. Se hizo un nombre en esta nueva disciplina. Hasta ganó una medalla de bronce en los Juegos de la Commonwealth. Ese año, en 2006, después de los Europeos, un antiguo saltador llamó a su entrenador porque iba buscando a otro clavadista para un espectáculo en Italia. Hunt había conocido ese año, a sus 22, a su compatriota Tom Daley, que solo tenía 12 y aún así le venció. Todo aquello le animó a dejar las piscinas y plantar los pies en los acantilados.

Hunt, que acabó jubilando a Duque, se convirtió en el dominador del circuito. Debutó en 2009 y diez años después ha ganado siete veces. Durante este tiempo se mudó a París para entrenarse en el Instituto Nacional del Deporte. El problema es que allí, como en todo el mundo -salvo en Zhao Qing, en China, donde está la única plataforma permanente de 27 metros-, solo puede practicar desde los diez metros. Eso le obliga a unir sus entrenamientos en el aire cuando llega una competición. La víspera, durante la preparación, se dedica a coser los segmentos de su salto que ha ido perfeccionando por partes debido a la limitación de los diez metros. El día de la prueba, se coloca al borde de la plataforma, respira hondo y, en cuanto encuentra una décima de segundo en la que deja de pensar en el riesgo, salta.

Relajarse al piano

La repetición hasta la saciedad de cada pirueta, los mortales y los tirabuzones, consigue que los accidentes sean inusuales. Pero todo saltador carga con su batallita. Hunt, también. El británico empezó a saltar en los acantilados con su mejor amigo, Kevin Brown -a él le dedica todos los éxitos desde que murió en un accidente de tráfico-, quien siempre se extrañaba de que nadie saltara en carrera. Hunt lo hizo como homenaje. Pero tenía un problema. Antes de despegar, a unos pasos del borde, no veía el fondo. Un día eso hizo que no se percatara de que se había levantado un fuerte oleaje, y al caer chocó «en un ángulo incómodo» contra una ola. Sufrió una conmoción cerebral y acabó en el hospital. Dos semanas después estaba saltando. Hay que huir de los miedos cuanto antes.

No hay que darle alas a los fantasmas. Unos se aislan antes de la competición escuchando música con los cascos. Hunt prefiere hacer juegos malabares y es habitual verlo a los pies del acantilado lanzando cinco o seis bolas a la vez. Tras el salto se juntan todos, en una especie de tercer tiempo, para tomar una cerveza o una copa de champán. Y al regresar a casa le gusta relajarse tocando el piano, otra de sus habilidades. Aunque lo más curioso es que Hunt tiene miedo a las alturas si no hay agua al fondo. Porque cuando se asoma a un octavo piso no puede evitar pensar qué pasaría si saltara desde allí...

En honor del rey Kahekili
El ganador de las Series Mundiales del Red Bull Cliff Diving recibe el trofeo King Kahekili, que rinde homenaje al primer gran jefe hawaiano que saltó por primera vez desde los acantilados sagrados de Kaunolu. Hawai es la patria de este deporte desde que, en el siglo XVIII, comenzaron a saltar desde las rocas de lava.
El salto más difícil
El británico, que estudió Matemáticas y Criminología, tiene el honor de practicar el salto con mayor dificultad de la historia: un triple mortal hacia adelante y cuatro tirabuzones y medio.
En Bilbao, en septiembre
Tras su fabuloso éxito en Líbano, la siguiente parada del circuito, el 14 de agosto, será en Mostar (Bosnia). Un mes después, el 14 de septiembre, saltará por cuarta vez en Bilbao.