Juegos de calle para fomentar la actividad física

Saltar a la comba o hacer carreras de sacos son una buena forma para prevenir la obesidad infantil, evitar el sedentarismo y fomentar la integración

Los juegos ‘de antes’ son la base para el programa Movi. /
Los juegos ‘de antes’ son la base para el programa Movi.
P. MANZANARES Madrid

Entre el el 35 y el 42% de los niños españoles tiene problemas de sobrepeso, una tendencia que crece cada año. Por ello son cada vez más relevantes las prácticas basadas en modelos de intervención que fomenten la importancia de una alimentación equilibrada y una actividad física continuada, una manera no solo de prevenir la obesidad en edades tempranas, sino de inculcar hábitos de vida saludables.

El doctor Vicente Martínez Vizcaíno, codirector del Centro de Estudios Sociosanitarios de la Universidad de Castilla-La Mancha y principal investigador del programa Movi de ejercicio físico para escolares, opina que este crecimiento de la obesidad se debe a la suma de varias causas: por una parte, a que «estamos reduciendo espacios de ocio activo infantiles en las ciudades por cuestiones de urbanismo». Por otra, a las prisas y a una excesiva carga de actividades extraescolares.

Cómo afecta la obesidad a los menores

EN LA INFANCIA

La obesidad en la infancia no solo ocasiona una menor movilidad y más caídas, además produce dolores articulares y, como señala el doctor Martínez Vizcaíno, está relacionada con la ateroesclerosis. «El envejecimiento arterial se inicia entre los 3 y los 6 años y hemos podido comprobar que la placa de ateroma (cúmulo de colesterol en la pared de una arteria) se puede estar formando desde entonces. Este proceso está vinculado a un nivel elevado de las grasas en sangre, propio de los niños con sobrepeso y factor de riesgo para futuros problemas cardiovasculares».

Además, la obesidad hace que los niños ronquen y tengan más trastornos del sueño, un problema que también puede tener consecuencias en el rendimiento académico. Por no hablar de que siendo el trastorno más común en las escuelas sigue teniendo un carácter estigmatizante. «Estos niños tienen más problemas a la hora de relacionarse, muchas veces por el rechazo que sufren», matiza el doctor. ¿La solución? Es importantísimo no «patologizar» el exceso de peso, sino tomar medidas para prevenirlo y darle oportunidades al niño para que participe como los demás en actividades físicas y disfrute con ellas.

«Antes se hacían mucho más desplazamientos a pie, pero hoy los padres llevan a los niños en coche a todas partes por falta de tiempo. Y tampoco dejan a sus hijos jugar en la calle, muchas veces porque les llenan el tiempo libre de clases de idiomas, de informática, de música Estamos haciendo que los niños sean una imitación de los adultos, sujetos sedentarios durante 23 horas al día y activos durante una», explica.

Si además a todo eso le sumamos que, según el estudio Estilos de vida saludables y nutrición en adolescentes europeos, el 61% de los niños entre 11 y 15 años pasa más de dos horas al día frente a la televisión, que el ocio es más pasivo sobre todo por efecto de los videojuegos y que cosas tan importantes como los fruteros, que ponían al alcance de la mano algo tan saludable como la fruta, han desaparecido de las casas, parece claro el porqué del incremento de la obesidad.

Regreso al pasado

Volver a saltar la comba o jugar al pañuelo o al pilla-pilla es la base para el programa Movi, que promueve en los colegios el ejercicio lúdico recreativo, cooperativo, no competitivo y no excluyente. Un regreso al pasado, a los juegos de la calle.

De hecho, 90 minutos de estos juegos tres veces por semana durante dos años lectivos han mostrado un efecto positivo en la reducción de la adiposidad y la mejora del perfil lipídico. Y es que el sedentarismo podría estar influyendo más que la alimentación en la epidemia de obesidad que sufren los niños españoles: «Los niños con exceso de peso no son los quemás calorías ingieren, sino los más delgados. El motivo es que son estos últimos los que más energía gastan, hasta cuando duermen, ya que su metabolismo basal es más alto y consumen también más en reposo », explica Martínez Vizcaíno.

Además, los niños con una mejor condición física tienen un mayor rendimiento académico, ya que la actividad física a esas edades precoces «mejora la angiogénesis, es decir la formación de la red vascular del cerebro, y la oxigenación cerebral, y facilita los mecanismos de transmisión neuronal», añade el doctor. Eso por no hablar de cómo esta forma de jugar incrementa las competencias sociales, la capacidad para integrarse, el trabajo en equipo

Pero, ¿a qué edad se debe comenzar? Pues la etapa idónea para implantar hábitos saludables que perduren se da entre los 4 y los 6 años. Unos años cruciales porque es en ellos en los que se produce el primer rebote adiposo'. «Desde el primer año de vida el contenido graso corporal inicia una caída hasta que, en esas edades, comienza a subir, y está demostrado que retrasar su inicio es importante para reducir el riesgo de obesidad en la vida adulta. Por eso hay que procurar darle oportunidades al niño para que esos momentos activos sean frecuentes en su rutina diaria y no consentir períodos sedentarios de más de dos horas», concluye el experto.