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El doctor Antonio Pérez tiene en su despacho imágenes de la Alhambra y de la playa de la Joya, en Torrenueva Óscar Chamorro

El pediatra que quiere curar a todos los niños con leucemia, y lo está consiguiendo

Antonio Pérez, pediatra en el hospital La Paz de Madrid formado en la UGR, ha desarrollado una terapia innovadora que salva la vida de siete niños que estaban desahuciados

Javier F. Barrera

Lunes, 10 de noviembre 2025, 14:33

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«Conoció a Patricia y ella decidió por él que tenía que dedicarse al cáncer infantil. Y acertó». Así termina el reportaje que este periódico publicó el 5 de julio de 2020, el año de la pandemia, en la que se contaba la historia de Antonio Pérez, un pediatra granadino, una autoridad en oncología infantil que trabaja en el Hospital de La Paz de Madrid, que ensayaba entonces una terapia para neutralizar el coronavirus.

Patricia era una pequeña que murió víctima de un sarcoma cuando estaba empezando a vivir. El doctor la conoció en el Materno-Infantil de Granada. Él era entonces un estudiante de quinto de medicina y una compañera de carrera le había convencido para que dedicase su tiempo libre a jugar con los chiquillos con cáncer ingresados en el centro sanitario de la ciudad. Allí le esperaba Patricia. Y se prendó de ella.

El doctor Antonio Pérez, hoy en día una eminencia, no ha parado desde entonces. Patricia falleció, pero tras una ardua labor, Lucía sigue viva. «Ahora mismo estoy bien. Este tratamiento me ha devuelto la fe porque después de tanto ingreso yo pensé que ya no había cura». La que habla, con voz nerviosa, es Lucía Álvarez, de 15 años, que desde que tiene 17 meses ha luchado contra una leucemia intermitente, que ha reaparecido hasta en cuatro ocasiones, tras recibir los tratamientos convencionales.

Esta joven gaditana, que se ha recorrido España junto a su familia buscando una cura para su cáncer. Ella es una de los ocho pacientes que han salvado la vida gracias al ensayo de una terapia pionera para leucemia linfoblástica aguda tipo B pediátrica en recaída o refractaria sin más opciones de tratamiento, liderado por el doctor Antonio Pérez Martínez, director de la Unidad CRIS de Terapias Avanzadas en Cáncer Infantil situada en el Hospital Universitario La Paz en Madrid. Una proeza.

–¿Cómo se ha tratado hasta ahora este tipo de leucemia infantil?

–Uno de los tipos de leucemia infantil, la leucemia linfoblastica aguda tipo B, se trata con poliquimioterapia y en algunos casos de riesgo alto con trasplante de médula. Los pacientes que no responden a la quimioterapia o recaen al trasplante ahora reciben un tratamiento nuevo, el CART-19, aprobado desde 2017 con el nombre comercial de Kymriah. que hoy es un producto farmacéutico que vale medio millón de euros aproximadamente –se receta una dosis por paciente–. España tiene un plan nacional con diez centros donde se puede aplicar. Granada no es uno de ellos.

–¿Qué es lo que has presentado la semana pasada que tanto revuelo ha levantado entre la comunidad científica y los pacientes y sus familiares?

–Un tratamiento denominado CAR-T en tándem. Veamos. Para explicar este producto hay que pensar en un niño con leucemia linfoblastica aguda B que no responde a la quimio o que recae tras el trasplante o tras el CART19. Es un candidato en potencia.

–¿Cómo se elabora este tratamiento pionero?

–Partimos de lo ya existente. Una vez identificado al niño candidato, se le saca sangre. Se selecciona un tipo de célula, los linfocitos T, se envían a una industria farmacéutica en Estados Unidos o Europa. Allí, a esa sangre de ese paciente con esos linfocitos T le introducen un virus que infecta a esos linfocitos T para que exprese una proteína especial, un GPS. Todo esto ocurre en una sala blanca de producción. Para que nos entendamos, se transforma al linfocito T en un linfocito T con un GPS, de forma que cuando le metemos las células de nuevo al paciente, vayan estos linfocitos T guiados con este GPS de forma exclusiva a las células leucémicas detectadas (las que expresan la proteína CD19).

–¿Y qué permite ahora este GPS en los linfocitos T el interior del cuerpo del paciente?

–Es una llave para que abra una cerradura, que son las células leucémicas. Cuando se inyectan, los linfocitos T con el GPS se dirigen a esa celula tumoral y abren esa cerradura, destruyendo las células de la leucemia. Así que lo primero es identificar en las células tumorales cuales son sus cerraduras específicas, no vale cualquiera, y hay que ponerle la llave que abra esa cerradura. Este fármaco es específico. Está muy bien. Tiene resultados de un 40%. Es una pasada, pero queremos curar a todos los niños con cáncer.

–Entonces, ¿lo que han conseguido es mejorar ese tratamiento ya existente?

–Así es. Está dirigido a los niños que han recaído al CAR-T comercial de medio millón de euros que paga el sistema publico. Así que hemos investigado una solución.

–Y la solución es...

–Esta solución, desde la investigación, es parecida a lo ya explicado antes. Pero en vez de poner un GPS único ponemos dos GPS, por eso es tándem. Es como una bici con dos ciclistas. Tiene la ventaja que uno de los dos sillines se une a la cerradura 19 de las células leucémicas y adicionalmente a otra cerradura, la 22 de las células leucémicas. Son dos GPS para reconocer dos antígenos.

–Entonces, ¿es multiplicar por dos su efectividad?

–Uno de los mecanismos por el que los niños recaen es porque dejan de expresar la cerradura 19, y vas con la llave y no está la cerradura y no puedes abrir nada. Ahora, tienen dos llaves de forma que si una cerradura desaparece, hay otra más. En resumen, son los CAR-T de nueva generación, con tres particularidades. La primera es que tiene dos GPS o dos llaves. La segunda es la que hemos fabricado en el laboratorio de la unidad CRIS de Terapias Avanzadas para Cáncer Infantil, en el Hospital de La Paz en Madrid y la tercera que está dirigida a niños que ya habían recibido terapia CART19 y/o trasplante de médula y ya no hay a día de hoy más alternativas

–Esto es un exitazo, ¿verdad?

–Es que en vez de tener que ir a Estados Unidos o a países europeos como Suiza, lo hacemos aquí. Así que es más rápido, más económico y más individualizado. Además, hemos demostrado que podemos hacer terapias celulares complejas –que se llaman medicamentos de terapia avanzada– con calidad farmacéutica en nuestros hospitales públicos. Esto es muy importante para la universalización de estas terapias y la sostenibilidad de nuestro sistema.

–¡Viva la sanidad pública española!

–Sí. Es que hemos desarrollado un medicamento de calidad farmacéutica en lo público. Es importante porque es un CAR-T mejorado cuya producción se realiza aquí, en un grupo de enfermos que sin este avance hubieran fallecido porque no tienen ninguna otra opción. Y lo más importante, la industria farmacéutica cada día tiene menos interés en los niños enfermos de cáncer, porque son muy poquitos. Hay poco nicho económico, de mercado, y no lo trabajan. Por eso es tan importante la investigación académica y pública, que nos ayudan en estos proyectos, junto a las fundaciones de investigación como Cris contra el Cáncer.

–Entonces, ¿se puede afirmar que son todo ventajas?

–Por tres razones. Es un tratamiento de nueva generación. Su producción está descentralizada porque se hace aquí en Madrid. Y es para los pocos, las minorías. Actuamos como si fuéramos los reposteros de Casa Isla cuando hacen una tarta de piononos. En vez de comprar la tarta compramos los ingredientes y preparamos la tarta.

–¿Qué importancia la sanidad pública en todos estos procesos?

–El sistema sanitario público español es una joya, lo defiendo, por la vocación de sus profesionales. Pero me siento muy incómodo en el día a día con las condiciones laborales del equipo, el reconocimiento. Como no lo cuidemos… Por ejemplo, me dedico a algo muy específico y en España no tenemos reconocidas las especialidades pediátricas. Soy pediatra, pero me dedico al trasplante y a niños con cáncer. En España somos todos pediatras y no hay especialidades. Esto es un lastre. En Europa y EE UU sí existe. He trabajado en Gran Bretaña como especialista en trasplante de medula y CART, esto es impensable en nuestro país. Estamos muy pocos en el mundo y así se te valora y se te impulsa, sobre todo si además investigan. Aquí los médicos investigadores están en tierra de nadie. Tiene que haber una concienciación social para saber la existencia de los equipos sanitarios con vocación investigadora y que sean reconocidos. Se juega con la vocación y con nuestra pasión. Pero ni se atrae talento ni se retiene. El tratamiento que hemos presentado es un motor que ahorra mucho dinero al sistema . Con la investigación se reduce el precio, se da sostenibilidad al sistema y permite generar recursos al sistema público. Pero se necesita que los trabajadores tengan estabilidad, reconocimiento, y adecuadas remuneraciones.

–Patricia acertó y Lucía ha salvado su vida, gracias a vosotros...

–Se me ponen los pelos de punta. Quería ser oncólogo para curar a mi padre. Entonces conocí a Patricia y cambió mi vida. Luego han venido Lucía, Daniela, Mateo, Alicia, muchos se nos han ido...

«No te acostumbras al sentimiento de pérdida de los peques»

«No te acostumbras al sentimiento de pérdida de los peques. El último gran drama ha sido el fallecimiento de Isabel, el pasado mes de agosto. Era una de mis pacientes con una leucemia rara. Se le realizó un transplante con seis meses, pero hizo un tumor secundario. Me llamó entonces su papá para contármelo. Era un tumor muy agresivo y tan solo hay veinte casos en el mundo. Le aplicamos un tratamiento experimental pero se nos murió en agosto. Subí al tanatorio a acompañar a la familia. Mi hija se había llegado a hacer amiga de Isabel. Lo pasas mal, no te acostumbras. Sigo pensando que no es justo. Tenemos ganas, actitud y apoyo, pero necesitamos ahondar en el conocimiento. Hay que curarlos a todos a corto y largo plazo». La pequeña, que tenía solo 12 años cuando murió, visibilizó la lucha contra el cáncer infantil. Con menos de un año se enfrentó a un tumor sanguíneo y a los 11 a uno cerebral que sólo tienen unas 20 personas en el mundo. La Fundación Cris contra el cáncer quiso dejar patente el esfuerzo de Isabel y su familia en su lucha constante, la lucha de toda una vida, corta, pero toda una vida. «Su compromiso, su fuerza y su sonrisa van a continuar inspirando nuestro trabajo diario para que ningún niño o niña se quede sin opciones».

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