Manuel Carreiras
«Queremos diagnosticar este trastorno antes de que aparezca», explica este experto, que ha recibido el Premio Nacional de Dislexia
El investigador Manuel Carreiras (Lugo, 1959), considerado una referencia internacional en el estudio de la dislexia, subraya la importancia de la detección temprana de este ... trastorno, que afecta «a cerca del 10% de la población». Para ello, está «empeñado» entender cómo las ondas cerebrales se sincronizan con el habla e identificar biomarcadores para poder desarrollar programas de intervención más eficaces. «Queremos diagnosticar la dislexia antes de que aparezca», afirma el director científico del centro donostiarra Basque Center of Cognition, Brain and Language (BCBL) y Premio Nacional de Dislexia 2025.
– ¿Cómo recibe este reconocimiento?
– Con alegría y con ganas de seguir trabajando en esta área porque hay gente que lo necesita y porque queremos implementar el conocimiento que tenemos sobre esos circuitos que sostienen la lectura y qué es lo que falla exactamente.
– ¿La dislexia es una deficiencia del cerebro?
– Sí, sin lugar a dudas. Pero no tiene que ver con la inteligencia. El niño no es tonto, lo que tiene son dificultades a la hora de relacionar letras con sonidos. Estos chicos, cuando empiezan a ver que no van con el mismo ritmo que los demás, que tienen que estar haciendo clases suplementarias, que ya les señalan como tonto, sufren un montón, pero no se debe a que sean vagos. Y todo eso va creando una serie de problemas que hacen que el chico se retraiga, no quiera ir al colegio...
– ¿Qué supone para un niño hoy en día sufrir este trastorno?
– Supone un problema gordo si no se detecta rápidamente y si no se actúa sobre ella va a sufrir un montón, sobre todo por la autoestima y si empiezas en una espiral de 'yo soy tonto'...
«La dislexia no se cura pero si se actúa las mejoras son significativas. Hay gente capaz de revertirla en buena medida»
– ...el aula puede convertirse en un infierno para estos chicos...
– Sí, cuando toca leer en alto por ejemplo hay quien que se aprende de memoria un párrafo para poder disimular. Y en inglés es mucho más complicado disimular, porque no hay una correspondencia como en español, en donde cada fonema se corresponde con un grafema.
– ¿Qué han descubierto al observar el cerebro en acción?
– Aunque todavía faltan muchas cosas por conocer, hemos hecho grandes avances con la utilización de medidas neurales, como puede ser la activación cerebral de determinadas áreas cuando el chiquillo aprende a leer. Lo que podemos ver es que hay una activación diferente en los chicos con dislexia en comparación con los que no tienen ese problema. Hemos visto que hay mermas en el circuito, especialmente en dos zonas. Una es en el giro frontal inferior y el temporal superior, ambos en el hemisferio izquierdo. Esas activaciones cerebrales se ven en esas zonas fundamentalmente.
– A pesar de ser uno de los trastornos del aprendizaje más comunes en la escuela, afirma que se detecta tarde.
– Muy tarde, en torno a los nueve años, cuando ya el niño ha sufrido todos los problemas del mundo y lleva dos cursos de retraso, tiene la autoestima baja porque ve que no funciona igual que los demás.... Sí que se actúa y se diseñan terapias para estos niños pero ya es muy tarde, porque el daño ya está hecho. Lo que nosotros queremos hacer es diagnosticar la dislexia antes de que aparezca.
«Este trastorno no tiene que ver con la inteligencia. El niño no es tonto, lo que tiene son dificultades para relacionar letras y sonidos»
– ¿Es en lo que trabaja en estos momentos junto a su equipo?
– Sí, es el proyecto Cortical Rhythms. Tenemos entre manos algo fascinante. Por una parte, estamos intentando buscar biomarcadores tempranos, encontrar diferencias incluso a los 4 meses. A esta edad, los bebés son computadoras de ritmos de lenguaje. Hay oscilaciones cerebrales que nos permiten ver cómo los niños asimilan esa información. Estamos empeñados en entender y desentrañar esos biomarcadores. Para ello estamos siguiendo a esos niños, hasta los siete años, más o menos cuando empiezan a leer. Vamos a tomar medidas intermedias durante todo ese proceso para ver si en distintos momentos evolutivos aparece algún biomarcador (indicador). Hemos empezado en enero de este año y participan cerca de 40 bebés guipuzcoanos.
– ¿Se sabe por qué en ocasiones no se activan esos mecanismos?
– Estamos intentando entender cómo está diseñado el circuito, cómo funciona y qué pasa cuando falla, no sabemos por qué esos mecanismos no se activan bien. Hay teorías, por ejemplo, incluso desde la migración neuronal que ocurre durante las primeras semanas de vida. Las neuronas tienen que emigrar a ciertos sitios del cerebro y una de las posibilidades es que esas neuronas no lleguen al sitio que deberían haber llegado. Y eso crea después problemas de computación general.
– ¿La dislexia puede decirse que es una gran desconocida?
– Creo que es la gran desconocida y además invisible. Todavía hay comunidades autónomas que no tienen por ejemplo una asociación de dislexia que les permita negociar con los distintos departamentos de educación.
«Estamos siguiendo a cerca de 40 bebés guipuzcoanos para detectar biomarcadores para combatir la dislexia»
– ¿Se puede superar o es para siempre?
– La dislexia no se cura y a la persona le va a acompañar para siempre pero si se actúa sobre ella las mejoras son significativas. Lo hay que buscar son esos biomarcadores tempranos que le eviten al niño problemas de autoestima, fundamentalmente. Hay gente que llega a la universidad y es capaz de revertir la dislexia en buena medida con una serie de entrenamientos. Evidentemente tiene que haber una intervención logopédica o psicológica o ambas, si queremos que esos chiquillos sean recuperables, que lo son.
– ¿Qué le llevó a inclinarse por este campo?
– Siempre estuve interesado por el lenguaje. Vi que este nicho era interesante para trabajar porque ayudas a otra gente y además intentas incrementar el conocimiento, que esas son las dos grandes aventuras que me llevaron aquí. En 2007 nos concedieron un proyecto de 4 millones de euros, yo coordinaba a cerca de 70 investigadores de distintas universidades. Ahí intentamos sentar las bases neurobiológicas de la dislexia y fui concatenando proyectos. Creo que ha sido interesante realizar este viaje. Llevamos tiempo intentando encontrar ese biomarcador, hemos hecho actuaciones de distinta índole, y si conseguimos encontrarlo será fantástico tanto para los chicos que sufren el problema como para la población en general. Y si conocemos el circuito estaremos en mejor disposición de diseñar herramientas que permitan que esas áreas del cerebro o que esos conductores nos ayuden a entender mejor cómo funciona el cerebro.
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